¿Qué hacemos con la inteligencia artificial?

Hace casi 30 años, el profesor de la Universidad de Nueva York, Neil Postman, impartió una muy interesante conferencia frente a un evento que reunía […]
Hace casi 30 años, el profesor de la Universidad de Nueva York, Neil Postman, impartió una muy interesante conferencia frente a un evento que reunía a las altas autoridades de la Iglesia Católica en los Estados Unidos.
Dicha conferencia llamada “Cinco ideas sobre el cambio tecnológico”, ha dado origen a muy interesantes análisis y han servido como una muy útil metodología para explicar que la llegada de un desarrollo tecnológico a cualquier sociedad tiene siempre consecuencias y genera cambios.
Hoy, la inteligencia artificial nos hace lo mismo imaginar futuros en los que la automatización nos hace vivir una vida más cómoda, segura y con un impecable estado de salud, hasta la desaparición de nuestra especie sobre la faz de la tierra.
Bueno, ambas son posibles, pero ante esta coyuntura tengamos presente que como humanidad ya hemos enfrentado estas circunstancias y que, esa experiencia, es justo la que nos llama a no entrar en dinámicas tan descaradamente optimistas como irremediablemente catastróficas. Para reflexionar sobre el caso, tomaré la última idea de Postman sobre el cambio tecnológico: el hecho de que tendemos a convertir a la tecnología en algo mítico.
En esta idea, Postman indica que solemos darle a la tecnología un carácter de divinidad, algo así como si las creaciones tecnológicas formaran parte del orden natural de las cosas. Craso error. El alfabeto, los coches, los aviones, las tabletas electrónicas y hasta los teléfonos son creaciones humanas. Cada una de esas creaciones son artefactos producidos en un contexto histórico y político específico, no son regalos de la naturaleza.
Con eso en mente, vayamos ahora al caso de la inteligencia artificial, una creación tan humana como los palitos que unimos para alcanzarnos las latas que están en el fondo de una alacena. ¿Quién de nosotros no ha jugado a crear imágenes en el Whatsapp o en alguna aplicación de inteligencia artificial, que nos hagan soltar una sonrisa o una franca carcajada?
Con el ejemplo de este ejercicio imaginativo podemos cerrar la idea de Postman: la tecnología es obra del intelecto humano y como tal, es responsabilidad nuestra decidir lo que queremos hacer con ella, incluyendo el decidir no usarla.
Dos buenas pistas para perder el miedo y quitarle esa idea fatalista, pueden ser: primero, la de quitarnos la idea de saberlo todo y plantarnos frente a ella como unos inquietos niños que buscan dominarla para arrancarle sus secretos y simplemente divertirnos un rato; segunda, la de seguir el consejo del escritor italiano Umberto Eco: frente al rechazo absoluto del abstemio o la aceptación a todo por parte del ebrio, tomemos la postura del catador y seleccionemos de la tecnología lo que nos gusta, es útil y nos ayuda. La premisa básica de la tecnología es que debe estar centrada en la persona que la usa y no a la inversa. No la tratemos con demasiado respeto.
*Profesor de la Escuela de Humanidades y Educación, del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.


