¿Por qué algunos países manejan por la izquierda y otros por la derecha?
Una de las explicaciones más conocidas se remonta a la época medieval, cuando era habitual que los jinetes circularan por la izquierda.
En México lo normal es que los autos circulen por la derecha, por eso llama la atención ver imágenes del tránsito en Japón o Reino Unido, donde los vehículos avanzan por el lado contrario. Esta diferencia, que también determina la posición del volante y la organización de las calles, tiene una historia que comenzó mucho antes de que existieran los primeros automóviles.
Una de las explicaciones más conocidas se remonta a la época medieval, cuando era habitual que los jinetes circularan por la izquierda. Como la mayoría de las personas eran diestras, mantenerse de ese lado les permitía tener la mano derecha cerca de quien se aproximaba en sentido contrario, algo útil en tiempos en los que era común viajar con una espada. Aunque esta costumbre no fue universal, ayuda a entender de dónde viene una de las formas de circulación que conocemos actualmente.
Con la llegada de carruajes más grandes, las necesidades cambiaron; en Estados Unidos, los conductores de vehículos tirados por varios caballos solían colocarse a la izquierda para manejar el látigo con la mano derecha. Circular por el lado derecho del camino les facilitaba calcular el espacio disponible al cruzarse con otros carruajes. Más adelante, la Revolución Francesa y la expansión napoleónica contribuyeron a extender esta forma de circulación por distintas partes de Europa.
Reino Unido mantuvo la costumbre de transitar por la izquierda, una práctica que también se conservó en distintos territorios bajo su influencia, como Australia y Nueva Zelanda. Japón es otro de los países que actualmente utiliza este sistema.
Para cuando la industria automotriz comenzó a crecer, estas diferencias ya estaban bastante arraigadas. Los fabricantes adaptaron sus vehículos a las reglas de cada mercado, colocando generalmente el volante del lado contrario al sentido de circulación para facilitar la visibilidad al rebasar. Cambiar posteriormente todo un sistema implicaría modificar señalizaciones, vialidades, vehículos y numerosos hábitos de conducción, una tarea especialmente compleja en países con grandes redes de transporte.
Al final, algo tan cotidiano como decidir por qué lado de una calle debemos avanzar conserva rastros de antiguos caminos, decisiones políticas y formas de transporte que desaparecieron hace siglos. Esto es una pequeña muestra de cómo ciertas costumbres pueden sobrevivir incluso cuando el mundo que las originó ha cambiado por completo.


