Apostaron y perdieron… otra vez


Por Arturo Maximiliano García el 27/07/2020
 Apostaron y perdieron… otra vez

Los hechos indicaban que la relación entre el Presidente de la República y el Consejo Coordinador Empresarial estaba completamente rota. La reciente visita a Washington […]

Los hechos indicaban que la relación entre el Presidente de la República y el Consejo Coordinador Empresarial estaba completamente rota. La reciente visita a Washington y la exclusión de la representación de la cúpula empresarial mexicana, quienes habían sido participantes activos en la negociación del T-MEC , hacía aún más evidente el distanciamiento. Pero, a pesar de que se acusa al actual régimen político de no escuchar y mucho menos recular, éste llevaba a cabo discretas negociaciones con el CCE y sus integrantes para cerrar uno los acuerdos más importantes en materia económica laboral en más de dos décadas, la reforma al sistema de pensiones, pero no en el sentido que los malquerientes del gobierno especularon y criticaron.

Quizá nadie, salvo los participantes, esperaba el anuncio que dio AMLO el jueves pasado en “la mañanera”, quien presentó la reforma en materia de pensiones que beneficiará enormemente a los trabajadores mexicanos. Bajo el sistema actual una cosa estaba clara, el dinero acumulado y sus rendimientos no alcanza para que un retirado pueda vivir. Además de lo trascendental de la reforma, tuvo gran relevancia la presencia y consenso logrado con el sector empresarial, donde incluso el propio mandatario federal le dio el mérito a su máximo representante, Carlos Salazar Lomelín, terminando con esto meses de una fría relación entre la federación y la cúpula empresarial. La paciencia y la disposición de seguir aportando fueron sin duda elementos que tienen que reconocérsele al líder más importante del sector productivo de este país, mientras que el Presidente dio una lección a sus críticos, no hay relación que no pueda recomponerse cuando hay un bien superior de por medio, como en este caso quedó probado.

Esto representa sin duda un acercamiento con el sector privado y la confirmación de que este gobierno federal puede construir con ellos políticas públicas. Para apuntalar este acuerdo, el gobierno federal, a través de Arturo Herrera, titular de SHCP, trabajará con las administradoras para que las comisiones bajen a niveles internacionales, mismas que han venido bajando en los últimos meses pero que aún están muy por encima de la que se manejan en otros países.

Una vez más hubo apuestas mal hechas, donde se mencionaba que el gobierno federal estaba valorando manejar los fondos de pensiones, estatizarlos, como algunos gobiernos de izquierda latinoamericanos, de aquellos con los que a algunos les encanta comparar a México y su actual gobierno, donde surgen constantemente los nombres como Chávez, Maduro, Venezuela y populismo. Se habló de Banco de Bienestar como un potencial administrador de estos recursos, pero no. El anuncio de la reforma dejó a muchos con ganas de decir: se los advertí.

Aún más, algunos líderes empresariales, los más radicales, habían anticipado que el Presidente y su partido, que tiene mayoría en la Cámara de Diputados, se harían del control del INE, a partir de la elección de cuatro nuevos consejeros electorales. Finalmente, Mario Delgado, líder de la mayoría en la cámara baja, logró sacar el proceso con total legitimación política, producto de un proceso donde los finalistas fueron personajes con perfiles destacados y sin visibles filias partidistas. Apenas en el sexenio pasado hubo figuras como Sergio García Ramírez que fue electo como consejero del INE, sólo para sacar una votación que evitaba una fuerte multa por el caso Monex, hecho lo anterior simplemente renunció. Hoy ese tipo de perfiles o juegos perversos no se asomaron entre los nombres de los electos como consejeros.

Sería una gran noticia para México, más en estos tiempos tan complicados, que estos acuerdos marcaran un reencuentro de largo plazo y reestablecer la confianza mutua y una agenda de trabajo conjunta, voluntad parece haber. Quienes apostaron por el rompimiento total se volvieron a equivocar, prevaleciendo entre los no radicales, la capacidad de crear soluciones para un país que necesita construir un mejor futuro para todos y no para unos cuantos.

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