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Menos pantallas, más infancia

Por Laura Aguilar - 04/11/2026

Las ideas expresadas en las columnas, así como en otros artículos de opinión, no necesariamente corresponden a la línea editorial de Códice Informativo, y solo son responsabilidad del autor.

La columna reflexiona sobre las nuevas restricciones al uso de celulares en las escuelas y plantea que el reto no consiste solo en reducir el tiempo frente a las pantallas, sino en recuperar espacios de convivencia, juego y aprendizaje para niñas y niños

 Menos pantallas, más infancia

¿Cuándo fue la última vez que vimos a un grupo de niños jugar sin que alguno estuviera pendiente de su celular?

Es una pregunta que parece sencilla, pero que dice mucho sobre la manera en que están creciendo las nuevas generaciones. Las pantallas se han convertido en parte de su vida cotidiana, de sus conversaciones, de sus amistades y, en muchos casos, también de sus silencios.

Ayer, 3 de noviembre, entraron en vigor en todo México las nuevas disposiciones de la Secretaría de Educación Pública para regular el uso de celulares en las escuelas. En educación básica, la medida restringe su utilización durante la jornada escolar, incluidos los recreos, con excepciones justificadas. En bachillerato, cada comunidad educativa establecerá sus propias reglas.

Lo interesante es que esta conversación comenzó mucho antes en Querétaro.

En febrero de 2025, el gobernador Mauricio Kuri impulsó una medida para limitar el uso de celulares en las escuelas públicas y privadas. Meses después, el Congreso local aprobó reformas para fortalecer la protección de niñas, niños y adolescentes frente a los riesgos del entorno digital.

Hoy, una preocupación que Querétaro colocó entre sus prioridades forma parte de una política nacional.

Pero más allá de quién impulsó primero la iniciativa, creo que vale la pena detenernos en lo verdaderamente importante: nuestros hijos necesitan recuperar espacios para convivir, imaginar, aburrirse, equivocarse y aprender a relacionarse con otras personas sin una pantalla de por medio.

La tecnología nos ha dado herramientas extraordinarias. Nos acerca a quienes están lejos, facilita el aprendizaje y abre posibilidades que otras generaciones no tuvimos. El problema comienza cuando dejamos que sustituya experiencias fundamentales para nuestro desarrollo.

Un recreo no debería ser únicamente una oportunidad para revisar mensajes. También es el momento de inventar un juego, resolver una diferencia con un amigo, aprender a perder, compartir una alegría o simplemente conversar.

Son experiencias pequeñas que ayudan a construir habilidades para toda la vida.

También debemos reconocer que los riesgos digitales existen. El ciberacoso, el contacto con desconocidos, la exposición a contenidos inapropiados y la presión de las redes sociales son preocupaciones reales para miles de familias.

Sin embargo, ninguna regulación será suficiente si no viene acompañada de educación, diálogo y ejemplo.

Porque sería contradictorio pedirles a nuestros hijos que dejen el celular mientras nosotros somos incapaces de apartarlo durante una conversación familiar.

Como mamá, creo que esta discusión también nos invita a mirarnos a nosotros mismos. ¿Cuánto tiempo dedicamos a escucharlos sin distracciones? ¿Cuántas veces compartimos una comida mirando una pantalla? ¿Qué ejemplo les estamos dando sobre el uso de la tecnología?

No se trata de regresar al pasado ni de educar a nuestros hijos lejos del mundo digital. Se trata de enseñarles a vivir en él sin perder aquello que nos hace humanos.

Las escuelas tienen una responsabilidad importante, pero las familias tenemos una todavía más cercana: acompañar, poner límites razonables, explicar los riesgos y construir alternativas para que nuestras hijas e hijos encuentren fuera de las pantallas experiencias que valgan la pena.

Celebro que Querétaro haya abierto camino en esta materia y que hoy exista un esfuerzo nacional para atenderla. También espero que su implementación escuche a docentes, estudiantes y familias, especialmente cuando existan necesidades de salud, inclusión o seguridad.

Al final, el éxito de esta medida no debería medirse solamente por cuántos celulares permanecen guardados durante las clases.

Deberíamos medirlo por algo mucho más importante: cuántas conversaciones recuperamos, cuántas amistades fortalecemos y cuántas oportunidades les devolvemos a nuestras niñas y niños para vivir plenamente su infancia.

Porque proteger la infancia no significa alejarla del futuro, sino darle las herramientas para llegar a él sin perderse el presente.

Laura Aguilar

Licenciada en Derecho por la Universidad Insurgentes, con certificación internacional en Mentoring y Coaching por la Universidad Iberoamericana Puebla. Cuenta con formación en oratoria con el Dr. César Lozano, certificación White Belt en Lean Six Sigma y experiencia en liderazgo y desarrollo de equipos de alto rendimiento. Actualmente se desempeña como coordinadora general de la Jefatura de Gabinete del Poder Ejecutivo del Estado de Querétaro, donde impulsa proyectos estratégicos. Además, cursa la Maestría en Neuroeducación en la Universidad Anáhuac.


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