¿Cuántas personas se necesitan para mantener un aeropuerto? Un vistazo a las entrañas del AIQ


Por David Eduardo Martínez el 08/01/2020
 ¿Cuántas personas se necesitan para mantener un aeropuerto? Un vistazo a las entrañas del AIQ

El simple hecho de mantener despejada la pista para que no ocurran percances precisa de un equipo atento 24/7 y con capacidad para garantizar condiciones óptimas a los despegues y aterrizajes, ¿quiénes desempeñan estas labores en el Aeropuerto Intercontinental de Querétaro?

A simple vista no lo parece, pero se necesitan más de 3 mil personas para garantizar el funcionamiento de un aeropuerto como el Intercontinental de Querétaro (AIQ). Esta cifra, por supuesto, cobra sentido cuando caemos en la cuenta de que en el de la Ciudad de México, por ejemplo, trabajan 35 mil personas, mientras que en los hubs aeronáuticos más importantes del mundo, como el aeropuerto de Atlanta o el de Dallas/Fort Worth, el personal llega hasta los 60 mil elementos.

Para quien no conoce a profundidad lo que implica hacer funcionar un aeropuerto, estas cifras pueden parecer exageradas, pero no lo son en absoluto. El simple hecho de mantener despejada la pista para que no ocurran percances precisa de un equipo atento 24/7 y con capacidad para garantizar condiciones óptimas a los despegues y aterrizajes que tienen lugar aquí. Esta es solo una de tantas actividades que se requieren para proporcionar un servicio eficiente que permita a los pasajeros viajar con seguridad y certeza de que sus pertenencias llegarán con ellos a su destino.

Un trabajo que pocas personas consideran cuando piensan en los aeropuertos es la operación del aerocar. Se trata de una especie de autobús que traslada a los pasajeros desde la terminal hasta la escalera que les permitirá el ingreso a sus aeronaves. Se utiliza sobre todo en vuelos pequeños y es una forma muy útil y práctica de trasladar pasajeros y equipaje por las pistas de despegue. Aunque parece una actividad sencilla, se necesitan unos sentidos muy agudos y una alta capacidad de concentración para realizarla.

Alejandro Flores llega todos los días a las 8:00 a.m. para conducir el aerocar en el AIQ. Es la primera vez que trabaja en un aeropuerto y cuenta que manejar aquí es muy distinto a hacerlo en carretera. Un error puede costar no solo tu vida, sino la de los pasajeros, pues compartes el terreno con vehículos que fácilmente, te superan diez veces en peso y velocidad.

No obstante, agradece que en el AIQ nunca se hayan presentado accidentes graves y que, por lo general, haya un respeto por el trabajo que garantiza a los pasajeros que, dentro del aerocar, estarán totalmente seguros.

El señor Arnoldo Reséndez desde hace doce años está en el departamento de seguridad del AIQ y desde hace tres, lo dirige, su trabajo exige de él que siempre esta alerta y que sospeche del menor movimiento en falso. Con una muy breve sonrisa en los labios, Reséndez señala que, por lo general, el AIQ permanece libre de incidentes.

Parecida, pero diferente, es la labor de quienes trabajan en el Sistema de Gestión de Seguridad Operacional. Aunque por el nombre de su tarea, a quienes trabajan en este departamento se les puede confundir con quienes se encargan de la seguridad general del aeropuerto, el ingeniero Hugo Otero, supervisor de ésta área, señala que en el mundo anglosajón esto no es así debido a una cuestión semántica.

«Los angloparlantes distinguen entre safety y security, lo que hacen los policías y el otro personal de seguridad es security, lo que nosotros hacemos es safety».

La diferencia entre ambos conceptos está en que security tiene que ver con prevención de riesgos humanos, principalmente de tipo criminal, mientras que safety, integra también monitoreo de las condiciones climáticas, verificación del estado de las pistas e incluso patrullaje para que no haya animales en las zonas donde se realizarán despegues y aterrizajes.

Con tres años de experiencia en el AIQ, Otero coordina a quienes se responsabilizan de estas cuestiones. Su personal vigila incluso cosas como la condición de las rampas y que el personal del aeropuerto de seguimiento a los manuales de seguridad. Se trata, en resumen, de una de las áreas más demandantes dentro del aeropuerto, pues del buen trabajo de estas personas depende en gran medida que no haya accidentes ni en la pista ni en el aire.

Antes de trabajar en el AIQ, Otero estuvo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde las condiciones eran aún más estresantes, dada la cantidad diaria de vuelos.

El trabajo de Hugo Otero no podría realizarse sin labor que realizan personas como Luis Fernando Berges, quien se desempeña como jefe de estación para las aerolineas Volaris y United Airlines. Para Berges, los días comienzan a las 4:00 a.m. cuando él y las 52 personas a su cargo comienzan a revisar datos de aeronaves y cerciorarse de que las que partirán se encuentran abastecidas de combustible.

Más adelante, un pelotón de maleteros se pone a las ordenes de Berges y su segundo al mando, el oficial de operaciones, quien además, supervisará detalles como el peso de las aeronaves y, en caso de ser necesario, redirigirá equipajes para evitar las sobrecargas. Aunque parece superfluo, este punto del trabajo es delicado, pues de él depende, por ejemplo, que no se pierdan maletas y que muchos pasajeros se ahorren disgustos por esta razón, pero también tiene implicaciones en seguridad, pues un avión sobrecargado es un avión inseguro.

Aunque Berges termina su agotadora jornada al atardecer, su personal permanece en aeropuerto hasta la madrugada. Para esto, es necesario repartir a los trabajadores en tres turnos: uno de 4:00 a 13:00, otro de 12:00 a 21:00 y uno más de 18:00 a 2:00. El aeropuerto, como podemos ver, nunca duerme. Esto, no obstante, está lejos de ser un obstáculo para que personas como el jefe de estación califiquen la labor en el mismo de “adictiva”.

«Trabajar aquí es una adicción. Yo ya había estado en el AICM, luego en el Aeropuerto del Bajío y en el de Cancún. Un tiempo me quise salir de esto, pero no pude. Extrañaba mucho estar acá, aunque es un trabajo muy pesado donde con trabajos hay hora de comida, aquí me tienen ahora», dice Berges en medio de risas, mientras acaricia su anillo de matrimonio.

Como podemos apreciar, un importante número de operaciones aeroportuarias requieren una gran capacidad de concentración y, además, una amplia resistencia al estrés. Los anteriores son algunos de los trabajos más complejos en el mantenimiento de un aeropuerto, pero hay otros igualmente demandantes, como la operación de la torre de control, donde grupos de cinco personas se reparten igualmente en turnos de tres una labor que es 24/7.

También están, por supuesto, los y las sobrecargos, así como los pilotos de las aeronaves, por no mencionar a los empleados de mostrador y al personal de mantenimiento, que se encarga de verificar desperfectos tanto en aeronaves como en instalaciones del aeropuerto.

De momento, el AIQ tiene poco personal si se le compara con aeropuertos más grandes, pero eso está indudablemente por cambiar. El propio Luis Fernando Berges sostiene que, en menos de un año, el personal a su cargo se duplicó y no es el único. Otros trabajadores sostienen que diario ven en el aeropuerto caras nuevas, lo cual se explica perfectamente por la constante expansión que ha tenido desde que se originó hace quince años.

¿Qué hacer para evitar que se convierta en un caos? De momento, valorar el trabajo, sudor y, sobre todo, amor por la profesión que muestran las cerca de 3 mil personas que, día a día, vienen al AIQ para facilitar los vuelos y reunir así familias, amistades y negocios desde la ciudad de Querétaro.

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