¿A quién se le fue el avión?


Por Arturo Maximiliano García el 27/01/2020
 ¿A quién se le fue el avión?

Foto: Especial

El avión hoy se vende, se remata o se rifa, pero Andrés Manuel López Obrador jamás lo usará, ya que ha hecho de esta decisión uno de los símbolos de su austeridad

Como un vehículo de transporte particular era la manera como se utilizó el Boeing Dreamliner 787 de la Presidencia de la República durante el sexenio pasado, ese avión que no lo tuvo ni Obama, pero que, comprado al final del sexenio de Calderón -para que lo usara Peña Nieto-, es hoy símbolo del abuso y la corrupción gubernamental en su máxima expresión.

El avión hoy se vende, se remata o se rifa, pero Andrés Manuel López Obrador jamás lo usará, ya que ha hecho de esta decisión uno de los símbolos de su austeridad, misma que quiere transmitir a todos los funcionarios de la 4T y quizá mucho más allá de estos, ya que sin que importe el partido, pone la vara con la que deberían los demás gobernantes utilizar los activos públicos.

Sin duda, el tema de la rifa del avión presidencial, como una alternativa, ha causado discusiones, memes, defensores y críticos, el hecho es que el origen de la compra de la aeronave aún genera controversia y molestia por varios aspectos que datan de la decisión de adquirirla.

En realidad el avión aún no es, digamos, propiedad plena del gobierno federal, toda vez que fue adquirido a crédito, por lo que esto que hoy parece una herencia maldita termina por sí serlo, ya que lo que se entregó a esta administración y la pasada fue un pasivo y no un activo. Al mes de enero de 2020 aún se deben 2 mil 700 millones de pesos que pagamos todos los mexicanos, se use o no.

¿Necesitaba la presidencia un avión de estas características? ¿Era necesario endeudarse para adquirirlo? Tomando en cuenta la antigüedad de los aviones disponibles para el Presidente de la República podría ser que fuera ya necesario renovar la aeronave por efectos de seguridad de los pasajeros, particularmente de uno, el primer mandatario. La manera de adquirir este tipo de activos sin duda, para empresas y gobiernos, es vía financiamiento o arrendamiento, difícilmente de contado.

Pero si hacemos a un lado el cómo se compró y si esto era necesario, y nos concentramos en cómo se usaba, entonces pasamos de las consideraciones financieras y operativas, a la indignación. El uso y el dispendio que implicaban los vuelos que el Boeing Dreamliner presidencial hacía, a veces con el presidente como pasajero y otras tantas sin él, fueron acorde a la frivolidad que distinguió al sexenio de Peña Nieto y que aún se ven presentes en su vida como exmandatario que está cargada de banalidad y un toque de descaro.

Claro que también se cuestiona la decisión de Calderón de comprar este particular tipo de avión, si esto fue una decisión personal o fue parte de los requerimientos de Peña Nieto como próximo presidente. Esta práctica es común en las entidades federativas e incluso en los municipios, donde lo que no quieren hacer los nuevos gobernantes al entrar a su gobierno, se lo piden o exigen a los salientes, como son compras o arrendamientos de aeronaves, camionetas y equipo, nombramientos de puestos, otorgamientos de patentes notariales, adecuaciones de oficinas o casas de gobierno, entre otras tantas concesiones que otorgan los que se van a los que llegan para comprar un poco de perdón.

Anécdotas como el del hoy famoso avión presidencial, donde igual subían los amigos, maquillistas, socios y otros, se ha visto no nada más en la pasada administración sino en un sin número de aviones, helicópteros y vehículos que se usan como si fueran propiedad personal de los funcionarios públicos y sus familias.

Por todo este historial de abusos es que, ya sea rifado, vendido o rematado, el presidente se deshará del Dreamliner 787 y jamás lo usará. Se trata de un símbolo, no para que ningún mandatario pueda tener medios de transporte eficientes para cada una de sus actividades, sino que el uso de los bienes públicos no pueda ser el que le damos a algo de propiedad particular.