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El voto en México, una historia de conquistas

Por Raúl Mendoza Bustamante - 08/04/2024

Durante una gran parte de las primeras décadas del México independiente, los gobiernos del país estuvieron dominados por la designación de líderes únicos

 El voto en México, una historia de conquistas

Aunque la democracia en México tiene diversos aspectos por perfeccionar, lo cierto es que ha transitado un largo camino de conquistas y avances que le han permitido lograr, cada vez más, mayor legitimidad.

Del autoritarismo a la “dictadura perfecta”

Durante una gran parte de las primeras décadas del México independiente, los gobiernos del país estuvieron dominados por la designación de líderes únicos sin que hubiera un proceso democrático para su llegada al poder. Lo anterior permitió la instauración de dictaduras, como la de Antonio López de Santa Anna, o la de Porfirio Díaz, que a la postre desencadenaría la Revolución Mexicana.

Fue durante el dominio de Díaz que México experimentó sus primeras votaciones en 1911, proceso por el que fue electo Francisco I. Madero, el primer presidente electo de manera democrática, aunque su gobierno duró poco luego de ser traicionado por Victoriano Huerta quien tomó el poder mediante un golpe de Estado.

El grupo que tomó el poder tras la victoria revolucionaria mantuvo su dominio de manera férrea, permitiendo la creación del Partido Nacional Revolucionario (PNR) en 1929, el cual se convertiría en el Partido de la Revolución Institucional (PRI) en 1946 y que dominaría el panorama político del México moderno por más de 70 años.

A este régimen se le denominó la “dictadura perfecta”, pues aunque había elecciones, las posibilidades de que el partido perdiera el poder eran mínimas, ya que desarrolló un eficiente aparato de clientelismo político, en el que aseguraba que los ciudadanos votaran por sus candidatos a cambio de beneficios.

1939: La llegada de la oposición

A pesar del férreo control del partido revolucionario, en 1939 se fundó el Partido Acción Nacional (PAN), el primer partido de oposición posrevolucionario, y en 1947 ganó su primera presidencia municipal, en Quiroga, Michoacán.

Sin embargo, tuvieron que pasar muchos años para que esta institución lograra hacerse de una gubernatura. La oportunidad llegó en Baja California, donde Acción Nacional ganó en 1989, gracias en gran medida a la tensión que se generó tras las elecciones de 1988 y las acusaciones de fraude electoral.

1953: El voto de la mujer

A pesar del poco avance democrático durante este periodo, en 1953, bajo el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines, se emitieron las reformas constitucionales necesarias para que las mujeres pudieran emitir su voto a nivel federal, y fue en las elecciones del 1955 cuando por primera vez las mujeres emitieron su voto para la elección de diputados federales.

A pesar de ello, tuvieron que pasar varios años para que las mujeres pudieran votar de manera libre, ya que los maridos aún ejercían control sobre las decisiones de sus esposas, impidiendo en muchas ocasiones que acudieran a las urnas.

1988: El cisma

La elección presidencial de 1988 fue un parteaguas para la democracia del país, luego de que Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del expresidente Lázaro Cárdenas, desafiara la hegemonía del partido único, al intentar ganar la presidencia contra el candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari.

Sin embargo, durante los comicios se presentó una “caída del sistema” que permitía el conteo de votos, y que muchas personas consideraron como un fraude ante la inminente victoria de Cárdenas. En el imaginario colectivo, este fue un fraude orquestado por el partido en el poder a fin de no perder la presidencia, y se desataron diversas protestas que tensaron el ambiente poselectoral.

1990: Creación del IFE y el TRIFE

Esta presión poselectoral derivó en la creación, durante 1990, de dos organismos que tenían por objetivo volver a los procesos electorales más legítimos. Con estos organismos se pretendían combatir las prácticas antidemocráticas que habían caracterizado al sistema electoral mexicano en los años previos.

Con este organismo se creó la primera credencial para votar, la cual tuvo también obtuvo el grado de identificación oficial

Posteriormente, luego de las elecciones del 94 -las cuales transcurrieron en calma a diferencia de las de 1988-, en 1996, se dio una de las reformas electorales más trascendentes, al dotar de autonomía al IFE y quitarle el control que los poderes políticos y gubernamentales ejercían sobre el instituto.

2014: la última gran reforma

Después de las elecciones del 2012, se planteó la necesidad de generar condiciones homogéneas en la organización y desarrollo de los procesos electorales del país, es decir la consolidación de un modelo de elecciones a nivel nacional.

Es así que, aunque pareciera que en México no han existido muchos cambios en la democracia mexicana, esta se ha alimentado de transformaciones importantes que han dotado a la ciudadanía de cada vez más opciones a la hora de ejercer su derecho al voto.


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