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Fidencio López Plaza encabeza lavatorio de pies a reos en San José El Alto

Por Mánelick Cruz Blanco - 02/04/2026

Durante la celebración de Jueves Santo en el Penal de San José El Alto, el obispo de Querétaro realizó el tradicional lavatorio de pies a personas privadas de la libertad, en un acto que subrayó el mensaje cristiano de humildad, fraternidad y reconocimiento de la dignidad humana en contextos de reclusión.

 Fidencio López Plaza encabeza lavatorio de pies a reos en San José El Alto

En el interior del Penal de San José El Alto, la conmemoración del Jueves Santo se llevó a cabo con uno de los ritos más representativos de la tradición católica: el lavatorio de pies. La ceremonia fue encabezada por el obispo de Querétaro, Fidencio López Plaza, quien replicó el gesto atribuido a Jesucristo hacia sus discípulos en la antesala de la Última Cena.

En un espacio marcado por la vigilancia y la rutina penitenciaria, el acto litúrgico introdujo un momento distinto. Frente a personas privadas de la libertad, el obispo se inclinó para lavar sus pies, en un gesto que, dentro de la doctrina católica, simboliza el servicio, la humildad y la igualdad entre los creyentes.

Durante su intervención, López Plaza dirigió un mensaje enfocado en la fraternidad como principio central de la vida cristiana. “Lo primero que Dios quiere es que sus hijos se vean como hermanos”, expresó ante los asistentes, al tiempo que subrayó que la dignidad de las personas no se pierde por su condición jurídica ni por el contexto en el que se encuentran.

La ceremonia reunió a internos, personal del penal y representantes religiosos, quienes participaron en una celebración que trasladó uno de los momentos más significativos de la Semana Santa a un entorno poco habitual para este tipo de actos.

Significado del rito y enseñanza de Jesucristo

El lavatorio de pies forma parte de los ritos del Jueves Santo y tiene su origen en el relato evangélico en el que Jesucristo lava los pies de sus discípulos como un acto de servicio, previo a la Última Cena. Este gesto, considerado central dentro del cristianismo, establece un modelo de conducta basado en la humildad y la entrega hacia los demás.

Durante la homilía, el obispo retomó este pasaje para enfatizar su vigencia. “Si yo, que soy el maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben hacerlo unos a otros”, señaló, en referencia directa a las palabras atribuidas a Jesucristo.

En la tradición católica, este acto no se limita a una representación simbólica, sino que se entiende como un mandato que interpela a los creyentes a reproducir ese servicio en su vida cotidiana. En ese sentido, el lavatorio de pies representa una inversión de roles: quien guía o tiene autoridad se coloca en una posición de servicio frente a los demás.

La celebración también incluyó la Eucaristía, en la que se conmemora la Última Cena. Durante este momento, se retomaron las expresiones centrales del rito: “Este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre”, frases que, de acuerdo con la fe católica, representan la entrega de Jesucristo y el fundamento de la comunión entre los fieles.

Asimismo, se destacó que la paz, desde la enseñanza cristiana, está vinculada al sacrificio y a la reconciliación. En ese marco, el obispo recordó que el mensaje de Jesucristo a sus discípulos, tras su resurrección, fue precisamente la paz, entendida no como ausencia de conflicto, sino como resultado de la entrega y el perdón.

Mensaje de dignidad y llamado a la conversión

En el contexto del centro penitenciario, el mensaje adquirió un significado particular al dirigirse a personas privadas de la libertad. Durante su homilía, López Plaza enfatizó que la presencia de Dios no se limita a ciertos espacios, sino que también se manifiesta en lugares de exclusión.

“Lo que hicieron con uno de estos hermanos, conmigo lo hicieron”, expresó, al retomar otro pasaje evangélico que pone en el centro el reconocimiento del otro, especialmente de quienes se encuentran en condiciones vulnerables.

En este sentido, el obispo afirmó que la fe cristiana se sostiene en la misericordia como principio fundamental. “El nombre de Dios es misericordia”, señaló, al invitar a los presentes a reflexionar sobre sus acciones y su relación con los demás, más allá de su situación actual.

Como parte de la celebración, también se realizó un llamado a la conversión personal y a la renovación de las promesas bautismales, una práctica habitual en el contexto de la Semana Santa. López Plaza exhortó a “renunciar al mal” y a todo aquello que rompe los vínculos comunitarios, planteando la conversión no solo como un acto individual, sino como una responsabilidad compartida.

El mensaje no se dirigió exclusivamente a los internos, sino a todos los presentes, al señalar que la transformación personal es un proceso constante dentro de la vida cristiana.

La jornada concluyó con una bendición dirigida tanto a las personas privadas de la libertad como al personal del penal. Con ello, la ceremonia cerró trasladando uno de los ritos más significativos del calendario litúrgico a un espacio donde, por unas horas, el mensaje central fue el reconocimiento de la dignidad humana, el servicio al otro y la posibilidad de cambio.


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