La pandemia y el federalismo no se llevan


Por Arturo Maximiliano García el 02/06/2020
 La pandemia y el federalismo no se llevan

Por fin se presentó el esperado calendario para el regreso a la nueva normalidad, aunque quizá lo que se dio a conocer no fue del […]

Por fin se presentó el esperado calendario para el regreso a la nueva normalidad, aunque quizá lo que se dio a conocer no fue del agrado de muchos. El planteamiento se basa en un semáforo donde todas las entidades aparecen hoy en rojo, que significa riesgo máximo de contagio, excepto una, Zacatecas, que aparece en color naranja, lo que permitiría, a partir del lunes 1 de junio, la apertura de algunas actividades no esenciales y espacios públicos de manera limitada. El color de cada entidad se revisará semanalmente en el entendido que gradualmente todos llegarán al color verde, pero no al mismo tiempo Sin embargo, cada gobernador tiene su manera de evaluar los riesgos y los tiempos para reincorporarse a esa nueva normalidad. Se trata no sólo del semáforo sanitario sino también del semáforo económico y sin duda de los diversos semáforos políticos hacia el 2021 y el 2024, momentos en los que los ciudadanos podrían hacer una evaluación del manejo de la pandemia por parte de sus gobernantes.

La comunicación entre los gobernadores y la federación no ha sido tan fluida ni constante como se hubiera esperado, dada la gravedad de la pandemia que está golpeando fuertemente al país, poniendo en riesgo la salud y la vida de los mexicanos, mientras que millones de industrias y comercios agonizan también al estar cerrados, perdiéndose cientos de miles de empleos y con ellos, el sustento de las familias.

Los tiempos de la reapertura han divido incluso a gobernadores del mismo signo político. Está el caso de los mandatarios panistas, aglutinados en el GOAN, los gobernadores de Chihuahua, Durango, Baja California Sur, Tamaulipas, Quintana Roo y Yucatán, se pronunciaron por esperar más ante la posibilidad de reabrir actividades como las de las industrias de la construcción, minería y automotriz, en tanto que Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro, por la composición de su economía, se manifestaron por reactivar esos sectores.

Por el lado de Morena, Miguel Angel Barbosa, gobernador de Puebla, sede de las plantas Audi y VW, anunció que, a pesar de que la federación había incluido a ese sector como actividad esencial, este no abriría sus plantas el 1 de junio, ya que no hay condiciones en ese estado, lo anterior incluso a contrapelo con los acuerdos informales entre México y Estados Unidos.

En el occidente del país, Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, le reiteró a la Federación respeto y coordinación pero no sumisión, y remató diciendo que las decisiones respecto a la reactivación de los sectores sociales y económicos en su estado se hará localmente y no desde un escritorio en la Ciudad de México. En tonos similares, de llevar sus propios indicadores y tiempos, están Coahuila encabezada por el gobernador priista Miguel Riquelme y Colima que gobierna Ignacio Peralta, así como el perredista Silvano Aureoles, incluso Cuauhtemoc Blanco, del PES, se desmarcó de una posible reapertura este próximo lunes. Se acusa de que ni los estados ni municipios fueron consultados ni en la estrategia previa a la “sana distancia” ni en esta que se acaba de anunciar.

Al ser la federación quien marcó la pauta estableciendo los semáforos, también genera un referente en lo político. De acuerdo con diversas encuestas, el manejo de la crisis hecho por el propio presidente y su equipo es bueno, al menos está en calificación aprobatoria, por lo que cualquier paso en falso que se tome a nivel local que pudiera disparar contagios de manera sensible, sería ya a cargo de los mandatarios locales, es decir absorberían el costo político, a la vez que tanto gobernadores como alcaldes tienen la presión del otro semáforo, el económico, ya que no hay negocio ni cartera que aguante un cierre de actividades tan largo. No es como que les estén poniendo un cuatro, pero es un riesgo y una responsabilidad que podría pasar a los gobernadores y alcaldes, quienes deberán ser muy hábiles, para que, a la par del semáforo sanitario del gobierno federal, manejen el suyo propio en sus estados, mientras malabarean con sus propios semáforos económicos y políticos

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