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Queretano por adopción. Estudió Derecho en la Universidad Panamericana. Funcionario en los tres órdenes de gobierno. Apasionado de la política, la historia, el béisbol y el fútbol americano.

»El sol que se apaga

Con la salida de Ríos Piter, la bancada del PRD en el Senado se compone de tan solo 13 integrantes



Por: Miguel Parrodi

“Ni los veo, ni los oigo”

Carlos Salinas de Gortari en referencia a perredistas que protestaban en la Cámara de Diputados

En mayo de 1986 en plena efervescencia mundialista, un encuentro casual en un estacionamiento capitalino dio pie a un movimiento que cimbró al sistema político mexicano. En el Auditorio Nacional al concluir el Consejo Nacional Extraordinario del PRI, el entonces gobernador de Michoacán, Cuauhtémoc Cárdenas y el ex embajador de México ante la ONU, Porfirio Muñoz Ledo, se toparon mientras buscaban sus respectivos autos y después de charlar brevemente, se despidieron con la frase “Nos hablamos”.

La llamada derivó en una reunión un mes más tarde en el restaurante “la Cava” donde coincidieron en que el Revolucionario Institucional se encontraba secuestrado por los tecnócratas, debía regresar a su ideario revolucionario y abrirse a procesos democráticos en su interior. Para agosto del mismo año, Cárdenas, Muñoz Ledo y otros liderazgos daban origen a la Corriente Democrática del PRI.

La apertura que demandaba la Corriente Democrática no se dio y en septiembre de 1987, el dedo elector de Miguel de la Madrid ungía a Carlos Salinas de Gortari como el candidato del PRI a la Presidencia de la República. Ante ello, Cárdenas logró que el PPS y el PARM, antiguos partidos satélites al Revolucionario Institucional, el PFCRN y algunas agrupaciones sociales como la Asamblea de Barrios se unieran en el Frente Democrático Nacional (FDN) y lo postularan como su candidato presidencial para las elecciones de 1988.

Por su parte, una buena parte de la izquierda mexicana, había dejado momentáneamente sus sectarismos y disputas históricas para dar origen al Partido Socialista Mexicano (PSM), que postulaba a Heberto Castillo como su candidato para llegar a los Pinos.

Conforme avanzaba la campaña, fue notorio el empuje del cardenismo frente a un Heberto Castillo que sufría por mantener su voto duro. Ante este escenario, el candidato del PSM declinó en favor del ex gobernador de Michoacán.

La historia de lo que sucedió después es por todos conocida. En la madrugada del 7 de julio de 1988 con la caída del sistema electoral, el Presidente del PRI, Jorge de la Vega Domínguez declaraba: “el triunfo rotundo, contundente, legal e inobjetable de Carlos Salinas de Gortari.

El 5 de mayo de 1989, el movimiento cardenista derivó en el Partido de la Revolución Democrática. En torno al PRD y a su fundador Cuauhtémoc Cárdenas confluyeron diversos partidos políticos de izquierda como el PMS, el PMT, el PSUM, el PST, organizaciones civiles y guerrilleros amnistiados, así como importantes liderazgos priistas.

Los primeros años de vida del partido del Sol Azteca fueron muy complicados. A las disputas internas entre los distintos y disímbolos grupos se acumuló la persecución y enemistad del salinismo que no los veía ni los oía, solo los tundía.

Las elecciones federales de 1997 representaron un parteaguas para el PRD. Cárdenas se convirtió en el primer Jefe de Gobierno electo democráticamente en el Distrito Federal e impulsó al Sol Azteca a convertirse en la primera minoría en el Congreso de la Unión.

La tercera intentona de Cárdenas para acceder a la primera magistratura del país, en el año 2000, fue un fracaso; el michoacano se mostró como un político avejentado, hosco y con un discurso monótono. Para fortuna del PRD, el declive de su fundador, coincidió con el surgimiento de un nuevo liderazgo. El tabasqueño, Andrés Manuel López Obrador se levantaba con el triunfo en el Distrito Federal, mostrando un perfil fresco, combativo y carismático. A partir de entonces y hasta septiembre del 2012, fecha en la que renunció al partido, López Obrador se adueñó del Sol Azteca y marcó su rumbo.

La historia del PRD, ha estado estrechamente vinculada a los liderazgos de Cuauhtémoc Cárdenas y de Andrés Manuel López Obrador. Sus grandes triunfos han surgido de la mano del michoacano o del tabasqueño; y hoy ante la ausencia de ambos, el Sol Azteca parece extinguirse.

A partir la renuncia de López Obrador, la caída electoral del PRD ha sido estrepitosa provocando una terrible desbandada de liderazgos. Al día de hoy, con la salida de Armando Ríos Piter, la bancada del Sol Azteca en el Senado se compone tan solo de 13 integrantes, la mitad con los que contaba en el año 2006. En la Cámara de Diputados en el 2015 tenía 61 diputados cuando nueve años atrás su bancada era compuesta por 127 legisladores. En el Distrito Federal, Morena le arrebató la mayoría en la Asamblea Legislativa y perdió en el periodo de tres años ocho de las catorce delegaciones que gobernaba.

El PRD se extingue. Su líder senatorial, Miguel Barbosa, sin empachos declara su apoyo a López Obrador para las elecciones del 2018; por su parte, otras corrientes se pronuncian a favor de una alianza con Acción Nacional. Mientras esto sucede, de acuerdo a las últimas encuestas, sus preferencias electorales con miras al 2018, llegan a un dígito.

El Sol Azteca tiene en su origen, su pecado. Distintas y disímbolas corrientes aglutinadas bajo el mismo partido pero cohesionadas por liderazgos fuertes con arrastre electoral que les garantizaba posiciones políticas. Al faltar estos, la institución se erosiona. La organización política fincada en una persona, tiende a una supervivencia efímera, en tanto la vida humana es finita.

El PRD debe refundarse a la brevedad y hacerlo sobre la base de una institución que sobreviva a sus integrantes; cohesionada a partir de ideas comunes, con una organización sólida que le brinde a México una izquierda moderna que defienda las causas más nobles mediante propuestas viables, abierta al diálogo y a la construcción de consensos.

Apreciable lector, como panista, pero sobre todo como mexicano, clamo por un partido de izquierda moderno porque en la defensa de los grupos vulnerables, en la diferencia de opinión, en la construcción de consensos descansa la democracia.

Mail:                        miguelparrodi@hotmail.com

Twitter:               @MiguelParrodi