INE fallido y espionaje. Germán Martínez Cázares
Toda la enjundia y coraje cívico que Lorenzo Córdova representó al ser electo, por los partidos políticos, como primer presidente del Instituto Nacional Electoral, se […]
Toda la enjundia y coraje cívico que Lorenzo Córdova representó al ser electo, por los partidos políticos, como primer presidente del Instituto Nacional Electoral, se derrumbó e hizo añicos justamente cuando lo espiaron y filtraron aquella conversación donde se burló de unos indígenas. (“…Yo, gran jefe Toro Sentado. Líder Chichimeca…”). Desde esa mofa y no obstante las disculpas, Córdova se hizo chiquito, sumiso, dócil. Se atrincheró en su oficina y el régimen priista logró su objetivo: “domó” al hijo del michoacano indomable Arnaldo Córdova, y en carambola convirtió a Marco Antonio Baños Martínez, en el jefe de facto del arbitraje electoral nacional.