Semana Mundial de la Inmunización


Por Expertos TEC el 20/04/2022
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 Semana Mundial de la Inmunización

Foto: Archivo

Muchos grupos marginados todavía no tienen acceso a las vacunas hasta el día de hoy, principalmente porque las vacunas a menudo tienen un precio y no todos los Estados pueden pagarlas

La próxima semana es la Semana Mundial de la Inmunización, en la que la comunidad internacional destaca diversos temas a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estos temas tienen la intención crear conciencia sobre la importancia de las vacunas, así como la necesidad de vacunar a los pueblos y comunidades de todo el mundo contra las enfermedades infecciosas.

En tiempos de COVID-19, una mirada renovada a estos tópicos parece muy relevante, ya que todas las personas, en los últimos años, hemos sufrido de varias maneras; entre otras destaca el hecho de que todavía somos muy susceptibles a los brotes de enfermedades. Si crees que estos últimos años han sido malos y nos han influenciado negativamente, imagínate cuánto peor podría haber sido si no tuviéramos vacunas.

Al mismo tiempo, la COVID-19 también nos ha mostrado hasta qué punto nuestros Estados y sociedades se pueden ver afectados en diferentes aspectos, desde la esfera política hasta la socioeconómica. Temas como el cierre de fronteras para proteger a los propios nacionales, la distribución de vacunas en todo el mundo, el acceso a vacunas en los países menos desarrollados y cómo esto ha influido en sus relaciones con el mundo industrializado, la falta de voluntad de ciertos grupos para vacunarse, las teorías de conspiración sobre la “verdadera naturaleza” de las vacunas, han estado en la portada de nuestros periódicos durante los últimos años.

Independientemente de cómo miremos la pandemia, lo único bueno es que al parecer la estamos superado, o como mínimo, hemos aprendido a vivir con ella y me gustaría reflexionar sobre algunos de los temas pendientes que han sacudido a nuestro mundo a lo largo de estos últimos años a través de algunos mensajes que siguen las líneas de pensamiento de la OMS.

El primer mensaje es que las vacunas pueden acercarnos a hacer lo que amamos con las personas que amamos. Yo he sido bastante estricto en seguir las reglas de cuarentena durante la pandemia. Dudaba en estar cerca de las personas, porque el “miedo” a no saber si estaban infectadas, o viceversa, influía en mi psique. No fui a restaurantes, de compras, no salía de mi casa y mantenía cualquier “contacto humano” esporádico y desde una distancia segura. Por otro lado, estar “encerrado” durante tanto tiempo también me enseñó más sobre mí mismo, ya que todos hemos tenido tiempo para pensar en nosotros mismos y ser autorreflexivos.

Los seres humanos somos criaturas sociales y estoy seguro de que mi experiencia en estos años es similar a la de muchas otras personas. Sin embargo, las campañas de vacunación en México y en el mundo nos han permitido, lentamente, comenzar a socializar nuevamente. Darle un abrazo a alguien, ya sea un amigo o familiar que no has visto en mucho tiempo nunca ha parecido tan importante o relevante.

Reuniones familiares, comidas con amigos, volver de compras, a los deportes, todas las diferentes actividades que dábamos por sentado, perdimos y volvimos a encontrar; y yo no podría estar más feliz. En general, son las pequeñas cosas en la vida las que a menudo nos hacen felices y debemos apreciar esos momentos.

En resumen, las vacunas nos han acercado lo más posible a la normalidad en este momento y sin la respuesta “rápida” de la comunidad internacional, quién sabe cuánto tiempo habría tomado. Esto no significa que la pandemia haya terminado, ya que aún debemos seguir las pautas de seguridad, simplemente implica que las vacunas nos han llevado un paso más hacia la normalidad.

El segundo mensaje, que está relacionado con lo anterior, es que las vacunas pueden acercarnos a un mundo donde nadie sufre o muere de enfermedades. Todos hemos sufrido. Todos hemos escuchado historias, directa o indirectamente, de personas que han perdido a seres queridos, mis condolencias, de personas que se han enfermado, de personas que han sufrido, de personas que todavía están lidiando con los efectos de COVID-19. Puedo hablar de ello ya que mi familia también ha lidiado con estas consecuencias, al igual que muchos de ustedes probablemente. Sin embargo, las vacunas nos han apoyado, como posiblemente han ayudado a muchas de sus propias familias y amigos.

