Cómo influye el clima en tu forma de manejar
Hay temporadas donde manejar exige más atención desde el momento en que arranca el coche y eso finalmente cambia la forma de ocupar la ciudad, la carretera y las horas que pasan detrás del volante.
Hay mañanas donde el trayecto de siempre cambia por completo desde que se enciende el coche. El volante se siente frío, los vidrios tardan más en desempañarse y la ciudad parece moverse con otro ritmo mientras todos intentan adaptarse al clima. En temporada de lluvias aparecen frenadas más largas, charcos que obligan a corregir la trayectoria y tráfico detenido por pequeños percances que normalmente no pasarían en asfalto seco. Por otro lado, cuando llega el calor, el manejo se vuelve pesado y más cuando el auto ha estado detenido bajo el sol, sobre todo en trayectos largos o avenidas donde el aire caliente se queda atrapado entre coches y pavimento. La forma de conducir cambia como cambian las condiciones atmosféricas.
En carretera esas diferencias suelen sentirse todavía más rápido. Manejar con lluvia intensa obliga a leer el camino con más atención porque la visibilidad baja, las líneas del pavimento desaparecen por momentos y cualquier movimiento brusco nos pone alertas. Algunos conductores reducen automáticamente la velocidad cuando perciben que habrá neblina más adelante y otros prefieren dejar más espacio entre coches aunque el tráfico avance lento. Muchas decisiones terminan apareciendo casi por costumbre después de manejar varias temporadas bajo las mismas condiciones, ya sean de calor, lluvia o frío.
También cambia la relación con el propio coche dependiendo de la época del año. Durante los meses de lluvia empieza a importar más que los limpiaparabrisas funcionen bien o que las llantas mantengan suficiente agarre sobre pavimento mojado. En temporada de calor mucha gente revisa el aire acondicionado antes de salir o evita ciertos horarios porque manejar durante la tarde puede sentirse agotador incluso en recorridos cortos. Poco a poco aparecen hábitos que terminan integrándose a la rutina sin demasiada conciencia, por ejemplo, cargar agua antes de salir, revisar el clima antes de tomar carretera o guardar una chamarra ligera porque la temperatura cambia entre distintas zonas de la ciudad.
Hay temporadas donde manejar exige más atención desde el momento en que arranca el coche y eso finalmente cambia la forma de ocupar la ciudad, la carretera y las horas que pasan detrás del volante.


