¡Con las chelas no!


Por David Eduardo Martínez el 02/04/2020
 ¡Con las chelas no!

Foto: Especial

México es un país cuyos habitantes tienen una relación, por decirlo de alguna manera, “peculiar“, con el alcohol. Desde la época de la revolución, la […]

México es un país cuyos habitantes tienen una relación, por decirlo de alguna manera, “peculiar“, con el alcohol. Desde la época de la revolución, la imagen del mexicano tirado al borde del delirium tremens en la barra de una cantina o, en una versión más moderna, el grupo de jóvenes que comparten una caguama banquetera, ha saturado el imaginario colectivo.

Se trata de una afición que no respeta género (Querétaro encabeza las cifras de consumo alcohólico en mujeres), ni edad (la gente empieza a beber socialmente a los trece años y deja de hacerlo prácticamente hasta que está en la tumba). Tampoco raza ni extracción social (el campesino pulquero y el “whitexican” muy snob que solo consume Absolut y whisky, suelen estar, a menudo, a escasos kilómetros de distancia).

Por eso causó conmoción el exhorto lanzado por el gobernador de Nuevo León para aplicar la Ley Seca en todo el territorio nacional. No había pasado ni media hora de que la noticia se viralizó cuando ya había filas en los supermercados de todo el país asegurando la provisión suficiente de alcohol para la próxima semana.

Para fortuna de nuestros paladares, aunque no tanto de nuestros hígados, eventualmente se supo que la medida solo tendría validez en tres estados: Nuevo León, Tabasco y Campeche.

En Querétaro, las autoridades estatales tuvieron que desmentir la aplicación de la ley seca que, hasta ahora, solo aplicará en el municipio de Pinal de Amoles a partir del cinco de abril y solo los domingos.

No es para menos este desmentido considerando que, según la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (2016-2017), la población queretana ingiere en promedio dos por ciento más alcohol que lo que indica el consumo promedio nacional.

Ahora, mucho se habla sobre el potencial de la ley seca para reducir crímenes y violencias, sobre todo en ámbitos familiar y de género. Si bien es cierto que, como lo ilustra la experiencia zapatista, la limitación en el consumo de drogas y alcohol puede traer beneficios en este sentido, también es un hecho que las condiciones de los caracoles zapatistas están a años luz de las que imperan en la mayoría de las metrópolis mexicanas.

En una ciudad con más de un millon de habitantes, atravesando por una ola de calor, en medio de una cuarentena y con un considerable porcentaje de la población adicto a las bebidas embriagantes, una eventual ley seca podría ser más contraproducente que beneficiosa y se puede traducir en un incremento de la violencia doméstica, sexual y de género.

Esperemos que este no sea el caso y que los lugares en donde se aplicará la ley gocen de condiciones de paz. Por el momento, en Querétaro podemos seguir disfrutando una chela fría sin temor a que nos arresten o a tener que ir por ella hasta Apaseo el Alto.

Nuestra red editorial


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