Las encuestas: el principio del fin


Por Raúl Martínez Merling el 26/01/2021
Las ideas expresadas en las columnas, así como en otros artículos de opinión, no necesariamente corresponden a la línea editorial de Códice Informativo, y solo son responsabilidad del autor.
 Las encuestas: el principio del fin

Sin comprender lo esencial de la política, la balanza se ha ido inclinando hacia elaborar encuestas o estudios de opinión a “modo” del cliente o el que paga

La globalización neoliberal, a partir de la década de los ochenta del siglo pasado, privilegió al mercado como motor de la economía mundial. En consecuencia, la lógica del mercado subordinó, entre otros ámbitos, a la política dando origen al “mercado político”. Desde este enfoque, se invitó a la mercadotecnia de corte empresarial al contexto de la política, reduciendo esta a un mero instrumento de cálculo y despojándola de su complejidad histórica y científica.

En esa dirección, surgieron las “encuestas” que se utilizaron para identificar el grado de posicionamiento de personajes y partidos en un mercado político altamente competitivo. De suerte que la encuesta es una técnica de mercado que muestra en que posición se encuentra un individuo o un partido que compite con otros por un puesto de elección popular. Brotaron, así, una gran cantidad de casas encuestadoras que ofrecieron sus servicios. Sin embargo, la opinión pública exigía ampliar el análisis y la reflexión de resultados cuantitativos. El siguiente paso fue sustituir las encuestas por los estudios de opinión, pretendiendo contar con el barniz académico.

Sin comprender lo esencial de la política, la balanza se ha ido inclinando hacia elaborar encuestas o estudios de opinión a “modo” del cliente o el que paga. Un cúmulo de empresas renunciaron al imperativo moral y se corrompieron. Lamentablemente, este fenómeno lo hemos visto en redes sociales y canales de mensajería como WhatsApp o Telegram de forma permanente, es decir, se intenta inducir o manipular la percepción de los ciudadanos.

Lo anterior encuentra relación con la siguiente reflexión: la pandemia ocasionada por el COVID-19 y la desglobalización neoliberal es el colofón que ha puesto al descubierto la corrupción en la elaboración de encuestas y estudios de opinión. Nos encaminamos ya rumbo a la sociedad digital que exigirá nuevas formas del quehacer de la política con imaginación creativa. Los paradigmas del pasado, así como las viejas formas de hacer política ya están dejando de ser útiles. Lo más difícil serán los cambios de consciencia en la clase política a quien el modelo globalizador dañó demasiado.

Estamos en la fase de las incertidumbres y, sin embargo, es la oportunidad para pensar en la democracia y la política como categorías que pueden contribuir a reducir la complejidad de riesgos que vive nuestro país actualmente. Por lo pronto, las próximas contiendas electorales tienen la posibilidad para mostrar la creatividad innovadora durante las campañas.

Deseo que los candidatos y los partidos políticos den la sorpresa a los ciudadanos con nuevas formas de conectarse con ellos y cuenten con información altamente confiable acerca de las demandas sociales. Una cosa es cierta, las encuestas y los estudios de opinión están en estado terminal.

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Raúl Martínez Merling es director de proyectos de Consultores en Tecnologías para la Ingeniería Social y Política (CETESPO)

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