×

Busquedas Populares



Busca por fecha


×

Opinión



Secciones




Silencio que congrega: más de 7 mil penitentes toman Querétaro en la Procesión del Silencio

Por Mánelick Cruz Blanco - 03/04/2026

La Procesión del Silencio reunió a más de 7 mil participantes en el Centro Histórico de Querétaro, donde el silencio, la fe y el comercio convivieron en una noche que combinó tradición religiosa, derrama económica y ocupación total de espacios públicos como el Jardín Zenea.

 Silencio que congrega: más de 7 mil penitentes toman Querétaro en la Procesión del Silencio

La noche del Viernes Santo, en el Centro Histórico de Querétaro, más de 7 mil penitentes integrados en distintas hermandades participaron en la tradicional Procesión del Silencio, una de las expresiones religiosas más importantes del estado y que en 2026 alcanzó  60 años de organización formal.

Las calles principales fueron cerradas para dar paso a un recorrido que se extendió por varias horas, en el que miles de espectadores se concentraron a lo largo de la ruta. Sin embargo, el punto de contraste fue el Jardín Zenea, donde la actividad no se detuvo.

Ahí, la explanada se llenó de mercados gastronómicos, venta de artesanías y flujo constante de visitantes, generando una escena paralela: mientras la procesión avanzaba en silencio, el corazón comercial del Centro Histórico mantenía un ritmo activo, impulsado por la alta afluencia propia del periodo vacacional de Semana Santa.

Pero bastaba avanzar unos metros hacia el paso de las hermandades para que el ambiente cambiara por completo.

El sonido de los tambores marcaba el paso de contingentes organizados, muchos de ellos conformados por decenas o incluso cientos de integrantes. Vestidos con túnicas y capuchas, los penitentes caminaban en formación, algunos descalzos o cargando cruces, en actos individuales de penitencia.

El silencio, lejos de ser ausencia, funcionaba como elemento central del rito.

En términos teológicos, la procesión conmemora la Pasión y muerte de Jesucristo, y se inscribe en el Viernes Santo como un acto de duelo colectivo. También simboliza el acompañamiento a la Virgen María en su dolor, lo que explica la solemnidad absoluta que caracteriza el recorrido.

En Querétaro, esta tradición ha crecido hasta convertirse no solo en un evento religioso, sino en un fenómeno social que articula fe, turismo y economía local. La ocupación del espacio público, la instalación de comercio temporal y la llegada de visitantes generan una dinámica donde lo espiritual y lo cotidiano coexisten.

De regreso al Jardín Zenea, el contraste vuelve a imponerse: familias consumiendo, vendedores ofreciendo productos, música y conversación. A unas calles, el silencio continúa su marcha.

Y en medio de esa dualidad, la ciudad se sostiene: entre el ruido que vive y el silencio que recuerda.


Otras notas



De nuestra red editorial