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Periodista de toda la vida, egresado de la escuela Carlos Septién García, catedrático en la Universidad de Guanajuato, analista político en radio y prensa escrita, además de Premio Estatal de Periodismo en el 2000.

»Estos días

Y ahí, por voz del presidente, se hace una mezcla de una predicación partidista, con el análisis y exposición de los temas mediáticos, sociales, internacionales



Por: Andrés González

El caminar del país, en estos días, no es precisamente tranquilo.

La efervescencia y la radicalización viene siendo el pan de cada día.

Estos días nos parecen que estamos ya en la cresta de la ola. Y que viene el rompimiento. Pero lo mismo pensábamos hace quince o treinta días.

Las “mañaneras” del presidente Andrés Manuel López Obrador se han convertido en tema obligado de análisis, de noticia, de obligación para el periodista pero también de costumbre para muchos ciudadanos.

Y desconozco si sea buena o mala costumbre.

Y ahí, por voz del presidente, se hace una mezcla de una predicación partidista, con el análisis y exposición de los temas mediáticos, sociales, internacionales.

Y las visiones, entre el que pregunta con el que expone, no siempre son coincidentes. Es más, estas conferencias se convierten cada vez más en enfrentamientos, en visiones encontradas entre el “chairo” mayor, con visiones encontradas a las que el propio presidente les llama conservadores, neoliberales o hasta “fifís”.

Y no se avanza.

La calumnia al medio – personalizado eh – desde el poder presidencial se convierte en un atentado a mansalva. Y si, aunque se diga lo contrario, en abierta alevosía, desde el Palacio Nacional.

Y el enfrentamiento viene de manera naturalita. Cada quién defiende su parcela, porque la cultiva, porque ha estado en ella desde – a lo mejor – toda su vida productiva, pero con certeza, toda su vida profesional.

Y en la visión del poder por el poder – legado del pueblo si se quiere – no otorga derechos, no debe otorga derechos supraconstitucionales, ni ser atentados contra la libertad de expresión. Y una cosa es que se utilice el derecho de réplica y otro son las reiteradas negativas de lo que se hace y lo que se dice.

El ring no es desde luego neutral. Se pisan los terrenos del poder, los más altos, el poder presidencial, que no es poco. Nunca lo ha sido.

Y poder público y poder mediático no son irreconciliables.

El basamento central está en el respeto de las partes. A partes iguales.

Y estamos solamente en el primer año de gobierno. Dicen que la cresta del poder se siente y se ejerce, cuando se cruza el cuarto año de gobierno. Y su declive se viene dando después del quinto año.

No sé – los desconozco absolutamente y ni siquiera presentimientos tengo – como esté el país dentro de esos próximos tres o cuatro años del ejercicio del poder presidencial.

Lo que sí sé es que Andrés Manuel López Obrador ya llegó al tope de su poderío – y se lo dio el pueblo – en la aceptación ciudadana.

No creo que vaya más allá.

El camino de regreso no siempre resultado glorioso. El poder, cuando se convierte en populismo, tiene muchos, demasiados riesgos. Pero desde allá, en la cresta de la ola, siempre e invariablemente, el juego del poder suele ser perverso. Y destruye a quién lo utiliza paulatinamente. El poder y su abuso, mina al poderoso.

Los artículos que lo combaten – las más de las veces – son hijos del viento y ahijados del momento en que nacen. Y con las redes sociales, son anónimos que duran lo que dura el día, aun cuando su difusión se convierta en viral.

Nadie, en su juicio completo, puede estar de acuerdo con los asesinatos a mansalva de tres mujeres y seis niños, por lo tristemente sufrido por la familia LeBarón. Nadie puede avalar – porque vivimos en un Estado de Derecho – la operación fallida de Culiacán ni el que se atrapen a presuntos mafiosos solo para después dejarlos en libertad.

Pareciera más bien el premio al malandrín, al mafioso y un estímulo al que delinque.

La historia – y solo el tiempo – dará cuenta si se tuvo razón o no.

Hoy, la mayor parte del país, lo reprobamos.