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Académico de la UAG plantea usar la inteligencia artificial sin sustituir el pensamiento crítico

Por Staff Códice Informativo - 02/09/2026

Salvador Echeagaray propone aplicar el concepto del “término medio” de Aristóteles y santo Tomás de Aquino al uso educativo de la inteligencia artificial, evitando tanto su rechazo absoluto como una dependencia que limite el esfuerzo intelectual

 Académico de la UAG plantea usar la inteligencia artificial sin sustituir el pensamiento crítico

El uso de la inteligencia artificial en la educación debe encontrar un equilibrio entre aprovechar sus capacidades y evitar que sustituya el pensamiento, la investigación y la escritura de los estudiantes, planteó Salvador Echeagaray, académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), al retomar las ideas filosóficas de Aristóteles y santo Tomás de Aquino.

En su reflexión “El Término Medio y la Inteligencia Artificial”, el académico señala que la IA se ha convertido en una herramienta cada vez más utilizada por estudiantes y profesores para buscar información, redactar textos, resolver dudas y organizar contenidos, lo que abre el debate sobre la forma adecuada de incorporarla a la formación académica.

Echeagaray retoma el concepto del término medio planteado por Aristóteles, según el cual la virtud se encuentra entre dos extremos.

“La virtud consiste en el término medio.”

El académico explica que este principio no implica mediocridad o indiferencia, sino actuar conforme a la razón y elegir aquello que favorece el desarrollo de la persona.

Trasladado al ámbito educativo, identifica dos extremos: rechazar completamente la inteligencia artificial por temor o desconfianza, o depender totalmente de ella hasta dejar de pensar, investigar o escribir de manera autónoma.

Desde esta perspectiva, sostiene que el punto de equilibrio se encuentra en utilizar la IA como una herramienta de apoyo, sin permitir que reemplace las capacidades intelectuales del estudiante.

El texto también retoma la visión de santo Tomás de Aquino, quien incorporó la enseñanza aristotélica a su reflexión sobre la formación humana.

“La virtud moral consiste en el medio determinado por la razón.”

Echeagaray señala que, desde esta postura, la inteligencia artificial no puede considerarse buena o mala por sí misma, pues su valor dependerá de la manera en que sea utilizada.

Cuando contribuye al aprendizaje, la comprensión y la búsqueda de información, puede representar una herramienta positiva; sin embargo, cuando sustituye el esfuerzo intelectual, puede afectar el proceso formativo, plantea.

El académico también advierte sobre los riesgos de ambos extremos. Por una parte, rechazar totalmente la IA podría impedir que estudiantes y docentes aprovechen recursos para acceder a información, generar ejemplos, resumir textos o personalizar actividades de aprendizaje.

Por otra, un uso excesivo puede generar dependencia. Como ejemplo, señala que un estudiante que copie respuestas generadas por inteligencia artificial sin comprenderlas limita su capacidad crítica y delega parte del proceso intelectual necesario para aprender.

Ante este escenario, Echeagaray considera que la prudencia debe ser uno de los principios que orienten el uso educativo de estas tecnologías.

Entre las prácticas que propone se encuentran utilizar la IA como apoyo para la investigación, verificar la información obtenida, mantener la lectura y escritura personal, desarrollar el pensamiento crítico y fomentar la creatividad y la reflexión propia.

“La IA puede ayudar a aprender, pero no puede aprender por nosotros. Puede ofrecer información, pero no sustituye el juicio humano”, señala.

El académico concluye que el uso de la inteligencia artificial debe evitar tanto el rechazo absoluto como la dependencia completa y mantenerse como una herramienta al servicio de las capacidades humanas.

“El verdadero progreso educativo no consiste en que las máquinas piensen por el estudiante, sino en que ayuden al estudiante a pensar mejor.”


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