La guerra de las camas


Por Staff Códice Informativo el 24/04/2020
 La guerra de las camas

Foto: Archivo

La Ciudad de México podría verse pronto rebasada en su capacidad hospitalaria para atender casos de COVID-19. Adelantándose a esta situación, el gobernador de Querétaro, Francisco Domínguez Servién, aseguró ya que las camas disponibles en el estado serán solo para la población local

Durante las últimas dos semanas, hemos visto como se han disparado los casos de COVID-19 en nuestro país. Hasta ahora y por mucho, el lugar más afectado parece ser la Ciudad de México, donde algunos centros de salud comienzan a reportar dificultades para  garantizar la cobertura a todas las víctimas de la enfermedad. Este es el caso del Hospital Español, donde de acuerdo con el personal, ya no quedan camas disponibles para atender más pacientes.

Según la aplicación que liberó el Gobierno de la Ciudad de México para mantener a la población informada respecto al coronavirus, por lo menos otras dos clínicas se encuentran en la misma situación, mientras que  cuatro comienzan a presentar problemas de disponibilidad sin que necesariamente se hayan ocupado todas las camillas. En otra lista, también de las autoridades capitalinas, se menciona que de 54 hospitales planteados para atender casos de COVID-19 en la Zona Metropolitana del Valle de México, seis enfrentan ya problemas de saturación, entre los que destacan el Hospital General La Raza, donde ya hubo contagios entre el personal de salud, así como el Hospital Juárez, emblema del sistema de salud pública en México y el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirain.

Esto es particularmente grave considerando que de los más de 11 mil contagios que hay en el país, casi una cuarta parte corresponden a la Ciudad de México. A éstos, habría que sumarles las tampoco nada despreciables cifras de enfermos que se registran en el vecino Estado de México, sesenta de cuyos municipios están conurbados con la capital del país. Esto significa que tanto la capital como sus zonas aledañas aglutinan por lo menos un tercio de los contagios que se reportan a nivel nacional.

En lo referente al número de muertos, la situación no es mucho más halagadora, entre ambas entidades federativas, el coronavirus ha provocado más de trescientas muertes, lo que las convierte en el verdadero epicentro de la pandemia.

Es cierto, como han comentado ya algunos analistas, que a cincuenta días de que se registraran los primeros casos, la situación en la Ciudad de México dista mucho de parecerse a la de otras metrópolis de su tamaño, como es el caso de Nueva York, donde en el mismo lapso de tiempo el número de contagiados sobrepasó la barrera de los cien mil, obligando a las autoridades a habilitar hospitales improvisados incluso en parques y otros espacios públicos. Sin embargo, el hecho de que la capital mexicana aún no presente escenas apocalípticas como las que se reportan desde la “Gran manzana”, no quiere decir que haya que bajar la guardia o que no exista el riesgo de una saturación en el sistema hospitalario.

En este sentido, se han comenzado a escuchar especulaciones sobre la posibilidad de que, ante una saturación del sistema, las autoridades capitalinas y mexiquenses echen mano de la infraestructura hospitalaria de otros estados para atender a su población.

Querétaro es un estado cercano a la Ciudad de México y, además, tiene una gran cantidad de camas disponibles considerando que las cifras oficiales de contagios apenas sobrepasan el centenar y que la entidad está a la cabeza en cuanto a reconversión hospitalaria. Las camas del Hospital General, así como las habilitadas en centros de salud de municipios como San Juan del Río son un suculento botín al que las autoridades de la capital parecen haber echado ojo desde hace tiempo. La postura de Francisco Domínguez Servién, gobernador de Querétaro, ha sido clara desde el principio: Las camas de Querétaro son para los queretanos.

El gobernador no se ha cansado de repetir que la infraestructura hospitalaria local se sostiene con impuestos de la población y que es a esta población a la que el gobierno debe la infraestructura de Salud. Tampoco ha escatimado en explicar que su negativa obedece además a la posibilidad de que, al recibir pacientes de otros estados, se incremente el número de contagios aquí con el agravante de no tener camas disponibles para atender a la población.

La postura del gobernador en este sentido tan contundente, que incluso llegó a señalar que si le presionaban para que aceptara pacientes de otros estados, optaría por asegurar un cierre de fronteras haciendo imposible la utilización de los hospitales queretanos por parte de pacientes de otros lugares.

Algunas personas podrían objetar al gobernador que dicha postura dista mucho de ser humanitaria. No obstante, aquí convendría recordar que la pandemia a la que nos enfrentamos trastoca la normalidad a tal punto que muchos gobiernos han optado por abordar la crisis de salud como si se tratara de una guerra y no es para menos, pues en Italia, ha cobrado más de 25 mil vidas, mientras que España no se queda atrás y Estados Unidos tampoco. Se trata además de un virus que muta con facilidad y que puede reactivarse una vez que el paciente sanó, así que cualquier gobernante que aspire a ganarle terreno a la enfermedad debe actuar de manera fría y decidida.

Desde un punto de vista político, el coronaviurs ha acrecentado tensiones que ya existían entre algunos sectores de la oposición y el Gobierno Federal, cuyo partido es el mismo que gobierna en la Ciudad de México. El ejemplo más claro lo podemos encontrar en las constantes polémicas que se desatan entre Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco y las autoridades federales de salud, o incluso en la tensión que se generó entre Alfaro y el gobierno del vecino estado de Nayarit luego de que el primero señalara que había considerado cerrar las fronteras con dicha entidad para evitar el acceso de turistas a Puerto Vallarta.

De momento, el subsecretario federal de Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell ha reconocido que eventualmente la Ciudad de México se verá rebasada y que ningún paciente puede quedarse sin cama. Eso sí, enfatizando que, de momento, se procurará garantizar espacio dentro de la propia capital  mediante una redistribución de pacientes ¿Puede la negativa de Domínguez desatar eventualmente otra guerra de baja intensidad como la que desató Alfaro? y, lo que es más importante ¿Garantizará el gobernador con su postura consolidarse como un líder moral ante el avance del coronavirus? Eso está por verse.

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