Del trabajo infantil; una buena…la otra mala


Por Andrés González el 13/06/2020
 Del trabajo infantil; una buena…la otra mala

Ayer fue el Día Mundial en Contra del Trabajo Infantil, una de las viejas tendencias que en el mundo, en nuestro país, no hemos podido […]

Ayer fue el Día Mundial en Contra del Trabajo Infantil, una de las viejas tendencias que en el mundo, en nuestro país, no hemos podido superar.

Por esta pandemia, la generalidad de las sesiones de trabajo interinstitucional, se hacen a distancia.

El encuentro – y con ese motivo – es virtual. A distancia pues.

Es la XXIV Sesión Ordinaria de la Comisión Interinstitucional para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil.

La preside la Lic. Luisa María Alcalde, secretaria del trabajo y previsión social del gobierno federal; asisten virtualmente, los secretarios del trabajo de la generalidad de los estados, entre otras personalidades de pertinencia.

En este enlace estuvo el Lic. Mario Ramírez Retolaza, secretario del trabajo del gobierno de Querétaro.

Y se dieron a conocer avances en Querétaro, de casos concretos.

Resulta que en el municipio de Huimilpan y por una denuncia anónima, ocho menores de edad se encontraban trabajando en una comercializadora agrícola, sin prácticamente ninguna prestación, no tenían contrato de trabajo, ni afiliación al Instituto Mexicano del Seguro Social.

Ahí es donde entró la Secretaría del Trabajo – actúa bajo denuncia – en coordinación con la Procuraduría de la Defensa del Trabajo del Estado de Querétaro para “rescatar” – así, literalmente – a estos menores de edad que estaban siendo abusados en sus derechos, por no decir que explotados.

Para no hacerles el cuento largo, de manera conciliatoria con los propietarios de la granja, se llegó a un acuerdo de tal manera que el dueño de la granja les pagó a los menores una indemnización del 100 por ciento y su liquidación integra.

Esa es la buena. Vamos, digamos la muy buena.

Hablar ahora de que los compromisos de la revolución mexicana no han sido resueltos – cien años después de que terminó – ya no es valedero.

Hablar después de que por esta pandemia la pobreza extrema crecerá, tampoco sería el justificante mayor.

Y ahí les va la mala.

En Querétaro capital – para no ir tan lejos, ni siquiera a Huimilpan – el número de niños trabajando en los cruceros citadinos, son incontables.

Y le hacen a todo…hacen como que limpian el carro, el parabrisas o de plano, piden limosna.

Y por este coronavirus y la necesidad de comer, su número se ha incrementado notablemente.

Van acompañados – las más de las veces – por su mamá o igualmente por el papá. En ocasiones anda ahí toda la familia…los mayorcitos en un semáforo, los papás en el de enfrente y los más pequeños, sueltos sin protección alguna en los camellones cuando son grandes o de plano, en la banqueta.

En torno a este problema, hará cuestión de un año de que, tanto el DIF municipal como la Universidad Autónoma de Querétaro, a través de las facultades de Ciencias Políticas y la de Sociología, se dieron a la tarea de realizar un “mapeo” de los cruceros en los que mayormente abundan estos pequeños.

La cifra que recabaron fue una barbaridad. Se estimó que por esas fechas – ahora son más – se tenían alrededor de 800 menores de edad “trabajando” en las calles de Querétaro. Y ese número se incrementaba en la etapa vacacional.

Ahora, con el coronavirus y sin clases en las escuelas, su número ha crecido notablemente.

Cierto, existe el Sistema Estatal DIF y varios Centros de Día que vienen paliando el problema, pero son insuficientes.

Entiendo que la ST actúa solo bajo “denuncia” de este y otros casos – solo tienen cuatro inspectores – y la delegación de la STPS cuenta solo con dos, que ni juntos alcanzarían a atender las denuncias que hay en esta materia.

Entonces, que bueno que se den a conocer casos como el de la granja de Huimilpan y que se atiendan, pero que malo que aquí, en las calles de nuestra capital, se hacen “como que no ven” porque el problema y la explotación infantil – con o sin consentimiento de sus padres – esté presente, visible a todo mundo, en cada crucero importante.

Y en estos casos… ¿A quién se le fincan responsabilidades? ¿A sus padres? ¿Acusarlos de qué? ¿De que son pobres y que no tienen ni para comer, con o sin el coronavirus?

Para solucionar este difícil problema, el primer camino es el de la conciencia, el segundo es el de la solidaridad.

Tomemos cada uno de nosotros la parte que nos corresponde, comenzando claro por las instancias oficiales que tienen incumbencia en este grave problema social.

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