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En el 8M, bordadoras de la Sierra Gorda tejen autonomía en La Colgada con impulso del Grupo Ecológico Sierra Gorda

Por Mánelick Cruz Blanco - 08/03/2026

En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, artesanas de la comunidad de La Colgada, en Pinal de Amoles, compartieron la historia del taller de bordado Sierra Gorda, un proyecto colectivo que con capacitación del Grupo Ecológico Sierra Gorda ha fortalecido su producción artesanal y que hoy también recibe visitantes con un pequeño comedor comunitario

 En el 8M, bordadoras de la Sierra Gorda tejen autonomía en La Colgada con impulso del Grupo Ecológico Sierra Gorda

En la comunidad de La Colgada, en el municipio de Pinal de Amoles, las historias de las mujeres también se cuentan con hilo y aguja. Este 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, artesanas de la Sierra Gorda queretana compartieron cómo el bordado se ha convertido para ellas en una forma de trabajo, organización y sustento comunitario.

Dentro del taller de bordado Sierra Gorda, un grupo de mujeres mantiene viva una tradición que hoy también representa una alternativa económica para sus familias.

“Bienvenidos al taller de bordado Sierra Gorda. Es un grupo que está organizado como una cooperativa, son 15 mujeres que están bordando”, explicaron durante el recorrido por el espacio donde trabajan.

El proyecto ha contado con el acompañamiento del Grupo Ecológico Sierra Gorda, organización que las ha apoyado en procesos de capacitación, organización y comercialización para colocar sus productos fuera de la comunidad.

“Nos han apoyado en las ventas y nos han buscado mercado para poder sacar los productos, porque aquí en la comunidad no vendemos nada”, compartieron.

Una historia que comenzó en la calle

Para muchas de las artesanas, el proyecto representa años de esfuerzo. Reina García Ramírez, integrante del taller desde hace cerca de dos décadas, recuerda cómo fueron los inicios.

“Ya tengo como 20 años trabajando aquí. Empezamos bordando de a poquito… antes no teníamos nada, estábamos en la calle”, relató.

Con el paso del tiempo lograron organizarse, rentar un pequeño espacio y posteriormente consolidar el taller comunitario donde hoy elaboran sus piezas.

Aunque en otros momentos llegaron a ser más de 30 bordadoras, actualmente el colectivo continúa trabajando con alrededor de 15 mujeres.

“Ya somos poquitas, pero como quiera todavía le estamos echando ganas cuando tenemos un pedidito para sacarlo y entregarlo”, dijo.

El tiempo que toma una pieza

Cada bordado requiere paciencia. Algunos cojines pueden tardar semanas en terminarse debido al trabajo completamente manual.

“Echándole ganas es un mes”, explicaron.

La jornada tampoco puede extenderse demasiado tiempo.

“Uno aguanta unas tres horas bordando, porque no se puede todo el día; se cansa uno de estar sentado y de mover la mano cada rato”.

Entre los productos que elaboran destacan cojines bordados, blusas tradicionales, bolsas y piezas decorativas, muchas de las cuales se comercializan en ferias artesanales o puntos de venta en el estado.

Incluso han recibido pedidos fuera del país.

“Hubo un pedido muy grande de blusas y vestidos que se llevaron a España… en aquel tiempo éramos como 30 bordadoras y entre todas lo sacamos”, recordaron.

Un espacio que también recibe visitantes

Además del taller, el proyecto comunitario ha incorporado un espacio para recibir a quienes visitan la región.

En el mismo inmueble habilitaron un pequeño comedor, donde grupos pueden conocer el proceso del bordado y disfrutar alimentos preparados en la comunidad.

“Este comedor es para recepción de grupos con reservación y esperamos que quienes llegan tengan una experiencia completa: conocer el taller, los bordados y también los alimentos”, explicaron.

Bordar juntas

Dentro del taller el trabajo se divide entre distintas tareas: algunas mujeres cortan las telas, otras dibujan los patrones, otras planchan o empacan, mientras todas participan en el bordado.

El ingreso depende de las piezas que cada una decide elaborar.

“Aquí la que le echa más ganas gana más… cada pieza nos la pagan”, señalaron.

Más allá de la producción artesanal, el taller se ha convertido en un espacio de acompañamiento entre mujeres de la comunidad.

“Juntas nos agarramos con más fuercilla… juntas nos animamos más”, compartieron.

Este 8 de marzo, su trabajo también refleja los esfuerzos cotidianos de muchas mujeres por construir autonomía económica y preservar saberes tradicionales en sus comunidades.

Las artesanas que hoy mantienen vivo el taller en La Colgada, Pinal de Amoles, son:
• Reina García Ramírez
• Roberta Ramírez Alvarado
• Martina Ponce Ángeles
• Celsa Tadera Palacios
• Jerónima González
• Antonia Ponce Ángeles

Entre flores bordadas y telas llenas de color, su trabajo continúa tejiendo historia en la Sierra Gorda queretana, justo en una fecha que recuerda la lucha y el esfuerzo de las mujeres en distintos ámbitos.


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