Misión Cuidar Querétaro

Cualquier discusión de una reforma electoral en este momento es una simulación, pues la realidad imperante es una necesidad de blindar la democracia con mecanismos como fiscalización en tiempo real y sanciones a partidos vinculados al crimen organizado.
Pretender discutir una Reforma Electoral mientras el crimen organizado financia campañas es una burla para los mexicanos. No se puede hablar de perfeccionar la democracia cuando ni siquiera somos capaces de defenderla de quienes la están comprando con dinero sucio, y sabemos que el problema central no es el diseño de las instituciones, es la infiltración del crimen en la política. Y mientras eso no se ponga en el centro del debate, cualquier reforma será una simulación.
Hoy México vive las consecuencias de haber normalizado lo inaceptable porque Morena le abrió la puerta la puerta a la delincuencia y ahora finge sorpresa frente a la violencia, por eso no es casualidad que se resistan a discutir mecanismos reales de detección y fiscalización en tiempo real ¿pues qué temen que les encuentren?
Los ejemplos sobran, podemos hablar desde el huachicol fiscal, las acusaciones ventiladas en el libro de Julio Scherer, la barredora de Adán Augusto, Tequila, Jalisco… no son rumores aislados, son patrones que dibujan una realidad incómoda. Mientras tanto, la ciudadanía observa cómo la violencia crece y cómo los gobiernos de Morena están poco dispuestos a romper cualquier vínculo con estructuras criminales.
No vamos a legitimar una reforma que ignore esta crisis. Si de verdad se quiere hablar de democracia, empecemos por blindarla: fiscalización en tiempo real con acceso a inteligencia financiera, nulidad inmediata de elecciones cuando se acredite dinero criminal, pérdida de registro para partidos que reciban apoyo del crimen organizado y responsabilidad penal para dirigentes que avalen candidaturas vinculadas con estas redes. Lo demás es maquillaje institucional.
Desde Acción Nacional estamos seguros que la democracia no puede financiarse con sangre; o cerramos de manera definitiva la puerta al dinero del crimen, o aceptamos que nuestras elecciones seguirán condicionadas por el miedo y la corrupción. No hay punto medio. Quien hoy evade esta discusión no está defendiendo la democracia, está protegiendo un sistema que permite que el crimen compre poder.
Y eso, simplemente, no puede normalizarse.
Martín Arango
Martín Arango es abogado por la Universidad Autónoma de Querétaro, donde también cursó especialidades en Justicia Constitucional y Amparo, y en Derecho Notarial, además de una maestría en Derecho. Complementó su formación con un máster en Gobernanza, Marketing Político y Comunicación Estratégica en la Universidad Rey Juan Carlos, en España. Desde 2016 es docente en la Facultad de Derecho de la UAQ, donde imparte materias relacionadas con derecho electoral y gobernanza.
En el ámbito público ha sido asesor en la LVI Legislatura del Estado, Delegado Municipal en Josefa Vergara y Hernández, Subsecretario de Gobierno del Estado y Secretario General de Gobierno del Municipio de Querétaro. Dentro del PAN ha ocupado diversos cargos y actualmente preside el Comité Directivo Estatal del partido en Querétaro.


