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»Un año del “torito” en Querétaro

En ese lapso 2 mil 595 personas han terminado la noche ahí, por no pasar la prueba del alcoholímetro



Por: Dante Aguilar

Ya se cumplió un año del programa del “torito” en la ciudad de Querétaro. En ese lapso 2 mil 595 personas han terminado la noche ahí, por no pasar la prueba del alcoholímetro, de las cuales 10 han sido menores de edad.

Del total de los remitidos, el 48.6 por ciento tenía entre 18 y 29 años de edad, y otro 40.6 por ciento rondaba entre los 30 y 45 años de edad.

El 88.8 por ciento de los enviados al torito son hombres, y un 47 por ciento de los remitidos en total fueron detectados en la delegación Centro Histórico, según cifras oficiales.

Hoy, todos ellos tienen la posibilidad de contarlo como una anécdota.

Lamentablemente, otros no han caído en el Torito y sí han ocasionado accidentes vehiculares, con saldos fatales: recordemos el menor de edad que en estado de ebriedad y en sentido contrario chocó contra Evangelina Mier, quien perdió la vida, a causa del golpe la madrugada del pasado 2 de julio de 2015. Hoy, a casi dos años, todavía no hay una sentencia, según nos reportan familiares de la víctima.

Y también recordemos el caso del joven que también conducía ebrio un vehículo en sentido contrario en Bernardo Quintana y chocó de frente contra un taxista, que perdió la vida, la noche del pasado 19 de febrero de 2017..

Si hubiera caído en el torito, el conductor del BMW que chocó sobre Reforma en la Ciudad de México hace unas semanas, tal vez estaría contando con sus amigos la anécdota de su estancia en ese punto, en lugar de tener en su conciencia la muerte de cuatro personas.

El hubiera no existe. Independientemente del curso que tomen los procesos legales y de los castigos para los culpables, las consecuencias son claras: vidas humanas han sido arrebatadas por conductores que iban borrachos.

El torito, en Querétaro y en la Ciudad de México se ha convertido en un programa que busca inhibir estas tragedias, pero es imposible aplicarlo en cada avenida y con cada borracho que vaya detrás del volante.

Hay un problema de fondo y es el alcoholismo; y si a ello le agregamos la irresponsabilidad a la hora de conducir ya podemos ver el resultado.

Tomemos, sí, pero conciencia. Podemos reclamarle a las autoridades por la inseguridad, por el transporte público y por otros temas, pero hay asuntos que van más allá de su actuación y le compete a la población hacerles frente.

Decidamos pues donde terminar la noche: en casa, en el torito, en el ministerio público o en la morgue.