La segunda mitad

Una sociedad que aprende a aprovechar la experiencia también se prepara mejor para su futuro, porque nunca debería ser demasiado tarde para comenzar de nuevo
Durante mucho tiempo imaginamos la vida como una sucesión de etapas: estudiar, trabajar, formar una familia y retirarnos. Como si después de cierta edad las oportunidades comenzaran a desaparecer.
Pero estamos viviendo más años y esa realidad está transformando las economías del mundo. La pregunta es si México está preparado para aprovecharla.
En Japón, uno de los países más envejecidos, se han desarrollado mecanismos para que las personas mayores continúen realizando actividades laborales y comunitarias. Su experiencia demuestra que la edad no necesariamente representa el final de la vida productiva.
Singapur ha tomado otro camino. A través de SkillsFuture ofrece apoyos para que las personas mayores de 40 años actualicen sus conocimientos, aprendan nuevas habilidades y puedan cambiar de profesión. La idea es sencilla: la educación no termina cuando recibimos un título universitario.
Alemania también enfrenta esta transformación. Según la OCDE, en 2024 el 66.7 % de las personas de entre 60 y 64 años tenía empleo. Sin embargo, su experiencia también muestra que prolongar la vida laboral exige condiciones dignas y oportunidades reales.
Estos países están respondiendo a una transformación demográfica que nosotros apenas comenzamos a discutir.
El concepto de economía plateada reconoce las oportunidades económicas asociadas con una población que vive más tiempo. No se limita al consumo de productos y servicios para adultos mayores. También considera su capacidad para emprender, trabajar, aprender y participar en la sociedad.
En México seguimos relacionando buena parte de las oportunidades con la juventud. Hablamos de primeros empleos, nuevos talentos y jóvenes emprendedores, pero pocas veces pensamos en alguien que desea comenzar un negocio a los 65 años.
Pienso en una mujer que dedicó décadas al cuidado de su familia y ahora quiere desarrollar un proyecto propio. O en alguien que, después de jubilarse, descubre que todavía tiene conocimientos y experiencia que compartir.
¿Por qué tendríamos que considerar extraordinarias esas decisiones?
Por supuesto, hay una diferencia entre continuar trabajando por elección y hacerlo porque una pensión no alcanza. No podemos romantizar la necesidad económica ni convertir el envejecimiento en una obligación de seguir produciendo.
Pero tampoco podemos desperdiciar el talento de generaciones enteras.
En Querétaro podríamos comenzar con programas de capacitación tecnológica, formación para emprender después de los 60 años y espacios donde distintas generaciones compartan conocimientos.
También las empresas y universidades deberían preguntarse si sus oportunidades están diseñadas para todas las edades.
El desafío no consiste únicamente en vivir más tiempo. Consiste en construir una sociedad donde esos años puedan vivirse con libertad, autonomía y posibilidades de elegir.
Me gusta pensar que siempre podemos aprender algo nuevo, descubrir una vocación o cambiar de rumbo. Que cumplir años no significa renunciar a nuestros proyectos.
Tal vez necesitamos dejar de dividir la vida entre los años en que somos útiles y aquellos en que supuestamente dejamos de serlo.
Porque una sociedad que aprende a aprovechar la experiencia también se prepara mejor para su futuro.
Y porque nunca debería ser demasiado tarde para comenzar de nuevo.
Laura Aguilar
Licenciada en Derecho por la Universidad Insurgentes, con certificación internacional en Mentoring y Coaching por la Universidad Iberoamericana Puebla. Cuenta con formación en oratoria con el Dr. César Lozano, certificación White Belt en Lean Six Sigma y experiencia en liderazgo y desarrollo de equipos de alto rendimiento. Actualmente se desempeña como coordinadora general de la Jefatura de Gabinete del Poder Ejecutivo del Estado de Querétaro, donde impulsa proyectos estratégicos. Además, cursa la Maestría en Neuroeducación en la Universidad Anáhuac.


