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»Periodistas incómodos

El dinero no resuelve todo, sin embargo el Presidente dijo que ese Mecanismo contará con los recursos necesarios para brindar la protección que requieren los periodistas y defensores de los Derechos Humanos



Por: Héctor Parra

Ante la ola de violencia que sufren algunos periodistas –no todos- que resultan incómodos para los delincuentes, este día dijo el Presidente de la República que: “No podemos permitir como sociedad, y menos como Gobierno, la censura ni las restricciones a la labor informativa de la prensa, la radio, la televisión, ni de las nuevas plataformas digitales”.

Realizando la búsqueda de la información que nos lleve a conocer quiénes y por qué agreden o asesinan en algunos lugares a ciertos periodistas, no hay fuente fidedigna que nos arroje datos de ello; se dice que menos del 10 por ciento de los agresores se llega a detener; el resto son delitos que quedan en la impunidad y se desconoce quiénes están de tras de los homicidios y las razones de ello. A lo más, el periodismo de opinión es el que se encarga de obtener sus propias conclusiones, basadas en especulaciones, nada científico, mucho menos con resultados sobre la verdad histórica.

Miles y miles de periodistas en México viven de su profesión y jamás son molestados. Menos aquellos que trabajan para las grandes empresas de la información. No son incomodados los periodistas que se dedican al reportaje de la farándula, tampoco aquellos que reportean el deporte, ni difunden noticias internacionales, al igual que en otras ramas del periodismo; o el de opinión que practican hoy en día todos aquellos que aparecen en las pantallas de televisión o difunde su voz en la radio. A estos no se les molesta.

De tal manera que no es el mismo trato que da la delincuencia a todos los periodistas. A unos los “respeta” y a otros no ¿A quienes sí y a quiénes no? ¿Por qué a unos los ejecutan y a la gran mayoría no los tocan? La respuesta parece sencilla. Solo incomodan aquellos periodistas que “lastiman” intereses de los delincuentes. No se sabe si los periodistas que son ejecutados se conducían o no con la verdad, si extorsionaban, si mentían periodísticamente o si presionaban con “la pluma” para obtener recursos. Ya muertos algunos periodistas a manos de la delincuencia, solo se sabe que fueron ejecutados y muchos periodistas alzan airadamente la voz lanzando quejas en su característica voz de alarma, el amarillismo en toda su extensión; otros, los más, callan y continúan con su labor informativa.

¿Son entonces ataques a la libertad de expresión? Creo que no. Por el hecho de ser periodistas los ejecutados, se concluye que es un ataque directo a la libertad de expresión, sin embargo no es tan cierto, seguimos siendo informados a diario y a toda hora sin restricción alguna ¿Entonces? Volvemos a las suposiciones. Todo indica que se trata de rencillas entre delincuentes y periodistas que lastiman intereses, en tanto esto no se dé, el “statu quo” permanece inalterable en el ámbito de la libertad de expresión, en tanto no se pruebe lo contrario.

¿Lastima? Claro que sí y mucho, esa enorme ola de violencia que vivimos en México y el altísimo grado de impunidad con que actúa la delincuencia, ante la probada incapacidad de las tres esferas de gobierno para prevenir y en su caso combatir la ola delincuencial; delincuentes que no respetan nada y a nadie, agreden a cualquiera a sabiendas que actúan bajo un manto protector de probada incapacidad de las autoridades del ramo. Ante este desolador panorama, la prudencia debe ser factor fundamental para evitar caer en manos de la delincuencia; a contrario “sensu”, si se incurre en valentonadas o imprudencias, sabemos de antemano cuál puede ser la consecuencia y esa es -lo menos- amenaza; lo grave: la muerte a manos de los delincuentes.

Claro que nada justifica racionalmente ninguna ejecución de periodistas como consecuencia del honesto desempeño de la actividad profesional del periodismo objetivo y veraz ¡Nada justifica la privación de la vida de una persona, sea o no periodista!

Enrique Peña Nieto, también dijo que: “De cara a los retos que enfrentamos en la lucha contra el crimen organizado, México tiene que distinguirse en el mundo por ser un país democrático y defender la libertad de expresión. México tiene que distinguirse por salvaguardar la libertad de prensa. México tiene que distinguirse por proteger a los periodistas y a los defensores de derechos humanos‘”. Así debiera ser. Sin embargo, la realidad contradice el discurso presidencial, la necia verdad rebasa las buenas intenciones y los discursos.

