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»País de hombres o país de instituciones

El constitucionalismo americano está iniciando su gran prueba frente a un Presidente que gobierna sin respeto por la división de poderes



Por: Luis Octavio Vado

En las primeras constituciones modernas se estableció la división de poderes con un fin muy claro: controlar el poder para permitir el ejercicio de las libertades. Antes de que se hablara de amparos y de juicios constitucionales, la primera valla al tirano fue separar las funciones y obligar a colaborar a los poderes para que se contrapesaran.

En ese sentido el constitucionalismo americano está iniciando su gran prueba. Frente a un Presidente que gobierna sin respeto por la división de poderes. Frente a nuevos funcionarios que, como el principal asesor de la Casa Blanca, piden a la prensa que “se calle la boca”. Frente a un ejecutivo cuyo partido tiene también la mayoría en el Congreso y una posibilidad real de tener mayoría en la Suprema Corte.

La división de poderes es horizontal (ejecutivo, legislativo y judicial) sino también vertical (gobiernos federal, local y los condados, en el caso americano) que también tiene el mismo objeto: limitar el poder y mantener las libertades. Aquí ha sido evidente la postura que gobernadores y alcaldes de grandes ciudades como Nueva York y Los Ángeles han tomado, en contra de varias de las medidas del nuevo presidente.

También se advierte una profunda y grave polarización social en Estados Unidos, así como crisis en sus tradicionalmente fuertes medios de comunicación.

Los americanos enfrentan el grave reto de demostrar(se) al mundo que son un país de instituciones que se gobierna conforme leyes y no según pálpitos de un líder. Es el momento de calibrar su convicción democrática real, de verificar la capacidad que tienen para cambiar lo que se tenga que modificar sin afectar las bases fundamentales de un estado constitucional: división de poderes, elecciones democráticas y derechos fundamentales.

No es exagerado decir que el mundo los vigila. De lo que vaya sucediendo se desprenderán conclusiones acerca de si el gobierno americano es un socio y amigo confiable o si la endeblez de sus instituciones lo acredita como una democracia débil y con poco compromiso.

Lo que nos hacen a los mexicanos, lo que hacen a sus minorías, lo que le permitan hacer a su Presidente sin freno, le hablará al mundo sobre lo que son.

Veremos.