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Aurelie Mathigot y Aurelia Mendoza Guzmán: Francia y la tradición otomí se encuentran en Villa Progreso

Por Mánelick Cruz Blanco - 18/08/2026

La artista francesa y la artesana otomí retoman una colaboración iniciada en 2023 para crear nuevas piezas con fibra de maguey, tejido y tintes naturales desde el Taller Ixartte.

 Aurelie Mathigot y Aurelia Mendoza Guzmán: Francia y la tradición otomí se encuentran en Villa Progreso

En Villa Progreso, Ezequiel Montes, dos mujeres nacidas en continentes distintos volvieron a encontrarse alrededor de una misma materia: la fibra de maguey.

Por un lado está Aurelie Mathigot, artista francesa dedicada al arte y la investigación textil; por el otro, Aurelia Mendoza Guzmán, artesana otomí que aprendió el oficio dentro de una familia que lleva generaciones trabajando las fibras naturales.

Su encuentro no es nuevo. Comenzó en 2023, cuando Querétaro participó en el proyecto Visión y Tradición de Design Week Mexico, una iniciativa que vinculó a diseñadores franceses con artesanos queretanos para desarrollar piezas en colaboración.

Aquella primera experiencia derivó en una colección que fue presentada en el Museo Nacional de Antropología y posteriormente llegó a otros espacios, entre ellos el Museo de Arte de Querétaro y la Casa de México en Madrid.

Pero Aurelie y Aurelia mantuvieron el contacto.

Ahora, tres años después de aquel primer encuentro, la artista francesa regresó al Taller Ixartte para una segunda residencia.

“Lo más interesante es la continuidad”, se explicó durante el recorrido por el taller.

Esta vez, la intención es llevar la colaboración hacia piezas más cercanas a la vida cotidiana.

“Lo que se pretende ahora es que se puedan hacer piezas, pues un poquito más comerciales para que sean un poquito más accesibles a la gente, que las puedan comercializar de una manera más sencilla”, explicó Aurelia Mendoza Guzmán.

El trabajo contempla un tapete, una silla tejida y una pieza decorativa o colgante.

Todas parten de la fibra de maguey o ixtle, pero cada una explora diferentes posibilidades del tejido, la geometría, los colores y las técnicas artesanales.

Para Aurelie Mathigot, la residencia también representa una oportunidad para investigar las posibilidades del arte textil y valorar los conocimientos que existen alrededor de las técnicas tradicionales.

“No hago la producción, hago la investigación sobre cómo desarrollar los saberes y valorizar las cualidades de transmisión, de conocimientos y de saber hacer tradicional”, explicó en declaraciones realizadas originalmente en francés y traducidas al español durante la entrevista.

Su interés también está relacionado con la antropología del textil.

“El textil tiene la historia del mundo. Todos usamos textiles”, expresó.

Una tradición familiar

 

Aurelia Mendoza Guzmán pertenece a una familia que ha mantenido este oficio durante generaciones.

El taller fue fundado por su padre, quien actualmente tiene 91 años.

“Nosotros ya somos como la cuarta generación y ahorita anda la quinta generación”, relató.

El conocimiento se ha transmitido entre padres, hijos, hermanos y sobrinos.

“Es herencia familiar. Los papás, los abuelos, los bisabuelos”, explicó.

Actualmente, alrededor de siete integrantes de la familia trabajan en el taller, mientras otros familiares han desarrollado sus propios espacios.

Pero conservar la tradición también ha implicado adaptarse a los cambios.

Anteriormente, la familia elaboraba principalmente productos para el campo, como ayates, mecapales y morrales.

“Después como que cambió esa venta, porque vino el plástico y tumbó el producto natural”, recordó Aurelia.

La respuesta fue innovar.

“Nosotros nos vimos en la necesidad de innovar productos para seguir manteniendo viva la tradición”, explicó.

Hoy, en el Taller Ixartte se elaboran bolsas, muñecas, piñatas, nacimientos, estropajos, cepillos, alhajeros, caminos de mesa y diferentes objetos decorativos.

Esta innovación, además, va de la mano con Gaby Prieto, integrante de Cluster de Industrias Creativas de Querétaro y vínculo con Design Week México.

Del maguey al hilo

Antes de convertirse en una pieza, la fibra atraviesa un largo proceso.

Se desenreda, se peina y posteriormente pasa al torno para convertirse en hilo.

Las herramientas también han evolucionado.

Aurelia conserva instrumentos utilizados por generaciones anteriores y explica cómo el trabajo se ha ido modificando para hacerlo más eficiente, sin abandonar sus bases.

“Fuimos mejorando porque las bases las traemos, pero fuimos modificando, mejorando para poder hacer piezas únicas o diseños diferentes a lo tradicional, pero sin perder la base, que es la tradición del proceso de la fibra”, explicó.

Ese equilibrio entre innovación y tradición es justamente uno de los puntos de encuentro con Aurelie.

Colores que requieren tiempo

La experimentación también ocurre con los colores.

En el taller se utilizan elementos naturales como cempasúchil, pashle, cáscara de nuez y granada para obtener distintas tonalidades.

“Todos estos sueltan color, pueden ser semillas, pueden ser frutos, cortezas, sueltan color y nosotros nos encargamos de teñir para que salgan diferentes tonos”, explicó Aurelia.

Pero los colores no aparecen de inmediato.

“Los procesos naturales llevan tiempo”, señaló.

Algunos requieren cinco o 15 días, mientras que ciertos tonos especiales pueden permanecer en maceración durante meses.

“Dejamos a veces hasta un año para que podamos obtener un tono especial y único y ya no se repite hasta que lo volvamos a hacer. Son colores únicos”, explicó.

El tiempo es parte de la pieza.

“No es como una pintura industrial que rápido la pintas y esta lleva tiempo”, añadió.

Dos continentes, una misma fibra

 

La colaboración entre Aurelie y Aurelia no consiste simplemente en reproducir un diseño.

Las ideas se transforman durante el proceso.

Se prueban colores, se modifican formas, se revisan técnicas y se experimenta con las posibilidades de la fibra hasta encontrar el resultado.

Aurelie llega desde Francia con su experiencia en arte textil e investigación; Aurelia aporta el conocimiento técnico de una tradición otomí aprendida dentro de su familia.

Son dos historias distintas que coinciden en un mismo oficio.

Para Aurelie, además, trabajar en armonía es fundamental.

“Para mí trabajar es muy importante, pero trabajar en armonía es lo mejor”, expresó.

Y quizás ahí está la esencia de esta residencia.

Dos mujeres nacidas en continentes distintos, con historias y lenguajes diferentes, encontraron un punto de encuentro en una fibra que durante generaciones ha formado parte de la vida de una comunidad otomí de Querétaro.

El resultado busca demostrar que la tradición puede transformarse sin perder su identidad.

Que una técnica heredada puede convertirse en diseño contemporáneo.

Y que, a veces, dos caminos que comienzan a miles de kilómetros de distancia pueden terminar encontrándose alrededor de un mismo hilo.


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