Tecnologías digitales y bienestar de niños y jóvenes. Una reflexión

Las tecnologías digitales y la inteligencia artificial pueden influir tanto positiva como negativamente en la salud mental de niñas, niños y jóvenes, por lo que la alfabetización digital y la supervisión de estas herramientas son una necesidad
Recientemente, la Organización Mundial de la Salud advirtió que los problemas de salud mental representan uno de los principales retos para niñas, niños, adolescentes y jóvenes. A nivel mundial, es alarmante el aumento de quienes viven con retos de salud mental, la ansiedad, la depresión, entre otras causas, figuran como razones de enfermedad y discapacidad en este grupo de edad.
Como investigadora interesada en el cruce entre salud, aprendizaje y cultura digital, me intriga particularmente la relación entre tecnologías digitales y bienestar. En el caso de niñas, niños, adolescentes y jóvenes, esta relación resulta especialmente relevante.
Podemos pensar en al menos dos preguntas. La primera es cómo las tecnologías digitales pueden contribuir al bienestar y a la salud mental. La segunda es cómo ciertos diseños tecnológicos pueden afectar negativamente nuestras emociones y formas de relacionarnos con los demás.
En el caso de las redes sociales, la discusión reciente se ha inclinado hacia los riesgos. Diversas investigaciones publicadas desde 2022 han llamado la atención sobre características de diseño asociadas con modelos de negocio centrados en maximizar el tiempo de permanencia en las plataformas. Entre ellas se encuentran el desplazamiento infinito de contenidos, las notificaciones persistentes y los llamados patrones oscuros o diseños hiperatrayentes, estrategias orientadas a mantener nuestra atención durante más tiempo.
Mientras este debate continúa, la inteligencia artificial generativa ha llegado a la vida cotidiana en forma de asistentes conversacionales con los que dialogamos como si fueran otras personas. Estos sistemas presentan al menos dos caras.
Por un lado, existen aplicaciones y chatbots especializados en salud mental que comienzan a utilizarse como apoyo inicial en contextos donde los servicios profesionales son insuficientes para atender la demanda, particularmente entre adolescentes y jóvenes. Su disponibilidad inmediata y la posibilidad de conversar sin sentirse juzgados explican parte de su atractivo.
Por otro lado, durante los últimos años se han documentado controversias relacionadas con chatbots que interactuaron con personas en situaciones de vulnerabilidad emocional. Estos casos han abierto un intenso debate sobre los límites y responsabilidades de estas tecnologías.
La cuestión central es que los sistemas conversacionales no son neutrales. Sus respuestas están condicionadas por los modelos con los que fueron entrenados y por decisiones de diseño incorporadas en las aplicaciones. En determinados contextos pueden reforzar ideas, creencias o estados emocionales sin ofrecer suficiente contraste con otras perspectivas.
Por ello, necesitamos avanzar hacia formas más sólidas de gobernanza tecnológica y alfabetización digital. Pero esta alfabetización no debería limitarse a distinguir información verdadera de información falsa. También tendría que ayudarnos a comprender cómo funcionan estos sistemas, qué intereses intervienen en su diseño y cómo afectan nuestras emociones, percepciones y relaciones.
Dra. Nohemí Lugo Rodríguez, profesora-investigadora del Departamento de Medios y Cultura Digital del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro. [email protected]


