Legislar sin conciencia


Por Arturo Maximiliano García el 12/10/2020
 Legislar sin conciencia

Bajo la lógica de una elección pura, donde no haya ninguna otra decisión electoral que  pueda contaminar la decisión del elector, entonces deberíamos separar todas las elecciones: un día votar por legisladores, otro por alcaldes, otro por gobernador, otro por presidente de la república y otro por consultas populares. Absurdo, ¿no?

Sigue siendo materia de debate la consulta aprobada por la Suprema Corte de Justicia, mediante la cual se preguntará a los electores, con otras palabras, si quieren ver enjuiciados a los ex presidentes. Ahora la discusión está en la fecha a realizarse la votación, así como el costo de la misma, que se especula sería de 8 mil 200 millones de pesos, en caso que no la puedan empatar con la votación de junio de 2021.

Sin duda México tiene muchas leyes que sirven como modelo internacional, pero particularmente las que tienen que ver con nuestros ejercicios democráticos suelen ser muy poco vanguardistas. Nuestras leyes electorales se encuentran llenas de restricciones que no permiten la transparencia, mientras que las de consultas ciudadanas parecen más un catálogo de cómo no dejar a los mexicanos opinar en temas que nos interesan.

La decisión de la Corte de aprobar la consulta pública del enjuiciamiento a los ex presidentes, con una pregunta algo rebuscada, es un gran paso, al margen del texto aprobado, porque nos obliga a debatir la Ley Federal de Consulta Ciudadana y todas las similares que existen en los estados, y a preguntarnos si en realidad son instrumentos de participación, y por qué está establecido en rango constitucional el hacerla en agosto.

En los países donde se acude con frecuencia a las consultas ciudadanas, la normalidad es que estas se lleven a cabo el mismo día de las elecciones generales, lo que permite no gastar doble, y por otro lado garantizar una fluida participación. Pero en México no, ¿por qué no? Solo lo saben los legisladores que la aprobaron.

Las legislaturas locales de prácticamente todos los estados llevan años empatando sus elecciones locales con las federales, para evitar doble gasto y que dejaran de vivir en permanentes campañas políticas. Que se han generado votos en cascada, sí; por ejemplo, nadie duda que en 2018 hubo una ola por el partido de un candidato, a veces sin observar si los candidatos eran buenos o no, pero también es cierto que, a pesar de la concurrencia de elecciones federales con estatales o estatales con municipales y legislativas, se han dado resultados de voto diferenciado, así como las alternancias en unas y continuidad en otras.

Bajo la lógica de una elección pura, donde no haya ninguna otra decisión electoral que  pueda contaminar la decisión del elector, entonces deberíamos separar todas las elecciones: un día votar por legisladores, otro por alcaldes, otro por gobernador, otro por presidente de la república y otro por consultas populares. Absurdo, ¿no?

Debe valorarse, como se ha propuesto, una reforma para que se realice la consulta en junio de 2021 y empatarla así con las elecciones generales, porque necesitamos el ejercicio de participación política ciudadana, más allá de las votaciones a cargos. El costo de hacerla no lo provocó el actual presidente, ya que aún habiendo sido iniciativa ciudadana, lo que provoca el despilfarro es el mal tino que tuvieron los legisladores de tratar de independizarla del día de elección.

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