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Trump contra Fidel: la batalla que la historia nunca vio

Por Expertos TEC - 20/05/2026

Las ideas expresadas en las columnas, así como en otros artículos de opinión, no necesariamente corresponden a la línea editorial de Códice Informativo, y solo son responsabilidad del autor.

En un momento en que Cuba enfrenta dificultades como tal vez no había visto desde los momentos más tensos de la Guerra Fría, hay un diferenciador importante: tras la muerte de Fidel Castro ya no hay un líder capaz de llevar la disputa política al terreno simbólico internacional

 Trump contra Fidel: la batalla que la historia nunca vio

Trump presiona a Cuba en uno de los momentos más frágiles para la isla. Sanciones, presión energética, crisis económica y tensión hemisférica han devuelto al continente una escena que parecía archivada junto con la Guerra Fría. Pero esta vez existe una gran diferencia: Fidel Castro ya no está.

¿Sería distinto si siguiera vivo? La pregunta no busca reivindicar ni condenar el modelo cubano. Cuba sigue enfrentando problemas estructurales profundos, desgaste institucional, migración, escasez y cansancio generacional. Sin embargo, reducirlo a una crisis económica sería ignorar el peso del liderazgo en la construcción del poder.

Fidel no solo gobernó Cuba; fue, para bien o para mal, uno de los últimos grandes arquitectos simbólicos de América Latina. Entendió que la isla jamás podría competir materialmente con Estados Unidos y trasladó la disputa al terreno político y moral. Transformó a su país en símbolo internacional de resistencia y convirtió cada sanción o intento de aislamiento en una narrativa de soberanía y dignidad frente a la intervención hemisférica.

Por eso, con su muerte, la crisis cubana dejó de ser únicamente económica y se volvió también una crisis de narrativa política. La generación más joven ya no vive la Revolución como experiencia histórica propia, sino como una estructura heredada que administra precariedad cotidiana. La épica revolucionaria perdió capacidad de movilización y la austeridad dejó de percibirse como sacrificio ideológico para convertirse en agotamiento social.

Con Fidel, probablemente el escenario 2026 habría sido distinto. No porque hubiese resuelto los problemas estructurales, sino porque poseía una capacidad excepcional para reorganizar políticamente las crisis. Él no reaccionaba ante las confrontaciones; las transformaba en legitimidad interna y proyección internacional.

Y la figura de Trump habría sido perfecta para ello, porque representa exactamente el tipo de antagonista que Fidel sabía convertir en capital político. En un contexto internacional marcado por la fragmentación del orden global y el desgaste de la hegemonía liberal, probablemente habría logrado reconstruir una importante red de solidaridad política alrededor de la isla.

La Cuba actual parece mucho más limitada en ese terreno. Tal vez por eso la gran diferencia entre la isla de ayer y la de hoy sea la ausencia de un líder capaz de transformar la confrontación en proyecto político continental. Porque en América Latina los liderazgos no solo gobiernan Estados; muchas veces también sostienen imaginarios enteros.

La historia nunca llegó a enfrentar directamente a dos líderes que hicieron de la confrontación una forma de poder. Pero la crisis actual permite imaginar cómo habría sido esa batalla que la historia nunca vio: Trump intentando reafirmar el poder hemisférico estadounidense y Fidel transformando nuevamente a Cuba en símbolo global de resistencia política, lejos de la isla defensiva y agotada que hoy administra Díaz-Canel.

Dra. Natally Soria Moya, profesora de tiempo completo, Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.

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