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»México y los sueños del libre mercado, a 23 años del TLCAN



Por: Raúl Mendoza Bustamante
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Carlos Salinas de Gortari junto a George Bush y Brian Mulroney en la firma del TLCAN / Foto: Archivo

Hace 23 años México cambió radicalmente la manera de interactuar comercialmente con otras naciones al suscribir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Estados Unidos, una de las potencias económicas más importantes del mundo, y Canadá, país del que los mexicanos no teníamos muchas nociones, pero que también figuraba como una economía importante a nivel internacional.

En aquellos días, las voces de alarma entre los pequeños productores y economistas que apostaban al proteccionismo, alertaron que firmar este tratado significaría el cierre de diversas empresas que no soportarían enfrentarse en un ‘mano a mano’ con las grandes compañías estadounidenses. Contrarios a estos vaticinios adversos, los amantes del libre mercado auguraban una gran revolución económica en el país que permitiría a México ingresar de forma definitiva al primer mundo y convertir al mercado interno en uno de clase mundial.

Sin embargo, ni una ni otra opción podía afirmarse al carecer de elementos probatorios que solo la experiencia podía brindar; pese a esto, a poco más de dos décadas de su implementación, y ante la inminente posibilidad de que el TLCAN llegue a su fin por decisión de Donald Trump, es conveniente analizar los efectos negativos y positivos que este acuerdo tuvo para México, y las implicaciones que tendría para el país el cese del comercio masivo con los Estados Unidos.

 

1994, la neoliberalización del mercado

Durante su sexenio, Carlos Salinas de Gortari mantuvo una agresiva política neoliberal que incluyó la decisión de reducir las operaciones y el control del Estado en la mayor parte de las actividades económicas del país, un camino empezado por Miguel de la Madrid.

De las mil 115 compañías estatales que existían en 1982, a finales de 1991 más del 80 por ciento habían sido desincorporadas. Su apuesta por el libre mercado y ‘la mano invisible’ no se limitó a la venta de las empresas estatales, y en 1994, tras un periodo de gestión importante, su administración llevó a cabo una de las acciones más importantes en materia económica para el país de la segunda mitad del siglo XX en adelante.

En la gestión de Salinas, se redujeron gradualmente las restricciones a las inversiones extranjeras, así como las tasas arancelarias y la fijación de precios oficiales, lo cual allanó el camino para que se pudiera llevar al cabo la firma del TLCAN. Las negociaciones para este tratado, el cual entró en vigor a partir del 1 de enero de 1994, comenzaron en 1990; el acuerdo establecía de manera primordial eliminar las barreras arancelarias por un periodo de 10 años y flexibilizar las inversiones extranjeras.

Los efectos no se hicieron esperar y, en los primeros años de vigencia del tratado, el país aumentó un 20 por ciento su Producto Interno Bruto (PIB), y 10 años más tarde un 80 por ciento del total de sus exportaciones eran manufactureras, de acuerdo con datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), lo cual, de entrada, redujo la dependencia de México a las exportaciones petroleras.

 

La bonanza no fue para todos

Pese a la bonanza en el sector manufacturero del país y de algunas empresas específicas, la firma del TLCAN trajo efectos adversos, no solo a la población en general, que vio reducido su ingreso per cápita, situación que a la larga potenciaría la brecha entre ricos y pobres, sino también para uno de los sectores claves del país y de cualquier economía: el campo. Con la apertura comercial y la derogación de las protecciones arancelarias, los precios de distintos productos disminuyeron de manera significativa, por lo que era más barato importar maíz que sembrarlo; las únicas empresas que podían competir con estas condiciones eran las grandes compañías y no los pequeños productores.

En el panorama laboral, a fin de que se pudiera atraer la mayor inversión extranjera posible, comenzó la pauperización de los salarios, lo cual convirtió a México en un país con mano de obra mal pagada que prometía a las empresas abaratar sus costos de producción. México actualmente es el país con una de las manos de obra peor pagadas en el mundo: en promedio, un trabajador del sector manufacturero gana 3.92 dólares por hora, mientras que en Estados Unidos el pago ronda los 20.44 dólares, de acuerdo con datos del Inegi y del BLS (Bureau of Labor Statistics).

Y si los datos no son convincentes, la realidad es mucho más reveladora: hoy en día la mayor parte de la población solo puede aspirar a comprar un auto o una casa mediante el crédito, cuando hace 30 años la forma más sencilla de hacerlo era por medio un poco de disciplina financiera.

 

Lo que está en juego

Pese a los aspectos negativos del acuerdo, es innegable que el país ha encontrado en Estados Unidos y Canadá un área de comercio fuerte, pues en 2016 las exportaciones a estos países representaron el 84 por ciento del total de productos vendidos por el país, con ingresos por 313 mil millones de dólares. Además, de cada 100 dólares de intercambio comercial, 66 son con EUA y Canadá, lo que equivale al 48 por ciento del PIB nacional.

De igual forma, la industria automotriz y de autopartes ha vivido un auge impresionante a raíz de la firma del tratado, pues la primera factura 44 mil 920 millones de dólares por concepto de exportación de autos ligeros, y 41 mil 381 millones de dólares se facturan en autopartes.

En el campo de las inversiones, Canadá y Estados Unidos también son fundamentales; el primero es el cuarto mayor inversor en el país, mientras que el segundo acapara el 46 por ciento de la Inversión Extrajera Directa (IED) total, lo que lo coloca como el principal inversor de México. De terminarse el acuerdo de libre comercio con estas naciones, miles de empleos terminarían, y el déficit económico pondría a nuestro país en la antesala de una crisis financiera que tendría implicaciones graves para nuestra economía.

 

China y América Latina, los posibles nuevos horizontes de la economía mexicana

Ante la posible salida de Estados Unidos del TLCAN, a México le queda el mantra de que las «épocas de crisis son épocas de oportunidad», por lo que, a fin de paliar los posibles efectos adversos, México debe buscar nuevos mercados con los cuales establecer alianzas comerciales.

Hace apenas unos días, a inicios del mes de septiembre, Xi Jinping, presidente de China, se mostró a favor de estrechar los lazos comerciales con México. Por las dimensiones y la capacidad comercial del país asiático, nuestra nación podría encontrar en este a un aliado estratégico para revertir su dependencia de Estados Unidos.

En el otro polo se encuentra la eterna posibilidad de estrechar lazos comerciales con América Latina y crear un bloque comercial con los principales países del Cono Sur, aspiración que se ha manejado por varios años, pero que hasta el momento no ha podido concretarse en un proyecto sólido.

Ante este escenario, sin desestimar la importancia económica estadounidense, sería conveniente plantearse, en la víspera de la resolución definitiva del tratado, por cuántas décadas más habrá México de depender de los norteamericanos. La respuesta es incierta, pero habrá que comenzar a construirla en los próximos días.