Travestismo y resistencia, una reflexión sobre la perspectiva de género


Por Staff Códice Informativo el 19/10/2017
 Travestismo y resistencia, una reflexión sobre la perspectiva de género

Foto: Paulina Guerra

Texto: Nivardo Trejo   Señora, si la belleza Que en vos llego a contemplar Es bastante a conquistar La más inculta dureza,   ¿Por qué […]

Texto: Nivardo Trejo

 

Señora, si la belleza

Que en vos llego a contemplar

Es bastante a conquistar

La más inculta dureza,

 

¿Por qué hacéis que el sacrificio

Que debo a vuestra luz pura

Debiéndose a la hermosura

Se atribuya al beneficio?

 

Cuando es bien que glorias cante,

De ser vos, quien me ha rendido,

¿Queréis que lo agradecido

Se equivoque con lo amante?

 

Vuestro favor me condena

A otra especie de desdicha,

Pues me quitáis con la dicha

El mérito de la pena.

 

Si no es que dais a entender

Que favor tan singular,

Aunque se puede lograr,

No se puede merecer.

 

Con razón, pues la hermosura

Aun llegada a poseerse,

Si llega a merecerse,

Dejara de ser ventura…

 

¿Podría el lector adivinar el género de la voz lírica (el yo que escribe) en este extracto de redondilla? Si el primer verso comienza con el nominativo ‘Señora’ entonces habría que suponer que se trata de una voz masculina la que se dirige en apóstrofe (figura literaria que consiste en dirigir la palabra a alguien) a un sujeto femenino ¿cierto?

Pues bien, estamos ante un caso de travestismo textual donde el escritor adopta la estrategia narrativa-discursiva de ocultar su identidad sexual y, a la vez, implica cierta negación autoral, un desplazamiento de la voz para evitar la desinencia que revela el género de quien enuncia. Se trata de la redondilla Favorecida y agasajada teme su afecto parezca gratitud y no fuerza de Juana Inés de la Cruz (1651-1695), que dedicó desde su celda a la Virreina de México, María Luisa Gonzaga Manrique de Lara, condesa de Paredes. La finalidad de este truco literario puede responder a múltiples causas: el amor que sentía Juana Inés por la virreina; su admiración y agradecimiento; la correspondencia a un encargo literario, en fin. Lo que queremos hacer notorio, es la necesidad de la escritora de ocultar su identidad, la falta de libertad para poder singularizar sus afectos y la teatralidad de la identidad para desestabilizar el género como algo ‘natural’ o ‘esencial’. En realidad, el travestismo de la autora funciona como una máscara que revela más de lo que oculta, en tanto que expresa un deseo o una fantasía escondidos.

Al respecto, la profesora Marjorie Garber en su texto Vested Interests: Cross-dressing and Cultural Anxiety (1991) explica que el travestismo es un terreno de posibilidades que estructura y desorganiza la cultura en la que interviene un elemento de ruptura, no solamente en el ámbito de lo masculino y lo femenino, sino la crisis de la condición en sí. Actualmente no hay duda de que Juana Inés experimentó discriminación por haber sido mujer, por pertenecer a una clase acomodada, por ser monja, tal vez ser lesbiana, por ser escritora, por estar considerada como intelectual, etc. Pagó caro el haber desestabilizado los órdenes en los que se encontraba inserta, pues resultaba ser un sujeto inaprehensible a causa de las ‘rarezas’ contenidas en su forma de ser, su identidad. A la luz del siglo XXI, Juana Inés sería un personaje interseccional (combinación de identidades que permite la desigualdad) que a través de mecanismos como el arte literario, el disfraz, la negación, la asimilación, resistió a los sistemas de dominación, opresión y discriminación de su época. Su ganancia: permanecer petrificada en los billetes de doscientos pesos para que su legado, y mucho menos el hecho de que era una monja, no sea olvidado.

Nos preguntamos aquí: ¿cuántos artistas, escritores, creativos han recurrido al mecanismo del travestismo para tener la libertad de expresión que necesitan? Mejor aún: ¿cuántos de nosotros hemos tenido que disfrazar o adaptar nuestras formas para poder pertenecer y permanecer? Las respuestas a cuestiones como esta tendrían que venir de una revisión y observación con perspectiva de género. Cuando el contexto, la situación o la problemática que determina a los individuos tiene que ver directamente con la condición de ser mujer o ser hombre, hablamos de una circunstancia que compete a una resolución con perspectiva de género.

Frida Kahlo (1907-1954), pintora y escritora mexicana que hoy en día sería llamada artista visual y conceptual, echó mano de las estrategias del travestismo para lograr resistir al sistema, tanto estético y cultural, como social y político que la pretendían dominar. En cuanto a su corporalidad, dejó crecer el vello en su rostro: cejas y bigote.  Vistió en numerosas ocasiones atuendos masculinos como pantalones, sacos y corbata. Cruzó las fronteras del deseo estrenándose en expresar su placer por estar íntimamente con hombres o con mujeres. En este caso, el travestismo no es textual sino corpóreo, es decir, se lleva a cabo con y a través del cuerpo. En ambos casos, tanto el de Juana Inés como el de Frida, la fórmula del sistema neoliberal las engulló: las trivializó, hizo banal su arte y perpetua su imagen como figurines de impresión en billetes, bolsas de mandado, camisetas de algodón e imanes de refrigerador.   

Claro ejemplo del efecto máscara que nos ocupa, en una forma peculiar de enunciar y sustituir el deseo homosexual por la norma heteropatriarcal, es Juan Gabriel (1950-2016). En su lírica, la forma de suprimir la identidad sexual (vivencia interna e íntima de cada persona de decidir con quién comparte su sexualidad) y dirigirse siempre a un sujeto femenino, corresponde a una suerte de artificio para ocultar quien realmente se es: travestismo lírico.  Paradójicamente, el cantautor de Michoacán interpretó diversos géneros populares como balada, ranchera, pop, música norteña, rumba flamenca, huapango, salsa, balada sinaloense, disco y big band. Su música es del gusto de hombres y mujeres por igual. Lo cierto es que nunca pudo llevar esa diversidad a su letrística y dirigirse de forma explícita hacia un hombre.

Nos queda claro que desde el siglo XVII hasta nuestros días no asumir una posición de subordinación ante la masculinidad hegemónica o bien, negar su legitimidad, problematiza la jerarquía de las relaciones de poder entre los individuos. Juana Inés, Frida y Juan Gabriel llevaron a cabo una suerte de resistencia por medio del arte de las letras, la pintura y la música popular. El travestismo es un espacio simbólico que abre las posibilidades de poder ser y estar en el mundo. Es un trayecto que no muchos se atreven a andar. Es un ámbito fértil para los estudios de género. Es una invitación a romper con lo que a alguien se le ocurrió que era propio de las mujeres y de los hombres.

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