Experiencias multidisciplinarias y sociales para el aprendizaje: un puente entre la escucha y la propuesta

Como docentes, enfrentarnos al reto de diseñar ejercicios de clase que resulten en una actividad aplicada, situada y además interesante para nuestros grupos no es una tarea sencilla

Como docentes, enfrentarnos al reto de diseñar ejercicios de clase que resulten en una actividad aplicada, situada y además interesante para nuestros grupos no es una tarea sencilla. La tarea se vuelve aún más interesante, además, al querer incorporar metodologías que se conviertan en el puente para que los retos académicos tengan un componente social y multidisciplinario. Y, sin embargo, cuando se logra, resulta en experiencias que se convierten en un aprendizaje valiosísimo, pero también en vivencias memorables.
El pasado mes de febrero, estudiantes de último semestre de Comunicación y Arquitectura cursaron una clase en conjunto. ¿Qué tienen en común estas carreras? Aunque a primera vista no lo parezca, en realidad comparten mucho, y sobre todo tienen una apuesta en común primordial: ambas se destacan por entender a las comunidades y a los espacios en los que habitan de manera múltiple y compleja, y deben poner a las personas al centro de cualquier proceso. Con esa intersección en mente, y con el reto de diseñar un ejercicio que fuera común, ocho docentes de ambas disciplinas nos pusimos manos a la obra. Además de impartir clases sobre tipologías del espacio, filosofía, imagen, relato y memoria, lanzamos un proyecto particular: ¿cómo proponer actividades para la revitalización de la oferta de un centro cultural enclavado en un barrio típico de la ciudad?
Y con esa misión teníamos un aliado importante: el Centro Cultural Ignacio Padilla de la colonia Fovisste Constituyentes. Este espacio tiene una oferta cultural y artística variada y está a disposición de la colonia, y está a la búsqueda de propuestas nuevas que sobre todo correspondan a quienes habitan el espacio vecinal desde hace décadas.
A partir de investigar, recorrer el espacio y una conceptualización importante, siete equipos de trabajo diseñaron dispositivos de escucha para los vecinos y vecinas que buscaban conocer sus intereses, recuerdos, temores, esperanzas e historias como un ejercicio de recuerdo individual que mapeara al final una memoria colectiva del espacio. Y vaya que lo lograron: algunos estudiantes recuperaron audios llenos de nostalgia por las familias que llegaron, otros cartografiaron paseos y desplazamientos comunes del lugar, algunos más encontraron fotografías originales del espacio y motivaron a la imaginación de quienes lo habitan invitando a pensar nuevas formas de ocupar las calles. Y desde esos hallazgos se lanzaron, como grupo, a realizar propuestas nuevas y llenas de sueños para el Centro cultural que buscan confirmar la identidad de la colonia desde la certeza de que antes de actuar, es importante escuchar con respeto, con cariño y con cuidado a quienes allí habitan.
Si ese es el aprendizaje central del curso, sus docentes habremos cumplido con creces la tarea. Que no se nos olvide nunca que, como dice Roland Barthes, la escucha activa es un acto creativo, de deseo, y que todas las propuestas que realicen nuestros estudiantes al egresar vengan desde esa convicción generosa: que los espacios los crean las personas, y que los recuerdos que los habitan son esenciales para su identidad y preservación.
María José Vázquez de la Mora
Directora nacional del programa de Comunicación
mjvazquem@tec.mx