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Periodista de toda la vida, egresado de la escuela Carlos Septién García, catedrático en la Universidad de Guanajuato, analista político en radio y prensa escrita, además de Premio Estatal de Periodismo en el 2000.

»En la campaña por Rectoría “dormida la intelectualidad universitaria”: Roberto Cíntora

“Y es que esta administración ha adormecido, a punta de chayotazos, a punta de amenazas, a la comunidad universitaria toda”…



Por: Andrés González

Con el tren de los universitarios – los de la Autónoma – en plena marcha por la elección de su Rector y con los tres pasajeros ya abordo, con boleto de parada en la estación de Rectoría, el silbato de este tren toca hoy a reflexión, con el Sindicato Único de Personal Académico de la Universidad Autónoma de Querétaro – SUPAUAQ- que emite un exigente posicionamiento para contribuir al proceso democrático, crítico, propositivo y de acuerdo a la legalidad que va dirigido a los contendientes, cuando camina el proceso de campaña y convencimiento y a menos de quince días de la elección.

Y es que al SUPAUAQ en las sesiones del H. Consejo Universitario, si bien estatutariamente no tiene voto, se le ha negado reiteradamente el uso de la voz, inclusive para responder a “alusiones personales”.

Todo esto en la Universidad, señores, la casa del saber y de las libertades.

Así es que sale hoy a la plaza pública y brinda conferencia de prensa.

Es el maestro Saúl García Guerrero, su secretario general, quién da a conocer un amplio decálogo que ya ha hecho llegar a cada uno de los aspirantes a Rectoría. Al maestro Arturo Castañeda Olande, director de la Facultad de Contabilidad y Administración; a la Dra. Teresa García Gasca, directora de la Facultad de Ciencias Naturales y a la Dra. Blanca Gutiérrez Grajeda, secretaria particular de Rectoría.

Y los tres ya recorren todas las facultades y escuelas de la UAQ.

Este documento del SUPAUAQ es, en primera instancia, una férrea defensa de la propia Universidad, de su legalidad y autonomía, de sus principios y sus estatutos, pero a la par de la Universidad Pública, acosada desde siempre por la estrechez de recursos y la reciente lucha por la asignación del 4 % del PIB estatal, sin menoscabo de la participación federal.

Pero es el punto tres de este decálogo el que afina puntería, porque solicita “el respeto absoluto al Contrato Colectivo de Trabajo –CCT – de ese sindicato, pero también la recuperación de los derechos perdidos en las mutilaciones que este ha sufrido, haciendo énfasis particularmente en “el de la jubilación de los docentes que ingresaron después de junio del 2007” y el que, sistemáticamente, no ha respetado el Rector en funciones.

Y el punto cuatro es una reiteración de una lucha que ya se alarga y a la cual el actual rector no da cabida, como lo es el reconocimiento al actual Comité Ejecutivo del SUPAUAQ encabezado justamente por quién hace la petición, el maestro Saúl García, pero también del reconocimiento de los bienes que le corresponden, cuentas bancarias, cuotas, descargas, recursos materiales, financieros, entre otros y la “reinstalación inmediata de los docentes despedidos de manera injustificada.”

Estos son las partes medulares de este “decálogo”, documento que ya está en manos de cada uno de los tres aspirantes de Rectoría y que si bien estos lo han tocado parcialmente durante su campaña, ahora deberán responder si lo hacen propio y efectivo en cada uno de estos diez puntos.

El décimo punto hace una propuesta muy concreta y que no se había oído en los pasillos universitarios: La realización de un Congreso General Universitario para definir la agenda de la UAQ en temas torales, particularmente los orientados a la transformación estructural de esta como Universidad Socialmente Responsable.

Este es el reto.

Pero en la conferencia de prensa – y entre reclamo y reflexión – fue el maestro Roberto Cíntora, exlíder universitario, exdirector de la escuela de la Preparatoria y ligado por más de 40 años a la UAQ, quién señaló con agudeza que “este proceso más que electoral parece electorero, hecho a la medida con corsé, para candidatos, para la comunidad (universitaria ) y para los medios”.

Se le inquirió que ampliara lo anterior.

Y se aventó así:

“La manera en como se ha venido comportando el Consejo Universitario en las últimas sesiones, ha sido como un grupo aplanador en decisiones. No permite la palabra, no permite la disensión, no permite el acento de aquellas cosas que no van bien. Se utiliza como aplanadora, no solo para acallar los disensos, sino también para imponer una Comisión Electoral a modo porque no representa efectivamente más allá del 30 o del 40 por ciento de la comunidad universitaria y luego, para completar, el apoyo del Rector como Presidente, el secretario académico como secretario y hasta personas como Ángel Balderas en su calidad de asesor”.

“Si se revisa todo esto uno dice ¡caramba! ¿Cómo es posible todo esto? Y hay que revisar los términos de la convocatoria, cuyas reglas parecen ser una instrucción permanente de “no se muevan ni critiquen” porque inmediatamente hay una moción. Así, los señores y señoras candidatos o candidatas, no pueden salirse de la rayita planteada, porque hay la amenaza clara de ser descalificados. No hay debate, no hay crítica interna, no hay un solo acuerdo de los tres proyectos, no hay tampoco un solo deslinde de la actual administración, no hay una sola crítica y menos autocrítica, pareciera que la Universidad perdió el sentido fundamental que es el de ser conciencia autocrítica de la sociedad, pareciera que la intelectualidad de la Universidad se durmió. Los dulcecitos de las horas, de las becas, han calado duro – el “Prospera UAQ” tercia Enrique Becerra – es una Universidad y un proceso, totalmente atípicos. Yo tengo 60 años, de los cuales 40 o más están ligados a la Universidad y sostengo que este es un proceso totalmente inusual. Me quedo callado, pasmado ante una comunidad ligeramente dormida, acrítica particularmente. Y me sorprende por una juventud que siempre se ha caracterizado por su efervescencia, bullicio, voz disonante, un profesorado y una academia que siempre ha sido la intelectualidad, incluso progresista y revolucionaria, hoy todos, unánimemente, callan. Caramba, qué Universidad tenemos”.

Y confió que la Universidad retome la conciencia crítica que siempre le ha caracterizado.

Y es que esta administración ha adormecido, a punta de chayotazos, a punta de amenazas, a la comunidad universitaria toda”.

Y deja esta tarea a la comunidad universitaria.