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Queretano por adopción. Estudió Derecho en la Universidad Panamericana. Funcionario en los tres órdenes de gobierno. Apasionado de la política, la historia, el béisbol y el fútbol americano.

»Cincuenta años de conocer el hielo

Desde su primera impresión el 30 de mayo de 1967, han existido más de cien ediciones en cuarenta idiomas de Cien años de soledad



Por: Miguel Parrodi

Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito  en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecería a todas luces una locura

Gabriel García Márquez

A pesar de las penurias económicas por las magras ventas de sus tres primeras novelas y de su libro de cuentos, el escritor colombiano avecindado en México decidió manejar a Acapulco para tomarse junto con su familia unas vacaciones. Antes de llegar a su destino, de forma intempestiva, el sudamericano dio media vuelta para regresar a su hogar en la ciudad de México, en donde sin más, se sentó frente a su máquina de escribir y tecleó: “Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Durante los siguientes dieciocho meses, Gabriel García Márquez no hizo otra cosa más que dar vida a Macondo, a Aureliano Buendía a Úrsula Iguarán y a todo un universo mágico que transformaría la realidad de la literatura latinoamericana. En referencia a la época en que escribió su más grande obra, Gabo, manifestó: “Lo que podía ser motivo de otro libro mejor, sería como sobrevivimos Mercedes y yo, con nuestros dos hijos, durante ese tiempo en que no gané ningún centavo por ninguna parte. Ni siquiera sé cómo hizo Mercedes durante esos meses para que no faltara ni un día la comida en casa”.

Cien años de soledad fue impresa por primera vez un 30 de mayo de 1967 por la editorial Argentina, Sudamericana. El primer tiraje, compuesto por ocho mil copias se agotó en tan solo quince días y en el transcurso de un año se había editado en ocho ocasiones y traducido al francés y al alemán.

Al día de hoy, transcurrido medio siglo de su impresión, Cien años de soledad se lee en cada rincón del mundo, en casi cuarenta distintos idiomas y por personas de todas las edades. Se calcula que desde su salida a la venta el 5 de junio de 1967, la obra magna de Gabo ha sido adquirida por más de cincuenta millones de personas. Una proeza para un libro cuyo manuscrito fue rechazado por el editor de Seix Barral, señalando: “Yo creo que esa novela no va a tener éxito. Yo creo que esa novela no sirve”.

Cien años de soledad significó un parteaguas en la literatura en español; la complejidad, la belleza de su lenguaje, los colores, descripciones y la fantasía que la envuelven hicieron que el mundo volteara la vista hacia la escritura latinoamericana y sus extraordinarios representantes como Paz, Fuentes, Vargas Llosa, Rulfo, Cortázar, entre otros.

La conmemoración de los cincuenta años de la primera impresión del libro llamado por Carlos Fuentesel quijote latinoamericano”, es un buen pretexto para compartir con ustedes apreciables lectores, algunas líneas sobre la literatura.

Desde antes de cumplir la mayoría de edad, procuro todas las noches dejar atrás el mundo de la tecnología, del estrés, de la competencia descarnada por destacar, para adentrarme en un mundo mágico donde mi imaginación, de la mano del escritor, se adentra en ciudades exóticas o en penumbras acompañado de personajes ficticios cuyas andanzas se vuelven cotidianas.

La literatura enriquece el lenguaje, profundiza nuestras nociones sobre las más diversas áreas del conocimiento, nos hace estremecer o reír, nos entretiene, pero sobre todo nos permite transitar por millones de mundos cuya existencia es única e irrepetible. Lo maravilloso de la literatura es que el mismo libro es distinto para cada uno de sus lectores.

Por increíble que parezca hay personajes ficticios que perduran en la memoria colectiva más allá que la mayoría de los hombres o mujeres que vivieron en la época en que fue escrita. “Al cabo del tiempo tiene más realidad Don Quijote que ninguno de sus contemporáneos históricos de la España del Siglo XVII”[1] .

En palabras del escritor español Javier Marías, “la novela permite que sus personajes se vuelvan parte de nuestra vida, caminen entre nosotros, se representen culturalmente, se citen sus frases como si las hubieran pronunciado, se hable de ellos, como se comenta de un viejo conocido”.

Con la literatura, el autor comparte lugares fantásticos o reales y la minuciosidad de su descripción, permiten que el lector al pasar las hojas recorra las calles, monumentos, edificios o jardines de una ciudad e incluso perciba los olores que en ella viven.

Me gustaría seguir compartiendo con ustedes parte de la magia de la literatura, pero es momento de transitar por las calles de Tierra Santa de inicios del siglo pasado acompañado por Samuel Zucker y Ahmed Ziad[2].

 

[1] Discurso de Javier Marías pronunciado el 2 de agosto de 1995 durante la ceremonia de entrega del Premio Internacional Rómulo Gallegos por su novela “Mañana en la batalla piensa en mí”

[2] Referencia a la novela Dispara, yo ya estoy muerto de Julia Navarro. Editorial Plaza & Janes