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El Universo al alcance de Querétaro

Por David Eduardo Martínez - 08/09/2017

Christophe Galfard, destacado físico contemporáneo y divulgador de la ciencia, narró la historia del cosmos ante 300 personas en el Teatro de la Ciudad

 El Universo al alcance de Querétaro

Foto: NASA

A simple vista no parece físico teórico: Alto, delgado, rubio. Es más fácil imaginarlo de uniforme militar, o de portero en la selección de futbol de Francia, que en un laboratorio realizando complejas investigaciones sobre la materia oscura o el movimiento de las galaxias. Christophe Galfard es de trato afable y sonrisa fácil. Su sentido del humor lo ha convertido en un ícono de la divulgación científica contemporánea.

Brillante desde pequeño, Galfard tuvo la oportunidad de estudiar fuera de su Francia natal junto a físicos de la talla de Stephen Hawking. Nacido en París en 1976, desde muy joven tuvo claro que se dedicaría a responder algunas de las preguntas más intrigantes que mantienen en vilo a la humanidad. Más adelante, determinó no solo escrutar dentro de los misterios cósmicos, sino ponerlos al alcance de toda la población.

Dueño de un espíritu infantil, el divulgador salta al escenario (omite usar las escaleras) y comienza a disertar como si todo esto fuera un juego. Se le ve nervioso. Casi 300 personas llegaron hasta el Teatro de la Ciudad de Querétaro solo para escucharlo. Comienza su intervención con una pregunta sencilla “¿Para qué sirve la ciencia?” El silencio de los asistentes da pie a la siguiente dinámica.

¿Qué pasaría” pregunta en francés “(ce qui se passerait) si yo abriera esta botella y arrojara toda el agua sobre los de la primera fila?” Mientras el traductor automático aclara para los asistentes lo que el científico acaba de decir, muecas de pasmo y horror se apoderan de quienes están hasta adelante. Galfard ríe. “Es evidente“, prosigue “que se mojarían, por acción de la gravedad. Eso es la ciencia, el espíritu científico. Esa intuición que les dice que en el universo hay leyes y la curiosidad que los hace indagar ¿Por qué?“.

Ya pasó la introducción, es momento de entrar en la materia que le interesa tratar a Galfard ¿Cuál es nuestro lugar en el universo? Lo primero que hace el teórico para responder a esta pregunta, es abrir una diapositiva donde se muestra un cielo estrellado en el que sobresale un sendero blanco: La vía Láctea.

Galfard explica cual es la situación de la Vía Láctea. Habla sobre los miles de millones de estrellas que la integran y señala, en una representación artística de nuestra galaxia, cuál es el humilde lugar que ocupamos dentro de ese espacio inconmensurable.

Imaginen” reta a los asistentes “que el ser humano ha colonizado toda la galaxia, y ustedes desean hablar con alguien que vive en la Luna ¿Saben cuanto tardarían ustedes en recibir su respuesta?” el silencio de los asistentes habla por sí mismo, a él eso no le hace mella “un segundo, que es lo que tarda la luz en llegar de la Tierra a la Luna“.

Después hace un ejercicio, pide a una chica que finja estar en una llamada interplanetaria con él “tú estás en la Luna” le dice “y yo estoy en la Tierra. Te marco, un segundo después, tú me contestas… ¿Hola?“.

El ejercicio sale bien. El nivel de dificultad se va incrementando conforme el investigador sugiere simular llamadas a Júpiter, el Sol, Próxima Centauri, la estrella más cercana a nuestro sistema solar, y el centro de la galaxia. En algún punto de la extrapolación, el ejercicio deja de tener sentido. Hacer una llamada de un lugar a otro dentro de nuestra galaxia, termina por tomar miles de años solo para recibir el primer “hola“. Somos diminutos.

La impotencia que la conversación de Galfard nos hace sentir no termina aquí. “Nuestra galaxia” recuerda el atlético físico “es apenas de la mitad del tamaño de su hermana más próxima, la Andrómeda. Un día, en muchos millones de años, ambas colisionarán y formarán una nueva galaxia más grande“.

Después del apocalíptico dato, el investigador hace un “zoom” y muestra lo pequeña que es la Andrómeda en relación a otros cuerpos astronómicos. Hace un zoom más, y habla sobre el complejo engranaje que las galaxias tejen con la gravedad alejándose cada vez más las unas a las otras.

Hacia 1920, se comprobó que las galaxias estaban constantemente separándose entre sí. Algunos interpretaron esto como una señal de que éramos el centro del universo. Pero los científicos nunca deben estar tan seguros. Al final se determinó que el centro está en cualquier lugar, los cuerpos se alejan unos de otros. El universo se expande y en medio se forma el vacío“.

A continuación, Galfard explica el origen del Universo. Lo infinitamente denso, infinitamente opaco e infinitamente caliente que era ese punto inicial, la singularidad cósmica, en el que tuvo su origen todo lo que conocemos.

Todavía 300 mil años después del Big Bang, el Universo seguía siendo muy caliente y muy opaco. La luz no podía atravesarlo“.

Finalmente, responde algunas preguntas. En lo relativo al cosmos, no hay tema que se le escape. Habla de estrellas enanas, de las nebulosas (guarderías de estrellas bebés, como él les dice), de materia oscura y los anillos de Saturno. Luego hace una reverencia, como un prestidigitador que ha cumplido con su público. Da un salto fuera del escenario (sigue sin utilizar la escalera) y sonriendo, sale para firmar algunos libros mientras dilucida alguna temática cósmica que aún lo cautiva.

No deja de sonreír. Nunca deja de bromear. Aunque seamos tan poca cosa, al final, aunque tengamos nuestro origen en un entorno tan caliente, opaco y denso. Aunque todo se separe y genere vacío, hay belleza en eso, piensa el físico teórico. Cuando naces en París, solo quedan las estrellas.

 

 

 

 


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