En términos generales, el objetivo de una vacuna es proporcionarnos las herramientas para resistir enfermedades infecciosas que de otro modo podrían ser letales para nosotros. Hay muchas enfermedades en el mundo e históricamente debido a no tener las herramientas científicas para lidiar con tales problemas, la humanidad ha sufrido mucho. Basta pensar en la “gripe española”, la poliomielitis y la viruela, cuántas personas sufrieron debido al hecho de que no teníamos la tecnología adecuada para crear vacunas.

Hemos recorrido un largo camino desde estos “tiempos oscuros” en términos del impacto que tienen esas enfermedades, ya que hemos alcanzado tal nivel de avance que casi hemos erradicado muchas de las enfermedades que en el pasado han demostrado ser letales. Casi, porque un problema que aún permanece es el acceso real a las vacunas en todo el mundo. Muchos grupos marginados todavía no tienen acceso a las vacunas hasta el día de hoy, principalmente porque las vacunas a menudo tienen un precio y no todos los Estados pueden pagarlas.

El desarrollo de vacunas sigue siendo un gran negocio y las empresas que investigan y desarrollan no son organizaciones benéficas. Ese es el mundo en el que vivimos; todo tiene un precio y desafortunadamente hay veces que el precio entre la vida y la muerte es una línea muy delgada. Sin embargo, esto no significa que no haya esfuerzos para tratar de llegar a una población lo más grande posible y el trabajo de la OMS en este sentido puede considerarse admirable.

No obstante, el hecho es que todavía hay cuestiones políticas y económicas que deben tenerse en cuenta en la logística de la distribución de vacunas a todos los rincones del planeta, en particular a los grupos vulnerables y marginados, que a menudo consisten en mujeres, niños y personas de la tercera edad.

En conclusión, a pesar de que todavía no hemos alcanzado una tasa de vacunación del 100% para todas las personas del mundo, nos estamos acercando y existen una variedad de campañas internacionales, muchas encabezadas por la OMS, para llevar vacunas a todas las personas del mundo, lo que me lleva al tercer y último mensaje de hoy, con el que personalmente tengo algunos problemas.

El mensaje final es el siguiente: las vacunas pueden acercarnos a un mundo más saludable y próspero. Como mencioné al principio, toda la pandemia ha tenido consecuencias sin precedentes, entre otras en el ámbito económico. Debido a nuestro mundo interconectado, si una parte de la línea de producción, digamos en China, se cierra, toda la cadena de producción sufre. Aunque la economía mundial es, por supuesto, importante, las economías locales también han sufrido. Desde pequeñas empresas hasta personas que necesitan vivir con un salario diario y necesitan salir a trabajar porque de lo contrario no tendrían medios para mantener a sus familias. Todos hemos sufrido, desde lo global hasta lo local.

La pregunta aquí es cómo podemos, o debemos, ver la prosperidad en términos de salud. ¿Qué es más importante? Vivimos en un sistema mundial altamente capitalizado, en el que casi todo se considera una ecuación financiera. ¿Cuánto vale una vida humana? ¿Vale más una vida humana en Europa que una vida humana en México? ¿O en Zimbabue? ¿O en China?

Vivimos en un sistema en el que casi todo está vinculado a tales preguntas y el materialismo es visto como el mayor bien y muestra de nuestro éxito. Sinceramente, me pregunto hasta qué punto podemos ver estos debates desde una perspectiva económica y “próspera”.

Durante la pandemia, vimos cómo muchos Estados, de todo el mundo, actuaron desde su interés nacional, protegiendo lo que creían que era más valioso, en cierto sentido mostrando que la naturaleza de la humanidad es bastante egoísta. ¿Quieres una vacuna?, entonces hay que pagarla, porque la investigación y el desarrollo no son baratos y todavía tenemos que generar una ganancia con las vacunas, y lo sentimos si no pueden pagarlas, pero este es el sistema en el que vivimos.

En mi opinión, el hecho de que uno de los temas principales a nivel internacional sea vincular la importancia de las vacunas a la prosperidad nos muestra cuál es el factor subyacente de importancia para nosotros en estos días. Sin embargo, yo prefiero centrarme en el primer mensaje, es decir, los lazos sociales e interpersonales que nos hacen humanos, ver a nuestras familias, ver a nuestros seres queridos, sentir, tocar, reír y llorar con aquellos a quienes llamaríamos familiares y amigos. Con suerte, nunca seremos inmunes a eso.

Robert O. Harmsen, Director de Entrada de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tec de Monterrey Campus Querétaro.

roharmsen@tec.mx

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