Geely y la movilidad inteligente, Full-Domain AI 2.0 y G-ASD
La inteligencia artificial en ciertos modelos de la marca Geely permite que distintas funciones se activen a partir de instrucciones simples o del propio contexto, sin depender de configuraciones complejas.
Subirse a un auto hoy no se parece tanto a lo que era hace algunos años. Antes, la relación con el coche era más básica: volante, pedales y algunos controles. Hoy, gran parte de la experiencia se construye a partir de lo que el auto interpreta, sugiere o incluso anticipa mientras se maneja.
En ese contexto, la marca automotriz china Geely ha presentado recientemente dos desarrollos que apuntan hacia esa evolución: Full-Domain AI 2.0 y su sistema de conducción inteligente G-ASD (Geely Afari Smart Driving). Ambos buscan que distintas funciones del vehículo trabajen coordinadas en lugar de operar por separado.
Uno de los cambios más relevantes está en cómo se estructura la inteligencia dentro del vehículo. Con Full-Domain AI 2.0, Geely pasó de tener funciones independientes a una arquitectura que conecta cabina, seguridad, chasis y conducción en una misma base. Esto permite procesar información en tiempo real y coordinar distintas funciones de forma simultánea.
Al manejar, esto se percibe en la manera en la que las asistencias trabajan entre sí. En lugar de activarse por separado, empiezan a responder de forma conjunta, lo que da lugar a reacciones más naturales en situaciones como tráfico, cambios de carril o frenadas inesperadas.
Sobre esa base aparece G-ASD, el sistema de conducción inteligente de la marca. Está diseñado para avanzar hacia niveles más altos de asistencia, combinando inteligencia artificial, datos reales de conducción y capacidad de procesamiento para mejorar la seguridad y la confianza al volante.
Otro punto importante es la cantidad de información que el vehículo puede analizar. Al considerar datos de conducción en condiciones reales, el sistema reconoce patrones de tráfico y comportamiento, lo que permite anticipar ciertas situaciones y ajustar su respuesta con mayor precisión. No es algo que se note de inmediato, pero sí cambia la sensación de manejo con el tiempo.
También hay un ajuste en la interacción con el conductor. La inteligencia artificial permite que distintas funciones se activen a partir de instrucciones simples o del propio contexto, sin depender de configuraciones complejas. Esto reduce la atención necesaria en ciertas tareas y hace que el manejo fluya de forma más natural.
Con el paso del tiempo, este tipo de sistemas empieza a modificar hábitos al volante. Algunas decisiones que antes requerían atención constante se vuelven más automáticas, y esa transición, poco a poco, cambia la manera en la que se entiende la conducción.


