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»Crónica de una consultitis anunciada



Por: David Eduardo Martínez Pérez
López Obrador llama a ciudadanos a votar sin miedo en consulta de aeropuerto

Foto: EFE/Mario Guzmán

En ciertos rincones del país, se rumora que el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, padece una enfermedad cuyos primeros síntomas fueron palpables desde que fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. El padecimiento en cuestión, para el cual no hay cura conocida y que, dicen, puede ser terrible para las instituciones democráticas, es la “consultitis”.

El principal síntoma de la enfermedad, que afecta exclusivamente a políticos profesionales, consiste en la voluntad de someter a consulta popular la mayor cantidad de temas posibles dentro de la competencia gubernamental. El estado delirante en que se encuentra el enfermo, le hace además creer que éstas consultas son necesarias para la vida democrática.

En el caso particular de López Obrador, los primeros síntomas de la consultitis aparecieron desde antes de 2003, cuando pretendió someter a consulta popular la implementación del horario de verano en la capital del país.

Pese a que la hora de México, conocida como “hora central” se utiliza como referente en toda la República, el entonces jefe de gobierno decidió que el tema podía ser consultado con la ciudadanía y que, si ésta así lo decidía, el cambio de horario podía suspenderse en la capital.

Al final, los resultados de la consulta, que perjudicaban al horario de verano, fueron irrelevantes porque, primero el poder ejecutivo encabezado por Vicente Fox y después los poderes legislativo y judicial, determinaron que el decreto a favor de la consulta era improcedente y que la Ciudad de México debía seguir en este asunto al resto del país.

Poco después de esta consulta ciudadana, la consultitis de Andrés López Obrador volvió a manifestarse cuando sometió a votación el precio del metro. Luego de un sondeo telefónico supervisado por el entonces Colegio de Notarios de Distrito Federal, arrojó que un 60% por ciento de los capitalinos estaban de acuerdo con incrmentar de uno cincuenta a dos pesos el costo del pasaje en el metro de la capital.

Más tarde, Obrador realizó el mismo ejercicio para legitimar la construcción del Segundo Piso en el Anillo Periférico. La obra causó mucha polémica en su momento, pero una mayoría de los ciudadanos participantes dijo que sí y la obra se condujo sin mayor problema.

La consultitis no se detuvo ahí, el entonces jefe de gobierno se sometió a un proceso de revocación de mandato en dos ocasiones. Como parte de sus promesas presidenciales de campaña, señaló que hará lo mismo a la mitad de su mandato.

Hoy, la así llamada “consultitis” genera preocupación entre diversos sectores. Algunos, principalmente en el gremio empresarial, ven en estos ejercicios actos de populismo que pueden debilitar a las inversiones, como sucedió en el caso de la construcción del Nuevo Aeropuerto en Texcoco.

Otros, lo que ven son manifestaciones de una democracia directa que podría beneficiar y empoderar al pueblo mexicano. Mientras la discusión se mantiene, el futuro presidente ya mandó a consulta cinco temas, entre los que está el famoso tren maya. Los críticos, dicen que el grueso de la población no tiene capacidad para decidir en cuestiones técnicas y que además el ejercicio es ilegal. Los defensores dicen que esto es un respiro democrático, luego de décadas de tecnocracia ¿Qué opinan nuestros lectores?