“El regalo más grande de la película fue haber conocido a mi abuela”
A sus 20 años, David Herrera Fonseca, cineasta en formación de la Universidad Autónoma de Querétaro, convirtió una ausencia familiar en el corazón de su ópera prima, Creo que Soñé con mi Madre: un documental construido a partir de los sueños de su mamá, Lina, y su tía Rosa sobre su abuela,Marcelina quien murió a los 40 años, antes de que él pudiera conocerla
Durante años, David conoció a su abuela, Marcelina, a través de las historias de su familia. Sabía de su existencia, escuchaba hablar de ella y conocía el dolor que su muerte había dejado en su mamá y en su tía, pero nunca pudo construir un recuerdo propio de aquella mujer.
“Yo no la conocí, pero sí, fue, sí, no la conocí y tenía muchas dudas porque desde que nací ha estado ahí mi abuela, pero nunca la he conocido”, contó.
La pregunta sobre quién había sido su abuela apareció mientras David realizaba una investigación sobre los sueños, tema que terminó convirtiéndose en el punto de partida de su primer acercamiento al cine documental. Durante las entrevistas descubrió que, más allá de los sueños, existía una historia familiar marcada por una pérdida que seguía presente décadas después.
Su mamá, Lina, y su tía Rosa habían soñado con su abuela únicamente una vez. David decidió entonces regresar a esos sueños, escuchar qué habían visto y reconstruir aquellas experiencias como una forma de acercarse a una mujer que él solamente podía conocer a través de los relatos de otros.
“Entonces hicimos el ejercicio de regresar a esos sueños y que me contaran lo que pasaba en ellos. A partir de ahí nació toda la historia”, explicó.
El proceso también llevó al joven cineasta hasta San Pedro Huimilpan, lugar donde nació su abuela, en una búsqueda que trascendió la investigación cinematográfica. Para David, la película se convirtió en la primera oportunidad de construir una relación con alguien que había formado parte de su historia desde antes de que pudiera recordarla.
“El regalo más grande de la película para mí fue haber conocido a mi abuela”, afirmó.
Pero acercarse a esa memoria también significó entrar en un terreno doloroso para su propia familia. Durante las entrevistas, David comenzó a comprender que su mamá y su tía no solamente estaban contando una historia: estaban volviendo a un duelo que durante años habían evitado mirar de frente.
“Mi madre no le gusta voltear al pasado ni platicar cosas del pasado que la ponen triste y eso es la muerte de mi abuela”, relató.
La realización del documental implicó para David un dilema personal: sabía que necesitaba profundizar en aquello que les dolía para encontrar la historia, pero al mismo tiempo sentía que estaba abriendo deliberadamente una herida familiar.
“Les duele mucho, pero aquí es, ¿sabes? Entonces yo seguía picando en donde les dolía”, recordó.
El momento más intenso llegó con la regresión onírica realizada con su mamá y su tía. David había investigado previamente el ejercicio y sabía que estaba entrando en un proceso emocionalmente fuerte, pero reconoce que no dimensionaba lo que ocurriría al vivirlo junto a ellas.
“Yo sabía que era un tema doloroso para mi familia. Pero no sabía qué tanto”, dijo.
Para el joven cineasta, presenciar aquella experiencia también significó enfrentarse a sus propias emociones.
“De verdad, ahí mi madre y mi tía no solo vieron a mi abuela, yo también la vi ahí”, relató.
La culpa lo acompañó durante buena parte de la realización. David se preguntaba qué hacer después de una entrevista en la que había provocado que su mamá o su tía volvieran a un momento doloroso de sus vidas.
“¿Qué haces, no? O sea, después de las entrevistas que quedan en la película, obviamente les das un abrazo, les dices que estás ahí. Pero ¿qué más haces cuando sabes que heriste a alguien? A propósito, ¿no?”, cuestionó.
Sin embargo, cuando Lina y Rosa finalmente vieron el resultado, la respuesta que recibió transformó la manera en que David entendía todo el proceso.
“Cuando la vieron, me agradecieron”, contó.
David asegura que ambas se veían “muy liberadas”, “livianas” y tranquilas después de ver la película. Para él, ese momento significó también dejar atrás parte de la culpa que había cargado durante la realización del documental y entender que el proceso había significado algo distinto para ellas.
“Yo siento que de alguna manera ellas sanaron un poco también en el proceso de hacer juntos el documental”, expresó.
Así, Creo que Soñé con mi Madre terminó siendo mucho más que el primer ejercicio cinematográfico de un estudiante de 20 años. Se convirtió en una forma de preservar una memoria familiar y de acercar a distintas generaciones a una mujer que murió antes de que algunos de sus nietos pudieran conocerla.
“Para mi madre y para mi tía, fue poder hablar con ella otra vez”, dijo David.
Y para él, la película cumplió una búsqueda que comenzó con una pregunta sencilla y terminó convirtiéndose en una experiencia profundamente personal: conocer, a través de los sueños, los recuerdos y las historias de su familia, a la abuela que nunca pudo conocer en vida.
“El regalo más grande de la película para mí fue haber conocido a mi abuela”.


