La pandemia y la política


Por Raúl Martínez Merling el 25/09/2020
 La pandemia y la política

Foto: EFE

En el marco de una sociedad mexicana frágil y cada vez más digital por los efectos de la pandemia, la competencia electoral se caracterizará por un activismo en línea nunca antes visto, lo que traerá como consecuencia, competencias relativamente injustas en un campo dominado por las emociones.

La pandemia ocasionada por el coronavirus inmovilizó al mundo entero. Todos los órdenes de las diversas sociedades se colapsaron; a saber, la economía, la política, las identidades culturales así como el deterioro del bienestar de los individuos. La pandemia, en particular, expuso con claridad los niveles de corrupción de la clase política mundial, incluyendo a México.

En el desdibujamiento de las sociedades, el deterioro de la política ha tenido mucho que ver desde antes del contagio mundial; se fue olvidando de cumplir su misión sustancial, la de mantener la convivencia social por lo que, hoy día, reposa en una crisis sin precedentes que se traduce en liderazgos sin relato y sin credibilidad, partidos políticos despersonalizados y divorciados de los ciudadanos. Ahora solo los guía la política de la resignación.

Por su parte, los ciudadanos están abandonando, paulatinamente, a los partidos políticos históricos como el PRI, PAN y PRD ya que están contagiados por el virus de la corrupción y sobreviven debido a un respirador artificial. La vida política de estos partidos está en manos del destino. En la misma tesitura se encuentra Morena, el cual está en un estado de confusión e incertidumbre que por este motivo, hoy día, no es el partido aliado de AMLO y, mucho menos, es el resorte de la llamada ‘’Cuarta Transformación”. Su futuro está en riesgo; sin embargo, en las próximas elecciones políticas de 2021, AMLO cargará la losa de Morena.

En el marco de una sociedad mexicana frágil y cada vez más digital por los efectos de la pandemia, la competencia electoral se caracterizará por un activismo en línea nunca antes visto, lo que traerá como consecuencia, competencias relativamente injustas en un campo dominado por las emociones. Veremos “alianzas malditas” entre personalidades y partidos políticos que sin principios ni ideales intentarán beneficiarse del momento. El cinismo, la inmoralidad y la cultura política de la frivolidad definirán las batallas en un territorio emocional.  Los programas y los proyectos brillarán por su ausencia.

En la otra cara de la moneda existe la alternativa para la clase política de recurrir a información altamente confiable para no ser engañados en sus aspiraciones políticas. Para las campañas electorales, la oportunidad estriba en reconocer que se requieren diagnósticos de alta precisión sobre la vida social de los votantes, más allá de los posibles arreglos entre las cúpulas de grupos de interés político. Como ejemplo, en Europa ya se están realizando dichos diagnósticos para dar cuenta de la devastación letal de la pandemia, en consecuencia, este hecho ha motivado el debate para encontrar las alternativas emergentes de reconfiguración de los países del viejo continente.

Así pues, el escenario es desolador, es el de la política en crisis. Este fenómeno está dando lugar al surgimiento de movimientos sociales emocionales como el de FRENA. Por lo pronto, la política de la incertidumbre está en marcha…

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