El oscuro e incierto futuro de las empresas de cine mexicanas


Por Staff Códice Informativo el 14/02/2021
 El oscuro e incierto futuro de las empresas de cine mexicanas

Foto: Archivo

La pandemia de coronavirus podría cambiar para siempre la forma en que nos relacionamos con el cine. En México una gran empresa exhibidora, Cinemex, podría morir, mientras que otra, Cinépolis, tendrá que reinventarse por completo si desea sobrevivir

Durante la última semana, una noticia que causó gran conmoción en redes sociales fue el anuncio de que Cinemex, la segunda mayor empresa de exhibición cinematográfica en México, cerraría la mayor parte de sus salas e iniciaría trámites para reestructurar su deuda ante diferentes instituciones bancarias.

Al mismo tiempo, Cinépolis, la otra gran cadena cinematográfica mexicana, anunció que aunque mantendrá la mayor parte de su operación, también cerrará algunas salas de cine.

Estas dos noticias, extensamente relacionadas, están lejos de ser baladís. Hasta antes de la pandemia, solo Cinemex contaba con una plantilla laboral superior a los 14 mil empleados y empleadas en todo el país; esto de acuerdo con datos de la propia empresa. Por su parte, Cinépolis, con una plantilla aún mayor que la de Cinemex y ganancias que superaron los 19 mil millones de pesos en 2019, es una de principales multinacionales mexicanas, pues en la década pasada logró consolidar su presencia en el extranjero, abriendo salas de cine en España, Estados Unidos e incluso la India, donde ya es el principal exhibidor cinematográfico de gran formato.

Esto quiere decir que ambas empresas están lejos de ser meros “changarritos” y que una amenaza para su estabilidad supondría un severo golpe para el sector terciario dentro de nuestro país. Sin embargo, es preciso señalar algunos elementos: En primer lugar, la naturaleza de la industria. Por su características, la industria de los complejos cinematográficos no podía operar de forma óptima en un escenario como la pandemia de coronavirus. Durante meses, las salas de cine de todo el país debieron permanecer cerradas, lo que dificultó la obtención de ingresos para las empresas exhibidoras.

Sin embargo, sería aventurado e ingenuo suponer que la salud de este sector económico era óptima y rebozante antes de la pandemia. La aparición de nuevos formatos como el streaming, monopolizado por plataformas como Netflix y Amazon Prime ya había supuesto un severo golpe para las salas de cine. La pandemia solo vino a acelerar ese proceso y la idea de que una película debía estrenarse en pantalla grande de pronto quedó obsoleta, como lo demostró el caso de Soul, la última película de Disney-Pixar, que se estrenó de forma exclusiva en la plataforma de streaming Disney +.

La realidad es que desde la segunda mitad de la última década, la idea de la sala de cine comenzó a devenir cada vez con mayor velocidad en un lujo para los nostálgicos, incluso en un lujo hipster. Así lo ponían en evidencia, por ejemplo, los precios para ingresar a las salas, así como en las dulcerías, que se convirtieron si duda en una de las principales fuentes de ganancias para los complejos cinematográficos.

Para subsistir, los cines apostaban a la experiencia de mirar una película en gran formato con sonido de alta calidad. Pero los tiempos cambian y mientras más dura el encierro provocado por la pandemia, la nostalgia hacia las salas de cine puede diluirse hasta desembocar en un punto en que mantener un complejo de salas deje de ser rentable.

¿Significa esto el fin de las salas de cine? ¿Tendremos que despedirnos para siempre de la experiencia de mirar una película en pantalla grande? ¿Diremos adiós a las palomitas de mantequilla y al tufo acaramelado de las dulcerías, a los refrescos diluidos? Probablemente no. La resurrección de formatos que se creían perdidos, como el autocinema, pone en evidencia que la nostalgia, sobre todo entre la generación Millenial, que aún con la ruina de la pandemia seguirá siendo el principal motor económico y de consumo durante los siguientes dos décadas, es algo que vende y vende bien.

El hecho es que habrá menos salas de cine y que quizá algunas empresas mueran. En el caso de Cinépolis, es difícil imaginar una ruina total. La empresa michoacana era prácticamente un monopolio antes de la pandemia. Cinemex, una empresa satélite de Grupo México, el Conglomerado de Germán Larrea Mota Velasco, estaba realmente lejos de ser competencia para la Organización Ramírez, el corporativo que maneja Cinépolis. Antes de la llegada Cinemex, Cinépolis había hundido a Cinemark, una compañía estadounidense que intentó introducirse en México en la década de los 90’s. Además del naufragio de Cinemark, provocó también el fin de muchas pequeñas empresas cinematrográficas, la mayoría de alcance local.

A Germán Larrea, quien compite regularmente con María Asunción Arambuzábala por el puesto de tercera o cuarta persona más rica de México, poco le preocuparía el fin de Cinemex. La cinematográfica era solo una más entre sus múltiples aventuras empresariales. Su verdadero negocio está en la minería. Los Hermanos Ramírez están en otra situación. Herederos de la compañía que fundó su padre, fallecido en circunstancias muy extrañas en los noventa, han apostado a la imagen de su marca como una empresa familiar y se han vendido a sí mismos como “hombres de cine”.

Esta perspectiva empresarial les ha permitido, por ejemplo, consolidar importantes eventos culturales como el Festival Internacional de Cine de Morelia. Además, esta no es la primera vez que Cinépolis se enfrenta con la necesidad de reinventarse. La llegada de Cinemark significó justamente una oportunidad para reestructurar su negocio, lo cual les permitió salir ganando al final. Esto permite a Cinépolis contar con la infraestructura suficiente como para convertirse eventualmente en el único proveedor del mercado nostálgico que podría abrirse en nuestro país una vez que la pandemia finalice.

Aunque esto es, sin duda, una buena noticia para los amantes del cine de gran formato, está lejos de serlo para los 14 mil trabajadores y trabajadoras de Cinemex quienes con toda seguridad se sumarán a otros cientos de miles de personas a las que la pandemia dejó en la desocupación. Sin mencionar, por supuesto, los numerosos recortes que también verá Cinépolis en el camino de su transformación en una empresa más pequeña, pero más selecta.

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