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Periodista de toda la vida, egresado de la escuela Carlos Septién García, catedrático en la Universidad de Guanajuato, analista político en radio y prensa escrita, además de Premio Estatal de Periodismo en el 2000.

»Visiones encontradas

Son las visiones encontradas. Las luchas, los intereses. Los estudiantes no se meten con los sindicatos. Tampoco el Consejo. Y así caminan, distanciados…



Por: Andrés González

Cuando Gilberto Herrera Ruiz, rector de la Universidad Autónoma de Querétaro salía del Centro Universitario en caminata hacia Plaza de Armas, le acompañaron una buena cantidad de alumnos, de maestros, de empleados y trabajadores universitarios, la Estudiantina.

De ahí salió con ellos Alfredo Botello Montes, el secretario de educación de gobierno del estado. Les acompaña en todo el trayecto.

Van rumbo al Quinto Informe de Rectoría, a la plaza pública, en insólito evento.

Pero a la misma hora y frente a las puertas del Palacio de la Corregidora, un numeroso grupo de universitarios, trabajadores y empleados, catedráticos y líderes sindicales del STEUAQ, del SUPAUAQ, colocan en las rosadas canteras y justo al centro, un largo cajón que, pintado de negro, figuraba un féretro. Listones blancos lo cubrían. Y en todas las leyendas, que eran varias, destacaban tres letras: RIP a la UAQ.

Es el comienzo de las visiones distintas, encontradas.

Iban a dar, en ambos frentes, las cinco de la tarde.

Tarde fría esta, de corazones ardientes, de pasiones encontradas, pero también de sensatez por las partes.

En las calles cercanas a Plaza de Armas, se había dispuesto una vigilancia efectiva, pero discreta. Estarían unas veinte patrullas, por las calles que rodean al Templo de la Congregación, en Independencia, en los alrededores del Zenea.

Por si las dudas.

La caminata que viene del Centro Universitario, sin contratiempo alguno, avanza por la ciudad. Nadie los agrede.

Tampoco les aplauden. Nadie los molesta. Y siguen imperturbables. Su caminar es seguro y el paso firme.

Acá, en Plaza de Armas, los portales que dan al Tribunal Superior de Justicia se habían llenado de mantas. Son los telefonistas que se suman a los dos sindicatos universitarios. También ahí la manta de la Universidad de Guanajuato, la michoacana, la federación nacional de sindicatos universitarios, el STUNAM.

“Seremos aquí unos 800”, me apuntaron.

Los sindicalistas todos vestían de playera blanca. “UAQ, 100%. Libre y Unida”, era su leyenda que portaban en el pecho.

Y mientras avanzaba la parada que acompañaba el rector, en Plaza de Armas, se enardecían los ánimos pero sin salirse de control.

Las frases eran lapidarias, duras.

A Gilberto de fascista no lo bajan. Y los oradores – fueron más de diez – hilaban encendidos discursos.

Maestros muchos, jubilados los más. Exlíderes sindicales también toman el micrófono.

“Le faltas al respeto a la UAQ”, reza otra de las muchas mantas que ahí ondeaban.

Acá, con los jubilados, una figura ya de edad, alto y portando con firmeza una leyenda, me dice: “Que no meta a la Universidad en la política… todas las universidades del mundo respetan la política y somos en esencia apolíticos”.

Es la figura bonachona de Billy Herbert, exsenador de la república, exrector de la UAQ cargo que asumiera a la renuncia de un histórico de la UAQ, del Lic. Guadalupe Ramírez Álvarez.

El cartel que portaba reclamaba transparencia y buenas cuentas en la UAQ. Billy vestía también la blanca playera con la citada leyenda.

Y la otra parte.

Acá, frente al estrado donde se rendiría el Quinto Informe, elegantemente vestido y con corbata, se veía a otro ex rector, al Ing. José Alfredo Zepeda Garrido, que también vivió estrecheces en el manejo del presupuesto universitario. Entiende la lucha del rector, pero también la de los sindicalistas. “Nuestro rector ha tenido un respaldo muy amplio de los estudiantes… igual de los académicos formales. El empeño de la Universidad ha sido la búsqueda de subsidios externos”.

Van a dar las seis de la tarde.

Allá, frente a Palacio, los gritos arrecian.

Se acerca la avanzada de la columna que encabeza Gilberto.

Y el grito de los sindicalistas se hace unánime: Fuera, fuera.

La columna de los “gilbertistas” no se arruga. Y avanza hacia ellos.

El hecho es inédito. Y refleja una universidad divida.

Los improperios de las partes arrecian. Nadie se agrede físicamente. Se gritan de todo, pero se respetan.

Y las partes se separan.

Acá frente al estrado donde sería el informe, se habían colocado enormes bocinas y pantallas gigantes. Los lugares reservados para el H. Consejo Universitario se fueron llenando lentamente.

Faltaban cinco minutos para las seis cuando llegó el rector. Apenas si sonríe. Su sonrisa refleja su nerviosismo, pero su caminar es seguro. Lo arropan los gritos de decenas de alumnos. Y se ven las nuevas mantas: Gobierno, saca las manos de la UAQ, dicen. Y se ven las fotos impresas donde, con Pancho, con Marcos, aparecen tanto Laura Leyva como Saúl García.

Enfrente y lejos del estrado, arreciaba el grito de “Fuera, fuera”.

Son las visiones encontradas. Las luchas, los intereses. Los estudiantes no se meten con los sindicatos. Tampoco el Consejo. Y así caminan, distanciados.

Acá, en las cercanías del estrado, los gritos de “Gilberto, Gilberto” apabulla por momentos los gritos de los sindicalistas.

“Gracias” dice el rector, ya apostado ante el micrófono.

Son ya las 6:25 de la tarde cuando se inicia el informe.

Y el rector va al grano. Son los números que, con gobierno del estado, no cuadran. Y ahí, al centro del estrado, la figura imperturbable de Alfredo Botello Montes, secretario de Gobierno que llevó la representación del ejecutivo.

Arriba, en el balcón del gobernador, se prende una luz. La oficina está vacía. Y es que a la misma hora, Pancho cubría una reunión en la capital del país con empresarios.

Aquí, Botello pasaba saliva a los señalamientos del rector.

Enfrente y a unos pasos del estrado, una joven estudiante con alta voz en mano, enfrenta al rector. “Ya cállate” le dice. El rector sigue. Da números a detalle de los faltantes… del apoyo a la UNAQ, “que es mucho mayor al que tenemos en la UAQ”.

Pronto, a la chica que vocifera por el altavoz, la tapan con las mismas mantas que denunciaban “manos fuera del gobierno de la UAQ”. Y se baja.

El informe sigue y toca, obligado era, el tema político:

“…de hecho se habla de que este evento y en este lugar, es por alguna ambición política de mi persona. Yo le quiero ofrecer al señor gobernador que si le da a la Universidad el presupuesto que se comprometió, yo le firmo que no aspiro ni aspiraré a ninguna contienda política por ningún partido”.

El grito de “Gilberto, Gilberto” crece e inunda Plaza de Armas.

Alfredo sale tranquilo. Baja lentamente los cinco escalones de madera por donde ascendió al estrado.

“El gobernador Pancho Domínguez no ha abandonado ni abandonará a la Universidad… ni se le esconde ni se le esconderá jamás. Pancho está con su Universidad”.

Y caminó tranquilo hacia su oficina de la secretaria de Educación.

Visiones encontradas.