Embajadas y consulados ¿Premios para incondicionales de AMLO?


Por Staff Códice Informativo el 18/01/2022
 Embajadas y consulados ¿Premios para incondicionales de AMLO?

Foto: INAH

La polémica estalló en redes sociales luego de que Andrés Manuel López Obrador nombrara al historiador Pedro Salmerón, quien tiene acusaciones de acoso sexual, como embajador de Panamá

Gran revuelo causó el pasado lunes 17 de enero, el anuncio por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador de que habría varias modificaciones en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Entre los beneficiarios de dichos movimientos está un queretano, Carlos Peñafiel, quien encabezó Morena en lo local antes de irse como embajador a la República Dominicana, cargo que dejará para tomar la embajada de México en Seúl, capital de Corea del Sur.

También se beneficia con estos cambios Claudia Pavlovich, la primera mujer que gobernó el estado de Sonora, quien se desempeñará como cónsul en Barcelona, capital de Cataluña y la segunda metrópoli más importante del Reino de España; así como el historiador Pedro Salmerón Sanginés, uno de los grandes incondicionales de la llamada Cuarta Transformación, cuya designación como embajador en la República de Panamá despertó un amplio rechazo entre múltiples sectores de la sociedad mexicana.

La razón de que este historiador del ITAM despierte tanta aversión y sospecha es que cuenta con antecedentes como acosador sexual. Menos de 24 horas después de que se conociera su nombramiento, usuarias de redes sociales crearon el hashtag #UnacosadorNoDebeSerEmabajador, en el que llamaron al gobierno federal a revirar y retirar su designación a Salmerón Sanginés. Al mismo tiempo, varias alumnas suyas egresadas del ITAM hicieron eco de las experiencias de acoso que presuntamente vivieron por parte del historiador.

Incluso se divulgó un documento en el que la institución educativa manifestaba tener conocimiento de la situación aunque ya no pudiera hacerse nada porque para entonces, Salmerón ya había renunciado.

La respuesta ante estas acusaciones por parte de la mayoría de los funcionarios federales, así como de figuras públicas cercanas a Morena y al presidente López Obrador ha sido o un silencio sepulcral o, incluso, alegar que las acusaciones contra Salmerón son solo parte de una trama orquestada por la derecha para golpear a la 4T. Incluso figuras conocidas por su militancia dentro de los feminismos, como la también historiadora Karla Motte o la activista por la movilidad Dana Corres han minimizado lo que se dice sobre Pedro Salmerón.

Motte, por ejemplo, publicó un tuit en el que insinúa que se trata de una turba de linchadores cuyo único objetivo es perjudicar a un hombre cercano al gobierno federal. Incluso en el caso de que tenga razón, su postura es desafortunada por varias razones. Si bien es cierto que la responsabilidad jurídica de Salmerón es algo que debe resolver la autoridad judicial, que haya acusaciones de esta magnitud en su contra debería ser motivo más que suficiente para retirarle el nombramiento. No se trata de castigarlo, como sugiere Karla Motte, sino de evitar que alguien que posiblemente incurrió en una falta grave, ostente un cargo público mientras se investigan las acusaciones.

El asunto recuerda mucho a la situación que se vivió con el entonces candidato a la gubernatura de Guerrero, Félix Salgado Macedonio, quien contaba con acusaciones por violación y aún así, recibió el respaldo del presidente López Obrador. Al final, Salgado Macedonio no pudo acceder a la gubernatura, pero lo hizo su hija, a quien las mismas feministas del gobierno no tardaron en defender pese a lo evidente que resultaba la instrumentalización por parte de su padre.

Con gestos como el nombramiento de Salmerón, pareciera que al gobierno federal no le importan gran cosa las mujeres, pero también que para López Obrador, los cargos públicos son premios y que la única forma de acceder a ellos es garantizar lealtad incondicional.

Recuerda mucho esta forma de gestionar las relaciones internacionales a la sostenida por el PRI en los momentos de mayor control partidista sobre la vida pública nacional. Entonces, las embajadas, consulados e incluso agregadurías culturales se repartían como botín sexenio tras sexenio no entre internacionalistas o diplomáticos de carrera, sino entre figuras del mundillo cultural que se mostraran dispuestas a cacarear loas al régimen o por lo menos a mantenerse en silencio.

Lo grave en este caso, es que no solo parece un premio para un incondicional, sino que además pesa el mensaje de que no importa lo que hagas, en especial si las víctimas son mujeres. Puedes redimirte siempre y cuando estés en la gracia del mandatario. Como en la corte de Luis XIV, se hace lo que el rey dice porque el estado es él.

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