México es considerado por organizaciones internacionales de periodistas, como uno de los países más peligrosos en el ejercicio del periodismo. Esta es la percepción de la realidad, aunque en el fondo no sea tan cierto, debido a que, la delincuencia en México ha rebasado todas las fronteras y asesina a miles de personas al año, sin importar si son o no periodistas. En el caso, el gremio del periodismo alza la voz y dueños de los medios de comunicación, hacen suyo el resentimiento, la molestia y la ira por lo que le sucede a varios del gremio; queja que no pueden hacer las miles de familias que también pierde a sus familiares en manos de la delincuencia; aquí la enorme diferencia.

Ante la presión nacional e internacional por los homicidios a periodistas, el Presidente dijo que se fortalecerá la estructura y el presupuesto asignado al Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. Actualmente hay 538 personas están bajo la protección de este Mecanismo. De ellas, 342 son personas defensoras de derechos humanos y 196 son periodistas.

El dinero no resuelve todo, sin embargo el Presidente dijo que ese Mecanismo contará con los recursos necesarios para brindar la protección que requieren los periodistas y defensores de los Derechos Humanos. Ha quedado probado “N” veces que el Estado no puede contener con eficiencia y eficacia a los delincuentes que se han multiplicado por doquier, quienes además gozan de la protección de los mismos defensores de los Derechos Humanos cuando son detenidos y si las autoridades fallan en el cumplimiento de los protocolos en la detención, la autoridad judicial los libera de inmediato. El dinero no lo es todo, es el sistema corrupto el que no puede ser cambiado, al cual se alían “tirios y troyanos”, muchos oponen resistencia para el cambio.

Que habrá coordinación entre las esferas de gobierno, dijo el Presidente. Buen propósito, pero no se cumple. “Se establecerá un Esquema Nacional de Coordinación con las Entidades Federativas y un Protocolo de Operación. Su objetivo será coordinar las acciones para hacer frente y reducir las situaciones de riesgo contra periodistas y defensores de derechos humanos. Su instrumentación estará a cargo del Mecanismo Federal, cuya Junta de Gobierno incluye, a representantes de la sociedad civil, de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, y del Gobierno de la República”. Más y más organismos para hacer frente a los delincuentes y nada los contiene. No es pesimismo, es la realidad.

Que fortalecerán la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión, a través de las siguientes medidas: Habrá más personal y mejor capacitación a Ministerios Públicos, policías y peritos. Establecimiento de mecanismos de contacto y diálogo con la sociedad civil y el gremio periodístico, que impulsen la confianza y la colaboración. Revisión e impulso permanente de las investigaciones en proceso, garantizando el derecho a la verdad, el acceso a la justicia y el combate a la impunidad.

Coordinación transversal entre autoridades locales y federales para garantizar la inmediata atención de los delitos con una perspectiva de derechos humanos. Apoyo a las entidades en la creación de unidades o Ministerios Públicos especializados en materia de libertad de expresión dentro de sus fiscalías y procuradurías, los cuales serán clave para cerrar el paso a la impunidad. Y la creación de protocolos homologados a nivel nacional para la investigación y atención a víctimas de delitos cometidos contra la libertad de expresión. También se dijo que estas propuestas buscan fortalecer las capacidades institucionales para brindar un entorno de seguridad y dignidad a la labor periodística. Solo buenos deseos; si esta fuese la solución, hace mucho la hubieran ejecutado y no haber esperado la presencia de la crisis en la que todos estamos inmersos.

Una vez más, los embrollos institucionales, frente la ligereza con la que actúa la delincuencia, quienes, en contrario se mueven con absoluta libertad, sin protocolos ni restricciones para cometer sus actos delictivos con la seguridad de contar con el manto de la impunidad ante la desarticulación de las autoridades, a sabiendas de la falta de preparación y mecanismos de seguridad idóneos para contenerlos y combatirlos. Los buenos propósitos se quedarán ahí. La prueba de ello fue la abierta irreverencia de la delincuencia, a unas horas de tomar posesión el fiscal que combatirá a quienes atenten contra la libertad de expresión, asesinan a dos periodistas ¡Fue un reto y afrenta para la autoridad! Así se mueve la delincuencia.