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Música creada con IA: ¿arte o no arte?

Por Expertos TEC - 22/04/2026

Las ideas expresadas en las columnas, así como en otros artículos de opinión, no necesariamente corresponden a la línea editorial de Códice Informativo, y solo son responsabilidad del autor.

El auge de herramientas como Suno AI reabre el debate sobre si la música creada con inteligencia artificial puede considerarse arte, en consideración de la autoría, la intención y procesos de realización de las obras.

 Música creada con IA: ¿arte o no arte?

En el último año, el uso de herramientas de “Inteligencia Artificial” para la producción musical se ha disparado de manera casi exponencial. Hace un año, plataformas como SUNO eran apenas una llamarada promisoria. Experimentos de varios artistas, y no artistas, comprobaban que ya era posible “hacer” música dándole unas cuantas instrucciones el sistema. 

El debate sobre el uso de estas herramientas sigue creciendo y hay varias reflexiones a considerar. Una de ellas es responder a la pregunta: ¿de verdad se “hace” música cuando se usan las herramientas? Hoy existen matices nuevos que vale la pena observar. Se comienzan a emplear términos como “curadores”, o ingeniería del “prompt” (o “dar instrucciones”). En el sentido estricto de producir algo, la respuesta es sí; se está produciendo música. ¿Se está produciendo arte? El término es complejo, cuasi ambiguo. Walter Benjamin hablaba del concepto de “arte aurático” como aquella cualidad intrínseca de una creación que posee una suerte de atmósfera derivada de su unicidad, de provenir como resultado de un proceso técnico/creativo irrepetible y que responde a una tradición, o a la ruptura de la misma tradición. Hay intencionalidad, intensidad e intención deliberadas. ¿Todo esto existe en una pieza musical que se creó solamente a base de ideas e instrucciones dictadas?

Mi respuesta por el momento es que no. Todavía no. Hace unos meses una persona muy cercana me mandó por whatsapp una canción, y me dijo: “escúchala, yo hice todo”. Escuché un tema del género pop latino cuya letra hablaba de feminismo, empoderamiento y resiliencia. La voz era robóticamente impecable, ninguna nota fuera de tono y/o escala. La voz sonaba idéntica a la de esa persona, a quien yo conozco bien, y sé que no canta de esa manera tan perfecta. No toca ningún instrumento, y no sabe nada de producción. “La hice yo sola en mi casa”, dijo. La música sonaba bien, todo en su lugar, grandes arreglos vocales, una estructura musical sencilla pero bien ejecutada, coros, solos de guitarra, una línea de bajo medio pegajosa y sonido prístino. Todo bien, salvo que sabía, en el fondo, que no la estaba escuchando a ella, no era su voz, no tocó una sola nota. Había un dejo de vacío irremediable dentro de tan falsa perfección. Claro, era su idea. Una idea valiosa, poderosa, pero no conectó conmigo. ¿Era arte? ¿Generó conversación? En mi opinión, no. Todo se diluyó muy pronto. ¿Este breve ejemplo se puede aplicar a todo? No, falta mucha conversación al respecto.

Ramón Santillana, profesor de tiempo completo, Escuela de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro. [email protected]

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