No se cansa AMLO de violar la ley, aplica su propia justicia


Por Héctor Parra el 09/10/2020
 No se cansa AMLO de violar la ley, aplica su propia justicia

El próximo 1 de diciembre, López Obrador cumplirá 2 años al frente de la Presidencia de la República, protestó cumplir y hacer cumplir la Constitución […]

El próximo 1 de diciembre, López Obrador cumplirá 2 años al frente de la Presidencia de la República, protestó cumplir y hacer cumplir la Constitución y leyes que de ella emanan. La protesta encierra la obligatoriedad de cumplir con el Estado de Derecho; si bien no se excluye la justicia con el Derecho Positivo mexicano, primero está el Derecho, cuya aspiración es la justicia.

Sin embargo, Andrés Manuel López Obrador, ha privilegiado, en su beneficio, la aplicación de la supuesta “justicia”, haciendo a un lado el cumplimiento de su protesta: cumplir con el Estado de Derecho. Así lo ha reiterado en múltiples eventos. En uno de esos eventos, que jamás será olvidado, pretextó aplicar “su justicia”, ordenando la libertad de Ovidio Guzmán, presunto delincuente perseguido por las autoridades jurisdiccionaldes, sobre quien pesa orden de aprehensión. Suceso del mes de octubre de 2019. Pasó por encima del Estado de Derecho.

En abril de 2019, el Jefe del Ejecutivo, dio a conocer el contenido de un “memorandum” (el cual nunca volvió a ser visto), por medio del cual dio instrucciones a las autoridades del sector educativo, para que hicieran caso omiso de la Constitución y leyes secundarias, ordenó no aplicar las normas vigentes, conjunto de leyes que entonces pertenecían el Derecho Positivo mexicano. Flagrante violación, bajo el supuesto argumento de aplicar “su justicia”, toda vez que consideraba injustas las normas que fueron abrogadas en su totalidad. Dijo entonces en su conferencia matutina: “Entre la justicia y la ley, opto por la justicia” ¿Quién es López Obrador, para manipular la balanza de la justicia? Nadie, un peligroso delincuente que ostenta la Presidencia de la República.

La ignorancia de la ley no excluye de responsabilidad alguna al titular del Poder Ejecutivo, por el contrario, constituye una agravante. En este mes volvió a la cargada, insistió en privilegiar “su justicia” por encima de la ley. Tremendamente confundo para su propio beneficio, mezcla una cosa con la otra. El Estado de Derecho, somete a todos al imperio de la ley, ciudadanos y autoridades, concomitantemente establece derechos y obligaciones; en caso de incumplimiento se aplica la aspiración de justicia por medio de la ley. En tratándose de normas de conducta podemos referir la existencia de convencionalismos sociales, normas religiosas, normas éticas y por supuesto las normas jurídicas. Pero Andrés Manuel López, prefiere aplicar la balanza de “su propia justicia”.

Consecuentemente, arbitraria y discrecionalmente se permite decidir libremente la naturaleza de qué actos son justos y cuáles son injustos. El Presidente pretende encarnar al dios de la justicia y olvida la obligatoriedad y respeto que debe al Derecho, máxima obligación que pervierte según su “leal saber y entender” ¡Se ha convertido en una caricatura de tirano!

¿Acaso López Obrador confunde Derecho con justicia? A la justicia suele asociarse y confundir con lo justo, lo equitativo, lo imparcial, la igualdad, incluso con la neutralidad. Pero dista mucho del Derecho, cuya aspiración, nos decían en la Facultad de Derecho, es alcanzar la justicia, responsabilidad que el mismo Derecho positivo descansa en el Poder Judicial, responsable de aplicar las normas jurídicas que nacen del Derecho. Derivado del contrato social en una sociedad democrática. Es la acción constante en la búsqueda de impartir justicia. No existe la menor posibilidad de confundir el Derecho con la justicia. Abusivamente López Obrador aprovecha su inmenso, ilegal y excesivo poder para engañar a la masa de ignorantes. Así ha logrado tergiversar y engañar el supuesto respeto a una de las máximas de Benito Juárez: “Al margen de la ley nada, por encima de la ley, nadie”.

La engañifa “legal” ha servido al Presidente de la República, para modificar cualquier ley que le estorbe y hacer de las suyas o trastocar su significado. Así lo ha hecho con las reformas en materia educativa; con la rifa de un avión que nunca fue rifado; con los 137 muertos en Tlahuelilpan, obra de la casualidad; con la cancelación de la obra del aeropuerto de Texcoco; la cancelación de la obra de la cervecería; con la liberación de Ovidio Guzmán; la obra del tren Maya y la refinería de Dos Bocas, sin los permisos de la madre naturaleza; con la censura a la libertad de expresión y publicación que dice respetar; con la descarada corrupción denunciada en su gobierno, a la que califica de “politiquería; con su inconstitucional consulta popular por medio de la cual doblegó a los impartidores de “justicia”, arrodillándolos a sus caprichos; con la desaparición de los Fideicomisos; con la desaparición de las Estancias Infantiles; con la falta de recursos económicos para los niños enfermos de cáncer; con la insistencia del referéndum de revocación de mandato, que conlleva la diabólica intención de permanecer en el poder en aras de respetar la decisión popular, por medio de la democracia directa; etcétera.

En todos los abusos legales y administrativos cometidos ha transgredido el Derecho, siempre en su propio beneficio, aplicando su propia “vara de su propia justicia”. Andrés Manuel López Obrador, no deja de ser un delincuente abusando del supremo poder que le da la Presidencia de la República, sin el sustento del Derecho. El titular del Poder Ejecutivo, se encuentra “al margen de la ley, por encima de la ley”. Tarde o temprano será llamado a cuentas por medio de la ley, en la búsqueda de la justicia.

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