Feminicidios, talón de Aquiles de la 4T


Por Staff Códice Informativo el 13/02/2020
 Feminicidios, talón de Aquiles de la 4T

Foto: Archivo

A poco más de un año de que Obrador asumiera el poder, México sigue siendo un país donde te pueden matar, violar, desaparecer, te pueden incinerar, desollar y destruir solo por ser mujer

El pasado martes 11 de febrero, durante su conferencia “mañanera”, Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, protagonizó un encontronazo con el que, durante el último año, se ha convertido en uno de los sectores más críticos de lo que parecieran ser algunos de los vicios más conservadores de la denominada “Cuarta transformación”. Hablamos, por supuesto, de las feministas, cuya rabia no puede ser para menos en un país que está a la cabeza en cuanto feminicidios y en donde, además, estos se han convertido en un verdadero espectáculo grotesco con el que lucran autoridades y medios de comunicación por igual.

La circunstancia que desencadenó la ira feminista contra Obrador tuvo lugar mientras éste exponía pormenores sobre la rifa del avión presidencial. Tras su exposición, una reportera cuestionó a Alejandro Gertz Manero, fiscal general de la República, respecto a los planes del gobierno federal para contener la crueldad feminicida que cada día cobra diez vidas en las más terribles circunstancias. Ante tal interrogante, que es de importancia fundamental para más de la mitad de la población mexicana, el presidente se limitó a sonreír y solicitar, de la manera más atenta y hasta bonachona que, por favor, no le cambiaran el tema ni le voltearan el sentido de la conferencia.

Hasta cierto punto es entendible la postura del presidente. La “mañanera” tenía una agenda clara y Obrador no se había preparado para discutir el tema del feminicidio. Lamentablemente, dado el contexto en que se lo preguntaron, tendría que haberlo estado. Menos de 24 horas antes se viralizó la noticia de que Ingrid Escamilla, una joven de la delegación Gustavo A. Madero, había muerto a manos de su esposo quien, no contento con asesinarla frente a su hijo autista, la desolló. La situación se tornó aún más grave cuando elemetos policíacos filtraron fotografías del cadáver a diversos medios de comunicación, los cuales las publicaron sin el menor escrúpulo ni respeto por la fallecida.

El de Ingrid, de acuerdo con las escuetas cifras que manejan algunos grupos de activistas y que en realidad podrían ser mucho menores que los números reales, fue, aproximadamente, el femicidio número 420 en lo que va del año. El mismo día, un taxista de Puebla acuchilló a su pareja “por celos” y, un día después, otras mujeres murieron a manos de sus esposos en lugares como Torreón y la delegación Iztapalapa. Por si fuera poco, el fin de semana anterior, Gertz Manero se colocó en el centro de la polémica luego de que se diera a conocer que había posibilidades de que el delito de feminicidio dejara de catalogarse como “grave” dentro del fuero federal. En este sentido iba el cuestionamiento de la reportera a la que López Obrador increpó por “voltearle el sentido de la conferencia”.

Por supuesto que este no fue el primer desencuentro entre el gobierno federal y los grupos que luchan por el derecho de las mujeres y niñas a llevar una vida libre de violencia. Una semana antes, la UNAM encabezó todos los periódicos nacionales debido a los paros convocados por alumnas ante lo que consideran es una situación insostenible de tolerancia hacia el acoso sexual y la violencia contra las mujeres dentro de las instalaciones universitarias. Tras presentarse diversas situaciones de violencia en medio de los paros, algunos funcionarios federales y personajes cercanos a la Cuarta Transformación, manifestaron en redes sociales que lo de la UNAM no era más que un intento por desprestigiar. La legítima rabia de las estudiantes fue ignorada una vez más y sus inquietudes instrumentalizadas de una forma que rememoró cruelmente lo que pasó tras las manifestaciones feministas que tuvieron lugar en agosto de 2019.

En aquel momento fue otro desliz de Morena el que desencadenó la ira. Dos policías capitalinos fueron señalados como presuntos responsables de abusar de una menor. El gobierno de la ciudad, encabezado por Claudia Sheinbaum no mostró en un inicio demasiada resolución para castigar a los elementos, lo que derivó en protestas y pintas por toda la ciudad.

Lo que provoca la ira de las feministas en estos casos no es tanto que el gobierno no resuelva “mágicamente” los feminicidios, como parecieran sugerir algunos allegados a la administración de López Obrador, sino justamente la aparente falta de voluntad política que refleja el poder respecto a la concretísima demanda que hacen las mujeres para habitar un país donde el miedo es una constante y donde ni la propia casa es un entorno seguro, amén de la abismal impunidad en la que permanecen estos delitos y de la falta de estrategias de prevención en la materia.

Es verdad que algunos sectores de la oposición partidista han querido llevar agua a su molino y colgarse de las reivindicaciones feministas, siendo que, cuando estuvieron en poder, ellos mismos abonaron a que se produjera la actual situación y además se han empeñado en legislar contra los intereses fundamentales de las mujeres, pero esto no excluye que la problemática denunciada por las colectivas es real y que México sigue siendo, a poco más de un año de que Obrador asumiera el poder, un país donde te pueden matar, violar, desaparecer, te pueden incinerar, desollar y destruir solo por ser mujer.

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