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Periodista de toda la vida, egresado de la escuela Carlos Septién García, catedrático en la Universidad de Guanajuato, analista político en radio y prensa escrita, además de Premio Estatal de Periodismo en el 2000.

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En la cristiandad de todo el mundo, los ocho días que comenzaron ayer domingo – Domingo de Ramos – son…



Por: Andrés González
Semana Santa

Foto: Archivo

En la cristiandad de todo el mundo, los ocho días que comenzaron ayer domingo – Domingo de Ramos – son conocidos como la Semana Mayor o Semana Santa.

En la Iglesia Católica, Apostólica y Romana el sentimiento espiritual mayor y que sobre este se sustenta todo su credo, es el amor. Es tan grande en el catolicismo esta palabra, que es el primer Mandamiento de la Ley de Dios: Amarás al Señor tu Dios, con todas tus fuerzas y con todo tu corazón.

De este parte toda la fe y la religiosidad de los cristianos.

De esta palabra de solo cuatro letras –amor- se derivan los mejores sentimientos del ser humano. El cariño a sus seres cercanos; la amistad y la ternura; la simpatía y el afecto; la atracción y la veneración. Todo parte de la adoración al Ser Supremo.

El amor genera los mayores sentimientos que el ser humano es capaz de concebir y que se expresan vigorosamente en la doctrina cristiana.

Y en estos ocho días, la fe cristiana encierra las dos expresiones más fuertes que el alma puede generar: Alegría y dolor, ambas consustanciales a la palabra amor.

La Iglesia Católica tiene en su año religioso, esas dos expresiones mucho muy marcadas. Las que generan alegría son las más pero tres son las mayores. Y las tres parten del amor al Creador.

Una de estas es la celebración de ayer domingo, del “Domingo de Ramos” que recuerda la entrada gloriosa de Jesús a Jerusalén en donde la multitud lo aclama como su Dios, su Creador. Y es uno de los indicios de que proviene del Padre.

En los evangelios que narran la Pasión y Muerte de Cristo, hay señales claras – para el creyente – de esta Divinidad.

Pero en esta misma Semana Mayor, se da la expresión más grande de tristeza con la muerte física de El Salvador. Inicia el Jueves Santo y a eso de las tres de la tarde – según la tradición y los evangelios – tras una larga pasión, expira físicamente Jesús de Nazaret. Ese es el dolor mayor que es recogido y recordado por la cristiandad. Y sucede el Viernes Santo, para darle ese nombre a toda la semana.

Sin embargo – tal y cómo lo dicen las escrituras – al “resucitó al tercer día”. La tradición ubica a este hecho como el “Sábado de Gloria”. Y con la Resurrección del Señor, se confirma la Divinidad de Jesús. Si esta no se hubiera dado, es posible que Jesús habría sido registrado en la historia de la humanidad solo como un Profeta, tal vez el mayor de todos, pero solo Profeta al fin. Sin embargo, la Resurrección lo hace tomar niveles extra humanos para ubicarlo en el nivel de Dios.

En nuestro estado de Querétaro cada iglesia, cada parroquia católica, cada basílica, hasta la Catedral, se recuerdan estas fechas, en memoria de Jesucristo Salvador. Jesucristo Salvador que nos hace volver a la palabra con que iniciamos esta sencilla columna: El amor; el amor hacia toda la humanidad.

Las mayores concentraciones de católicos de estas narraciones evangélicas, se dan en tres lugares: Comienzan el “Viernes de Dolores” en la Basílica de Soriano ante la imagen de la Virgen de los Dolores; en La Cañada, municipio de El Marqués, con la meticulosa representación de toda la Pasión de Cristo pero también en el municipio de Corregidora, en su cabecera municipal de El Pueblito.

La representación del “Domingo de Ramos” pero también de toda la “Pasión de Cristo” y que congrega a miles de católicos, es la que se realiza en La Cañada. Ayer se cumplió con rigor y respeto, la Procesión con la Imagen del Divino Redentor, desde el socavón y siguiendo toda la Av. Emiliano Zapata, hasta concluir en el Templo de San Pedro. En su remozada Plaza del mismo nombre, fue preparada una enorme y blanca carpa para representar la entrada de Jesús a Jerusalén. Las calles cercanas y la misma Plaza, fueron insuficientes para recibir a tanto católico que siguió con orden y respeto esta representación, agregándose la escenificación de varios pasajes bíblicos, como el encuentro de Jesús con la mujer Samaritana o el encuentro con la Mujer Cananea o bien el encuentro de Jesús con los niños. Se dio la tradicional Bendición de Palmas y la Santa Misa.

Esta semana y en esos tres lugares, se continuará con las representaciones escénicas del Jueves Santo, con el lavatorio de los pies, la “Ultima Cena” y la aprehensión de Jesús en el huerto de Los Olivos.

Pero la expresión de mayor dolor se escenifica este Viernes Santo, con la Crucifixión de Cristo para los cual acompañan miles de católicos en la zona cerril de La Cañada que por su orografía guarda un lejano parecido con el Gólgota.

Las conmemoraciones de Semana Santa concluyen con la Misa de Resurrección del Sábado de Gloria.

Si usted puede asistir a cualquiera de estos tres lugares, es recomendable tener un momento para alimentar el espíritu y procurar un reencuentro con el Creador.

Y recuerde que el mayor alimento del alma es el amor…si es usted creyente. Si no lo es, nadie puede negar la existencia del amor en cualquiera de sus expresiones.

Esta palabra de solo cuatro letras – amor – es lo que marca la diferencia entre el homo sapiens con todas las demás especies.