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Especialista y consultor en asuntos internacionales, Presidente de la Cámara de Negocios Kazajstán-México y Delegado de KFA en el país. Con experiencia de vida en 21 países de América, Europa, África, Asia y Oceanía, lugares en que ha mantenido los más altos contactos. Ha sido también colaborador de publicaciones en Forbes, NYT y Foreign Affairs.

»El Papa Francisco en Myanmar

Me tocó la fortuna de estar durante el discurso del Papa y “La Dama”, es por eso, que ofrezco un poco de contexto



Por: Eduardo Magaña

Empecemos con lo primero, Myanmar. ¿Myanmar o Birmania? Oficialmente conocida como la República de la Unión de Myanmar, es un país asiático que colinda con Tailandia, Laos, China, Bangladesh e India y que tiene una población cercana a los 7 millones de habitantes. Durante más de un siglo, Birmania fue una colonia británica, hasta que declaró la independencia en 1948. La junta militar gobernante del país cambió el nombre del estado de Birmania a Myanmar en 1989. Su capital es Naipyidó y su ciudad más poblada Rangún, antigua capital del país hasta 2005.

Naipyidó es una mezcla de Brasilia en Brasil, Canberra en Australia, Astaná en Kazajstán y lo que imagino será Pyongyang. Una ciudad ‘nueva’, con avenidas que a veces pueden tener 12 carriles por sentido, extendida en decenas de kilómetros, con oficialmente más de 1 millón de habitantes, si se cuentan los habitantes de la gran Naipyidó, en realidad se habla que son menos de 200 mil habitantes. La ciudad es impresionante. El 4 de mayo de este 2017, Myanmar y el Vaticano anunciaron el establecimiento de relaciones diplomáticas formales luego de una reunión en la Ciudad del Vaticano entre la Consejera de Estado Aung San Suu Kyi y el Papa Francisco.

Fue un momento de gran importancia política-diplomática internacional, también lo fue para los más de 650 mil católicos birmanos (aunque sólo son cerca del 1% de la población total) y para la paz en el país asiático. “La Dama”, Aung San Suu Kyi, es hija Aung San, quien fue un militar y político birmano, asesinado a los 32 años. Aung San fue comandante del Ejército Independiente Birmano y presidente de la Liga Antifascista por la libertad de los pueblos.

Aung San Suu Kyi ha luchado y abogado por la democracia en Myanmar durante casi toda su vida, ganándole el Premio Nobel de la Paz en 1991. Fue detenida en 1989 y pasó 15 años bajo arresto domiciliario, otra razón por la cual ha sido mundialmente aclamada como líder de la resistencia democrática pacífica. Sin embargo, Aung San Suu Kyi no ha condenado públicamente el tratamiento militar de los rohingya, y esto ha empañado su reputación internacional.

La líder de facto del Gobierno Birmano, cuyo título oficial es Consejera de Estado y Ministro de Relaciones Exteriores de Myanmar se encuentra en una posición increíblemente difícil. Está – lo creo yo, y así he entendido por conversaciones con locales – escogiendo paz y tranquilidad para la gran mayoría, sacrificando, literalmente, el bienestar de una minoría. No puedo juzgar ni emitir opinión, no estoy en sus zapatos. Aung San Suu Kyi no tiene control sobre el ejército de su país. Los militares tienen el derecho de designar el 25% de los escaños parlamentarios de Myanmar, y además tienen poder de veto sobre las enmiendas constitucionales, sin contar el enorme poder económico que tienen: en realidad el Ejército controla bajo la mesa y tras bambalinas al país. Estas mismas razones orillaron al Papa Francisco a no condenar públicamente la situación de los rohingyas, ya que hubiera puesto en riesgo la estabilidad del país, y el bienestar de los cristianos en Myanmar. Los rohingya son un grupo minoritario étnico musulmán del estado Rakhine de Myanmar, al sur de Bangladesh y al norte de Myanmar.

El gobierno birmano afirma que fueron traídos a Rakhine desde Bangladesh durante el tiempo en que Myanmar era una colonia británica. El gobierno dice que viven en Myanmar ilegalmente; Myanmar les negó la ciudadanía en 1982. Los ataques contra los rohingya han sido sistemáticos y generalizados, aparentemente a manos de la policía y el ejército de Myanmar, lo que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, llamó un “ejemplo de libro de texto de limpieza étnica”. El mismo Rex Tillerson, Secretario de Estado de Estados Unidos, lo llamó así la semana pasada. Aunque en los últimos cinco años, y bajo el liderazgo de Aung San Suu Kyi el país se ha abierto y modernizado, la situación sigue siendo compleja.

POST DATA: Tuve oportunidad de conversar largo y tendido con el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano. Impresionante el conocimiento que Su Eminencia tiene de nuestra grilla mexicana.