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Entre barbacoa, fe y recuerdos, Eduardo mantiene viva la memoria de su madre en Día de Muertos

Por Mánelick Cruz Blanco - 01/11/2026

Desde hace 15 años, Eduardo López Correa y su familia regalan comida a los visitantes de los panteones de Querétaro. Este año, la tradición tiene un significado especial: recordar a Rebeca Correa Soto, su madre, a cinco años de su fallecimiento

 Entre barbacoa, fe y recuerdos, Eduardo mantiene viva la memoria de su madre en Día de Muertos

Desde temprana hora, la fila comienza a formarse entre quienes llegan al panteón para visitar a sus seres queridos. Algunos agradecen una comida caliente para hacer frente al fresco de la mañana; otros, cuando el sol aprieta, encuentran un vaso de agua de guayaba para refrescarse. Detrás de cada plato hay una familia que, desde hace 15 años, convirtió el acto de compartir alimentos en una tradición.

Al frente de esta actividad está Eduardo López Correa, queretano de 60 años, originario del barrio de Tepetate, quien junto con su familia prepara y entrega comida gratuita a quienes visitan el cementerio durante las celebraciones de Día de Muertos. No pide dinero a cambio, solamente una oración por sus seres queridos y por quienes hacen posible esta labor.

Este año, entre los alimentos y las personas que se acercan a recibir un plato, hay un recuerdo que ocupa un lugar especial: el de su madre, Rebeca Correa Soto, cuyo altar permanece junto a una figura de San Judas Tadeo. En el panteón también descansan sus restos y este 2026 se cumplen cinco años de su fallecimiento.

Eduardo explica que la tradición tiene dos motivos: su devoción a San Judas Tadeo y el agradecimiento que siente hacia las personas que, con una oración, acompañan a su familia. Pero también representa una manera de mantener presente a su madre, quien disfrutaba ayudar y compartir comida con los demás.

“Mi mamá era de las personas que le gustaba también dar comida a la gente”, recuerda.

Por eso, aunque físicamente ya no está, Eduardo encuentra en cada alimento que entrega una forma de continuar con aquello que ella disfrutaba hacer. La actividad se convierte así en un homenaje que trasciende la visita a una tumba: es una manera de mantener viva su memoria a través de la solidaridad.

“Dicen que no se muere el que se va, sino el que es olvidado”, expresa.

Para él, recordar a quienes ya no están significa mantenerlos presentes en los pensamientos y en las acciones cotidianas.

“Si tú año con año o en el transcurso hay épocas o momentos en que recuerdas aquella persona que se fue, siempre va a estar viviendo porque vive en tu corazón, en tu mente”, comparte.

La familia lleva 15 años realizando esta entrega de alimentos, aunque no siempre en el mismo lugar. Eduardo cuenta que cuando vivían en otros puntos de la ciudad también organizaban esta actividad cerca de sus hogares. Desde hace cinco años acuden al panteón donde está sepultada su madre.

La comida se prepara en familia y la intención es compartir hasta donde los alimentos alcancen. En esta ocasión ofrecen tacos de barbacoa de cabeza y de carne de res, consomé, agua de guayaba, mole y pan, todo como parte de una jornada en la que también participan otros integrantes de la familia que llegan con más comida.

“Todavía faltan más familias que van a llegar y van a traer todavía más comida; hasta donde Dios nos permita, vamos a darles un taco a la gente”, señala.

Así, entre el olor de la barbacoa, las oraciones a San Judas Tadeo y el recuerdo de Rebeca Correa Soto, Eduardo y su familia mantienen una tradición que encontró en la generosidad una forma de recordar. Porque para ellos, Día de Muertos también significa compartir con quienes siguen aquí, sin olvidar a quienes permanecen en el corazón.


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