El nueve nadie se mueve


Por Arturo Maximiliano García el 24/02/2020
 El nueve nadie se mueve

Foto: Especial

¿De quién es culpa y dónde está la solución? ¿Es el gobierno, los neoliberales, la sociedad o todos juntos?

Sin duda, son días difíciles los que enfrentamos en México y ante una dura realidad, la violencia que se vive todos los días y que ya no sólo puede ser atribuida a la delincuencia. Nos enfrentamos a algo tan grave como las ejecuciones perpetradas por el crimen organizado, la violencia en el entorno más íntimo, la casa, la comunidad, la escuela, expresada una constante agresión a las mujeres y el maltrato de menores que se expresa de las formas más viles que puedan imaginarse, llevadas a cabo por seres que no merecen el adjetivo de humanos. ¿De quién es culpa y dónde está la solución? ¿Es el gobierno, los neoliberales, la sociedad o todos juntos?

Durante las últimas décadas del siglo pasado, cuando nos queríamos comparar con las naciones avanzadas, había siempre un consuelo para no estar en los mismos niveles de bienestar, calidad de servicios o niveles de ingreso per cápita: que nosotros teníamos una mejor calidad de vida basada en los valores familiares y que eso hacía más felices a los mexicanos en un ambiente de tranquilidad cotidiana, mucho mayor a la que tenían los habitantes de países ricos, donde sus jóvenes y trabajadores se estaban suicidando ante la desesperanza personal y la agresión sin causa aparente, además de la violencia cotidiana, donde “locos” masacraban gente nada más porque sí.

Lamentablemente, México tiene hoy una sociedad muy violenta. Aquellos tiempos de valores, principios y de cierto respeto, principalmente hacia los menores y mujeres, no existen ya. El nombre de Fátima es sólo una forma de bautizar un gran problema social, que va mucho más allá de estos emblemáticos casos que desafortunadamente llevan detrás miles de nombres de mujeres y niños, asesinados, desaparecidos y, en general, lastimados todos los días.

Son tan frecuentes estos hechos que la indignación ya casi nunca es nacional, a veces ni local, sino que se queda sólo en las víctimas que sufren todo tipo de transgresiones físicas y psicológicas. Cuántos casos de menores prostituidos, mutilados y asesinados por sus propios padres, cómo entender esto, cómo entrar en la mente de estos despiadados seres, para quienes la defensa de la integridad de sus hijos debería ser algo innato. ¿Cuántos casos de estos? ¿Cómo se llaman las víctimas? ¿Quién sabe de ellos, de su muerte en vida, del castigo a quienes les generaron semejante daño?

Recientemente la asociación Red por los Derechos de la Infancia en México señaló que de 2000 a la fecha mueren 3.6 menores al día víctimas de la violencia. Este dato es nada comparado con las niñas y niños desaparecidos para empezar una “vida” que es un infierno, donde muchas veces la muerte misma sería un mejor escenario comparado con lo que tienen que sufrir.

Peor aún es que, en el caso de las mujeres, menores y mayores, la violencia hacia ellas está en muchos lados, principalmente en su propia casa y luego en su trabajo, con la gente que viven y con las personas que laboran, donde estudian, más todos los otros riesgos a los que se exponen.

Por supuesto es un tema social, pero también de instituciones: ministerios públicos, jueces, gobiernos locales y municipales, fiscales o procuradores, policías, etc., todo un andamiaje desarticulado y corrupto que se traduce en impunidad.

El paro del 9 marzo es un llamado de atención, no sólo al gobierno, sería un error que se centrara sólo ahí, sino a la sociedad en conjunto. Sólo del seguimiento y las acciones que se deriven del paro, por parte de las autoridades y ciudadanos, podría empezar a haber cambios de fondo a esta violencia donde hay muchos culpables así como responsables de las soluciones.

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